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Pros y contras de un superdomingo electoral

  • En caso de que la cita se confirme, será una jornada sin precedentes
Foto: Efe

El ministro de Fomento es un dirigente político experimentado, pese a llevar relativamente poco tiempo en el primer plano de la vida pública española. No rehúye las preguntas ni en las entrevistas ni en las comparecencias ante los periodistas. Y sabe perfectamente lo que significa para los medios de comunicación que alguien a su nivel de responsabilidad deje una posibilidad sobre la que le han preguntado sin descartar rotundamente. Si un ministro no descarta algo, es que ese algo puede ocurrir, aunque sea la convocatoria de unas elecciones anticipadas. José Luis Ábalos sabe lo que eso significa y no dio puntada sin hilo al dejar la pregunta abierta con una calculada ambigüedad que horas más tarde el presidente del gobierno se encargó de apuntalar más aún: Sánchez dice que es su persona la única que puede decidir cuando hay elecciones, elevando el tono de esta ceremonia de la confusión a la que se han apuntado raudos los analistas y cerebros grises de los partidos.

Los hechos, en sentido contrario, demuestran la nula voluntad del presidente para dar por terminados la legislatura y su mandato sobrevenido. La erótica del poder le había cautivado ya antes incluso de pisar la moqueta de La Moncloa, pero una vez instalado allí, Sánchez no aparenta estar sufriendo la erosión de su accidentada presidencia, ni las dificultades para sacar adelante unos presupuestos, ni su manga ancha con los independentistas, ni los problemas de buena parte de sus ministros con sus propiedades inmobiliarias, ni el enfado in crescendo de sectores sociales cada vez más numerosos como los de la justicia, el transporte, la industria de automoción o la educación. No parece estar preparando un adelanto electoral al mes de mayo, por la enorme antelación que eso supone y porque su voluntad declarada y evidente es seguir en el poder hasta que la ley le obligue a convocar a las urnas.

La pregunta que hay que hacerse ante este juego de declaraciones claramente orientadas a confundir es a quién perjudicaría más una convocatoria en mayo. El lehendakari Urkullu lo dijo claro cuando le señaló al catalán Torra la "necesidad de aprovechar la actual mayoría parlamentaria". Hacia ellos parece destinado el aviso. El presidente del gobierno parece estar lanzando un mensaje envuelto en confusión a los partidos independentistas que tienen la tentación, aunque no la decisión, de dejar de apoyarle ante la inminencia del juicio por el proceso y la implacable postura del fiscal. Viene a decirles que cualquier fisura en ese bloque inenarrable que se ha articulado para echar a Rajoy puede suponer unas elecciones, que sólo traerían para ellos dos nefastas consecuencias: la victoria de un PSOE que les necesitaría menos que ahora arropado convenientemente por Podemos, o la mayoría de "las derechas" que los separatistas no quieren ver ni en sueños. Si se da la primera opción, lo que ya se descuenta es la entrada de Iglesias y sus huestes en el gobierno con varios ministerios, con lo que la formación morada habría pescado en las aguas revueltas de esta nefasta legislatura.

A todo ello se suma la dificultad de un 'super domingo' electoral del que no tenemos precedentes. La coincidencia de unas posibles generales con las elecciones municipales, autonómicas y europeas elevaría a cinco las urnas en las que los ciudadanos deberían depositar sus papeletas el último domingo del próximo mes de mayo. La abstención crecería en los comicios al parlamento europeo, porque sería sin duda el quinto sobre en rellenar por parte de muchos votantes y otros muchos desistirían centrándose en sus representantes para Congreso y Senado, en el posible alcalde de su ciudad y en su presidente autonómico. Por ese orden.

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