Firmas

España: Hay un elefante en la habitación

  • La falta de coordinación del Gobierno ya tiene efectos en los inversores
Foto: Getty.

Se suele hablar de cisnes negros al referirse a sucesos imprevisibles que pueden cambiar rápidamente una situación estable. Se trata de una teoría lanzada por Nassim Nicholas Tareb, que acuñó el término allá por 2007. Los cisnes negros ocurren con bastante frecuencia. Se trata de sucesos en teoría improbables pero que, una vez encima, causan enormes destrozos. Se dan en lo social, en lo económico y, por supuesto, en lo político. También aparecen en fenómenos naturales y, por supuesto, en cualquier obra de ingeniería, que acaba viniéndose abajo de repente sin aviso previo. Se diría que, en nuestro mundo, lo improbable surge antes de que nos demos cuenta: es una de las propiedades más características de los sistemas complejos; y nuestra vida, allá donde se mire, es altamente compleja.

Dicho lo anterior, existe otro fenómeno al que se presta menor atención en la sociedad actual que ha venido a definirse como "tener un elefante en la habitación". Si el cisne negro es un suceso aparentemente imprevisible que viene "de golpe", el elefante en la habitación viene a ser algo tan evidente que el ser humano, por la circunstancia que sea, trata de obviarlo aunque lo tenga delante. Quizás se podría entender como el "síndrome del avestruz", haciendo referencia al conocido hecho de que, al parecer, las avestruces esconden la cabeza en la tierra ante un peligro evidente dirigido a su propia seguridad.

Volviendo al elefante, hay que decir que en España tenemos uno en medio del comedor. Y no es pequeño, sino de grandes proporciones. Nadie quiere verlo e, incluso, se dan argumentos en contra diciendo que todo va estupendamente; pues, según algunos, los mercados no muestran signos preocupantes. Sin embargo, algo está pasando cuando la prima de riesgo, por poner un caso, ha crecido desde el pasado 19 de junio un 25%: de 87 a 109 el miércoles de esta misma semana. Con el Ibex dejándose el 5,5% en ese mismo período. Desde luego, esto puede ser coyuntural y, quizás, debido a los efectos de Turquía o Argentina en nuestras empresas. Sin embargo, son datos que están ahí; especialmente el de la prima de riesgo. Si se mira desde otra óptica, se ve que los llamados vientos de cola de la economía están llegando a su fin.

No hay que olvidar que los buenos datos de la economía española en los últimos años tuvieron mucho que ver con dichos vientos: precios de petróleo bajos, tipos de interés nulos, estímulos del Banco Central Europeo (BCE) comprando nuestras emisiones de deuda, turismo al alza, etc., etc. Hoy, sin embargo, el barril de Brent ya está tocando los 80 dólares; EEUU ha empezado a mover los tipos de interés al alza, con el efecto que esto tendrá en la Eurozona; y los estímulos del BCE se acercan a su fin. Todo, sin tener en cuenta las decisiones de EEUU respecto de los aranceles a productos europeos, o el freno que se percibe en las economías más importantes de Europa; con el Brexit a la vuelta de la esquina y sus posibles efectos sobre las exportaciones españolas. No se puede decir que, de momento, la economía española vaya a hundirse súbitamente. Esto no ocurre nunca, salvo que surja un cisne negro. Sin embargo, el elefante va tomando tamaño en la habitación sin que se vea ninguna señal de los actuales dirigentes económicos para echarle de ahí o reducir su tamaño. No hay que olvidar, además, la decisión de subir el 1,6% las pensiones, que tendrá un coste acumulado de unos 40.000 millones de euros adicionales al erario público, más o menos.

A todo lo anterior se suman los anuncios de subida de impuestos por doquier. Una política económica que parece dejarlo todo en ese capítulo: sea con el diésel, sin tener en cuenta el impacto que tendrá en la industria del automóvil; sea a las clases medias, con el efecto que tendrá sobre el consumo; sea en cualquier otro capítulo que contente a los amantes de penalizar los ingresos de aquellos que están sujetos a una nómina. Nada se dice, sin embargo, de nuevos ajustes estructurales y de la vuelta a una senda más restrictiva en gasto cuando es generalizado el anuncio de la desaceleración económica que viene a toda prisa. En un contexto de gran descoordinación en la gestión del Gobierno, donde se está en una carrera de anunciar medidas que, casi de inmediato, se han de corregir por sus efectos negativos. Una falta de coordinación que tiene ya sus efectos en las inversiones que no se harán hasta que esto amaine. Un escenario en que la Universidad española está cada vez más dañada por el abuso político que se ha hecho de ella, con la consiguiente colaboración de aquellos supuestos académicos que deberían haber cuidado de la necesaria excelencia. El elefante está ya aposentado en el comedor aunque no se le quiera ver. Al final, será demasiado tarde para sacarle de ahí.

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