Firmas

Moción de censura: el nuevo debate sobre el estado de la Nación

  • Sólo en el último año ya se ha recurrido dos veces a la moción
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en el Congreso. Foto: EFE

En casi cuarenta años de democracia, la figura de la moción de censura contra el gobierno había sido utilizada por la oposición hasta 2017 en sólo dos ocasiones: Felipe González contra Adolfo Suárez y Hernández Mancha contra Felipe González. En el último año se ha recurrido a esta posibilidad de nuestro ordenamiento jurídico y parlamentario otras tantas veces. Las mismas en un año que en treinta y nueve. De hecho, el debate de estas dos últimas mociones ha eclipsado o retirado del orden del día político el debate sobre política general que popularmente llamamos del estado de la Nación, que tenía previsto celebrarse en el mes entrante de junio. A un ritmo de una al año, corre peligro de desvirtuarse la importancia y la gravedad que supone convocar y debatir una moción de censura al presidente del gobierno, como ya ha ocurrido con otras resoluciones como la reprobación de miembros del gobierno. Una moción de censura en el peor momento de la democracia.

La legislatura está tocada de muerte y pase lo que pase después del viernes, agonizará durante un tiempo más largo o más corto. El Partido Popular debe cuestionarse si puede continuar como si nada hubiera pasado hasta junio de 2020. El PSOE, en caso de que Pedro Sánchez logre el poder en la votación del viernes al mediodía, debería pensar exactamente lo mismo antes de intentar llevar a la práctica agenda alguna con 85 diputados tan sólo. Y además con la obligación de aplicar unos Presupuestos a los que se ha opuesto hace cinco días.

Parecemos haber vuelto dos años atrás, a los días del bloqueo político de 2016 en los que el perro del hortelano de Lope se hizo fuerte en los aledaños de la vida pública española. Sánchez no aceptó entonces el voto independentista para ser presidente, cosa que difiere sensiblemente de la situación actual en la que no lo pide ni lo negocia, pero está dispuesto a aceptarlo como si fuera una única responsabilidad unidireccional de aquellos que le voten a él. No sólo cambia la estrategia del líder socialista, sino de aquellos que en su día forzaron su renuncia al frente del partido, que ahora se suman a las voces que consideran al PSOE obligado a presentar esta moción de censura por la sentencia del caso Gürtel.

Ciudadanos defiende una moción meramente instrumental. Leyendo la Constitución se concluye exactamente lo contrario a esa consideración de instrumental para convocar elecciones. Tiene que llevar un candidato a la presidencia y éste debe comparecer en un debate muy parecido a la investidura, para exponer las líneas generales de su gobierno en caso de que lo alcanzara. Ninguno de los padres fundadores de la Carta Magna española imaginó la moción de censura con carácter instrumental. La imaginaron todos ellos con un carácter constructivo, no como un final de legislatura a conveniencia de quien la presenta. Lo mismo ocurre con la presidencia también instrumental que Ciudadanos pretende que recaiga sobre alguien independiente y sin siglas políticas, que se movería a modo de marioneta movida por los partidos políticos para convocar en el tiempo que éstos creyeran oportuno unas elecciones anticipadas, lo que supondría un desprestigio de la presidencia del gobierno de España: lograda sin pasar por las urnas con la única misión de disolver las Cortes. ¿Donde se puede leer esto en la Constitución?

La alusión a la escasa credibilidad del testigo Mariano Rajoy en la sentencia que ha dinamitado la política española supone un verdadero torpedo político, aunque desde el plano estrictamente judicial sorprende que no viniera acompañada de actuación alguna por lo que tendría de falsedad en una declaración hecha bajo juramento. Eso, o bien es posible que nadie haya entendido lo que los jueces quieren decir realmente con esa afirmación. Pero la misma Justicia que no sentenció por violación a los miembros del grupo de agresores de las fiestas de San Fermín (sigo negándome a utilizar alias y mucho menos con mayúsculas) y que ha sido justamente criticada y denostada, es ahora esgrimida como plenamente justa e implacable en una condena que no es aún firme y que llegará a instancias superiores no tardando mucho.

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