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Subida de los salarios: cuánto, cómo y dónde

  • La evolución de los sueldos debe ligarse a la productividad
Foto: Dreamstime

La firma por parte de Gobierno, patronal y sindicatos del acuerdo para subir el salario mínimo interprofesional en 2018, ha reabierto el debate sobre la subida de los salarios en la economía española. Sobre esta cuestión se han ido pronunciando en los últimos meses los llamados "agentes sociales", pero quien se ha mostrado con mayor contundencia ha sido la propia ministra de Empleo, Fátima Báñez, la cual afirmó el pasado julio que ante la caída del paro "ya es momento de subir salarios".

Tomando las palabras de la ministra, surgen varias cuestiones: ¿es necesario subir todos los salarios? ¿La subida tiene que ser por igual a todos los trabajadores? ¿O en cambio las subidas deben estar condicionadas al crecimiento del empleo o de la productividad? Estas preguntas revelan hasta qué punto afirmaciones como "es la hora de subir los salarios", son simplificaciones excesivas de una realidad mucho más compleja que todo esto y más aún dado el ya de por sí enrevesado modelo laboral español.

Una revalorización salarial lineal y generalizada, supondría volver al modelo laboral anterior a 2012 con todas sus consecuencias, entre las cuales se encontrarían presiones inflacionistas, pérdidas en la competitividad-precio-coste laboral ganada en los últimos años y reversión en el proceso de flexibilización del mercado dando más poder a la negociación colectiva sectorial. En definitiva es poner en peligro los logros más importantes del proceso de devaluación interna, los cuales se resumen en los siguientes números calculados a partir de los índices de competitividad publicados en el último Informe Trimestral de Competitividad del Ministerio de Economía: en términos acumulados frente a la Unión Monetaria Europea desde 2010 y hasta el tercer trimestre de 2017, la economía española ha ganado 1,8 puntos porcentuales de competitividad vía diferencial de inflación; 4,6 puntos porcentuales de competitividad vía valor añadido de las exportaciones y 12,6 puntos porcentuales de competitividad vía costes laborales unitarios.

Precisamente teniendo en cuenta que el mayor avance de la competitividad se ha hecho vía costes laborales unitarios (una fracción que representa el coste salarial más seguros sociales por unidad de producto) se hace todavía más necesario un modelo laboral en el cual los crecimientos de los salarios (numerador de la fracción) vayan por detrás de las ganancias de productividad (denominador de la fracción). Dicho de otra forma: los salarios deben estar ligados a productividad y no a otros factores que hacen estructuralmente más débil a la economía española, haciéndola perder competitividad frente a sus socios de la eurozona en un mundo cada vez más dinámico y competitivo.

Evidentemente, esto no quiere decir que no sea necesaria una revalorización salarial, pero siempre de forma individual empresa a empresa, atendiendo a la realidad de estas y basada en la evolución del empleo y la productividad. En este momento, existe una recuperación salarial "a varias velocidades": mientras los sueldos más altos han igualado e incluso ganado poder adquisitivo (aquí el porcentaje "ganador" corresponde a los funcionarios de categoría superior y puestos de alto rango de la Administración Pública), el salario medio en el sector privado sigue sin recobrar los niveles previos, concentrando su ajuste en el rango más bajo de emolumentos.

Así puede verse tomando los datos de la Encuesta de Estructura Salarial cuatrienal publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), donde se puede encontrar una medición de los emolumentos según la antigüedad en el puesto de trabajo. En este sentido, los sueldos de entrada al mercado laboral (antigüedad de menos de un año) han descendido al menos un 4,2% desde máximos, según el último dato disponible de 2014. La evolución desde entonces, siempre según las estadísticas del INE, apunta a un descenso moderado hasta 2016, momento a partir del cual se impone la contención salarial.

Pero es en el tramo más débil, el de las remuneraciones más bajas, donde la caída del salario promedio en el período 2010-2014 es de casi el 24% y del 30% desde el año previo a la crisis, 2006. Es decir, la pérdida salarial para los trabajadores con menor cualificación y productividad comenzó antes que la devaluación general, que se inició a partir de 2011, adelantándose incluso a la Reforma Laboral de 2012. Ese año constituyó el punto de inflexión para una devaluación retributiva más aguda, que sirvió para frenar la destrucción de empleo, pero que no se ha recuperado conforme lo ha hecho la economía. Hoy, en consecuencia, se produce lo mismo que en 2007 pero con casi dos millones de trabajadores menos.

Por tanto, una evolución acompasada de salarios y productividad llevaría a un crecimiento promedio de los salarios de alrededor del 1% anual hasta el 2020, con lo que se recuperaría el poder adquisitivo perdido sin dañar la competitividad, en un entorno de crecimiento alrededor del 3% real y una tasa de inflación al alza.

En cambio, una subida salarial generalizada superior al 2% dejaría de crear 109.806 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo, dificultando el objetivo del Go- bierno de crear medio millón de empleos cada año hasta alcanzar la cifra objetivo de 20 millones de ocupados para finales del año 2019 y principios de 2020.

En sí, la subida del salario mínimo es ya de por sí un freno a la creación de empleo estable y un perjuicio especialmente notable para los trabajadores cuya retribución se encuentra entre el "sueldo moda" o sueldo más frecuente cifrado en 1.002,80 euros brutos y el salario bruto mediano cuantificado según los datos del INE en 1.594,50 euros. Aparte de que comparativamente los recursos destinados a subir el salario mínimo no pueden ser empleados en subir el sueldo de los trabajadores que menos ganan, la vía más perjudicial es la más que probable subida de la base mínima de cotización que previsiblemente traerán los Presupuestos Generales del Estado para 2018 que en breve se empezarán a negociar con los diferentes grupos políticos. Es el salario mínimo, en resumidas cuentas, una "barrera a la entrada" que obliga al empresario a destinar los recursos de los que disponía para contratar a más personal fijo o a subir el salario de los que ya tiene en plantilla, a desviarlos para pagar el salario mínimo y más costes sociales. Es el caldo de cultivo perfecto para el crecimiento del sub-empleo, el cual en España supone la mitad de todo el empleo a tiempo parcial (50,7%) según Eurostat con datos de 2016.

Finalmente, en suma, el debate se reconduce hacia lo verdaderamente esencial en la cuestión de los salarios: ¿qué empresas o sectores pueden subir el sueldo de sus empleados y cuánto, fomentando su productividad? Desde el punto de vista macroeconómico, hay varias ramas de actividad donde los crecimientos de la productividad, capital y posición competitiva hacen más propicia una subida salarial. No en vano, dichas actividades lideran la posición exportadora de la economía española y son responsables de buena parte del ahorro que España genera frente al exterior.

Así, compañías de tamaño mediano y grande de los sectores de componentes de automóvil, sector químico y farmacéutico, industria agroalimentaria o servicios de consultoría, ingeniería, financieros y de seguros -además de los servicios turísticos- son actores clave para una recuperación de los salarios prudente, procrecimiento y que ayude a la economía española a elevar sus niveles de bienestar.

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yomismo
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Dice que han caído los sueldos más bajos casi un treinta por cien y propone que suban el 1 % hasta el 2020, cuando la inflacción prevesiblemente crecerá más de eso. Es decir, propones más perdida de poder adquisitivo. Parece que la receta de estos genios de la economía se reduce a hacer más competitiva la economía a costa de hacer más pobres a los asalariados. Pasaremos del empleado al proletario del siglo XIX, pero la experiencia histórica nos enseña que la pauperización de la clase trabajadora originó el comunismo. Aunque a estos esbirros del capitalismo le da igual todo eso, lo importante es que unos cuantos hagan caja ahora. Si llega el comunismo, solo hay que saber colocarse bien dentro del Partido Rojo.

Puntuación 11
#1
JMT
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Con 13 millones de personas en riesgo de pobreza y exclusión social, es decir con algo más del 25% de la población sumida en guetos de miseria, poco se puede hacer por más luces de fiesta que se lancen. La gente vive angustiada y acepta cualquier condición laboral con tal de no perder el su empleo al que se agarra como a un clavo ardiendo. Y no es que el empresario se aproveche; él también vive acuciado y atosigado por una legislación laboral cambiante y, sobre todo, por una falta de clientes a quienes vender sus productos porque el dinero es un bien escaso y sólo son unos pocos, de momento, los que pueden disponer de él alegremente.

La cuestión está en hallar la fórmula para incorporar a la corriente de consumidores a todos esos millones de personas que solo tienen acceso a los comedores sociales, ropa usada y algunas monedas que les dejan caer los que todavía tienen algo. Son muchos millones de pobres; un pesadísimo lastre que nos imposibilita avanzar como sería deseable. Es bien sabido que sin consumidores no hay ventas, sin ventas no hay producción, y sin producción no hay trabajo. Es inútil que sigamos mareando la perdiz. Es inútil que exijamos al Estado, o que sus representantes prometan lo que no pueden cumplir. Si el Estado no recauda no puede pagar, y todo lo demás son cuentos chinos. Y en el terreno particular, pues más de lo mismo : yo ingreso lo que tú gastas, y si no gasto nada pues no ingresas nada. ¡ Pero dónde está el dinero ! Dejémonos de hacer cábalas, de que devuelvan lo robado, y de no sé más cosas de justa venganza. Hay que empezar por el primer escalón : incorporar a corriente de consumidores a los 13 millones de pobres que no queremos ver ni reconocer. ¡ Pero cómo ! : burlando al burlador. ¿ Que tampoco lo ven claro ? Pues estén bien seguros de que aumentar el número de pobres torna la situación en irreversible. No tengo fórmula alguna para Venezuela a pesar de su riqueza petrolera. España tiene hoy riqueza suficiente para desbaratar los planes del enemigo y resolver la situación de un día para otro y de la noche a la mañana. ¡ Es posible, no se dejen embaucar y burlen al burlador !

Puntuación 0
#2