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Habrá sorpresa griega en primavera

¿Cuál es el mayor golpe que podría hacer temblar a los mercados el año que viene? ¿Que la Reserva Federal no sólo reduzca sino decida subir los tipos de interés de vuelta a sus niveles normales? ¿Que haya protestas violentas en China para derrocar al Gobierno? ¿Que la OPEP decida fijar el precio del petróleo en bitcoins en vez de en dólares?

Todo eso sería una sorpresa pero el golpe más probable es algo que a los mercados ya no les preocupa: que Grecia abandone dramáticamente y de repente el euro. Muchos predijeron que Grecia abandonaría el euro en 2011 o 2012, pero no fue así. Al contrario, se condonó una cantidad modesta de deuda y los griegos se pusieron manos a la obra, año tras año, en medio de una recesión absoluta. Los mercados dejaron de preocuparse por la salida griega del euro, la llamada Grexit, e incluso se llegó a hablar de recuperación (Greekcovery). En realidad, la salida no se ha disipado sino que se ha pospuesto.

Lo importante es que a Grecia no le era posible marcharse de la moneda única en 2012 ni en 2013. No tenía medios para pagarlo sola. El año que viene, un excedente comercial y presupuestario harán que pueda marcharse si quiere. Se han quitado los candados de la puerta y sería precipitado dar por hecho que Grecia no vaya a cruzarla. Si lo hace, seguramente sea en primavera y sacudirá a los mercados. El país lleva en recesión seis años seguidos y hay pocos signos de recuperación en un futuro próximo. Se prevé que cerrará 2013 con una producción un 4% más baja que a principios de año.

En general, la economía ha perdido una cuarta parte de lo que era cuando empezó la recesión. Por ejemplo, la economía de EEUU se encogió un poco más del 30% en la Gran Depresión de los treinta, así que lo que le ha ocurrido a Grecia no es tan grave pero se acerca. El paro ha alcanzado unos niveles de espanto: afecta al 27% de la mano de obra y a un 55% de los jóvenes. El Gobierno puede que prevea una recuperación modesta en 2014 pero la OCDE cree que seguirá en recesión. De hecho, el Gobierno, la UE y el FMI llevan prediciendo un repunte desde 2011 que todavía no se ha materializado ni hay muchos motivos para pensar que vaya a hacerlo en 2014.

Hasta ahora, los griegos han asumido su destino. En realidad, la recuperación económica está más lejos que nunca. Según un estudio de Renaissance Capital, por cada griego que trabaja hay dos que están en paro, el índice más alto del mundo (la proporción en Reino Unido es de sólo 1-1). Para volver a unos niveles más normales -o incluso al 1,5 registrado en países de crecimiento lento como Francia- hará falta una tasa fantástica de creación de empleo. Los salarios caen en términos reales porque el desempleo masivo obliga a los trabajadores a aceptar sueldos menores pero siguen siendo más altos que en países como Polonia o Hungría, y mientras que siga así, cuesta imaginar la gran recuperación de las industrias exportadoras necesaria para reducir el paro. A pesar de esta baja forma, de la economía, algo ha cambiado en los dos últimos años. Ahora Grecia presenta un excedente comercial. El turismo, su principal exportación, ha subido un 12% este año gracias a la bajada de los precios por la caída de los salarios en un sector muy dependiente de la mano de obra.

Grecia tiene menor peso

El paro masivo y la reducción salarial han hecho que Grecia importe mucho menos que antes. El resultado neto es que el país ahora se paga a sí mismo y no depende de pedir dinero en los mercados internacionales de capital ni de aceptar rescates de la UE para seguir a flote. En 2014 el Gobierno presentará un excedente primario también. Los recortes del gasto público han sido brutales pero han cumplido su cometido: en los once primeros meses del año, el gasto estatal bajó a 50.000 millones, frente a 58.000 en el mismo periodo de 2012. Grecia no ingresará lo suficiente con los impuestos para pagar los intereses demoledores de sus deudas pero acumulará bastante dinero como para cubrir sus gastos de gestión diaria. Ahora, los cálculos han cambiado. En 2014, Grecia podrá irse del euro sin pedir ayuda a nadie. Un dracma nuevo e inesperado será una moneda perfectamente sólida, como la de cualquier país con excedente comercial.

Además, el excedente aumentará porque una moneda nueva muy devaluada impulsará las exportaciones todavía más. Y el Gobierno no se va a hundir. Tendrá bastante dinero como para cubrir sus necesidades diarias. Es cierto que tal vez no pueda pagar sus deudas pero no importará mucho si opta por el impago o las devuelve en dracmas en vez de euros. Si le hace falta más dinero, sólo tiene que imprimirlo. Salirse ya no será un problema económico.

Nadie sabe con certeza si ocurrirá pero la opción está ahí. El partido de extrema izquierda Syriza, que se ha negado a aceptar los términos del rescate impuestos por la UE, lidera las encuestas de opinión desde hace algunos meses. En la última tenía un 21%, por delante de los Nuevos Demócratas en el Gobierno. Si asume el poder, podría forzar un conflicto con el resto de la UE.

Está previsto que se firme un nuevo acuerdo con la troika (la UE, el FMI y el BCE) en primavera. Un Gobierno dominado por Syriza podría decidir marcharse, sobre todo si los alemanes se hacen los duros. La salida griega no se ha disipado, sólo se ha pospuesto. Y si sucede, será un suceso para el que los mercados no están preparados.

Matthew Lynn. Director Ejecutivo de la consultora londinense Strategy Economics.

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