Firmas

Nuevo curso político, idéntico panorama

Congreso de los Diputados. Foto: Efe

Terminadas las vacaciones tan poco comprendidas por muchos españolas, los líderes políticos vuelven hoy a la actividad plena ofreciéndonos el mismo repertorio al que ya estábamos acostumbrados antes del descanso estival. Han pasado ya cuatro meses y cinco días desde que se abrieron las urnas en las últimas elecciones generales, y el bloqueo continua en punto muerto, como quedó tras una prescindible investidura a finales de julio que nos hizo recordar aquella criticada decisión de Mariano Rajoy en el invierno de 2016: sin tener los apoyos necesarios, prefirió no ofrecerse al Rey para que le propusiera como candidato a la presidencia del gobierno, algo que recibió el desprecio crítico del mismo Pedro Sánchez que ahora repite clonadas las mismas palabras del entonces presidente en funciones para explicar por qué no someterse a otra investidura sin una mayoría ya cerrada a su favor. La diferencia respecto a la intentona fallida de julio es que con aquellas tres sesiones parlamentarias absurdas y plagadas de reproches en público ante los atónitos ojos de los ciudadanos, el reloj institucional y constitucional comenzó a correr raudo hacia una repetición de elecciones que, con las encuestas en la mano de Iván Redondo, sí convienen al que fue candidato perdedor. A la larga será ganador porque a su izquierda decrecerán los votos del partido al que quiere jibarizar y a su derecha seguirá la ensalada de tortazos mutuos entre los tres partidos que no encuentran la plataforma común que les una.

Sigue igual el panorama en la relación gobierno- Unidas Podemos. Parecen no haber pasado tres semanas desde que Sánchez empezó su propagandística gira de reuniones con organizaciones civiles solo de su acera ideológica, con las que ha confeccionado trescientas propuestas que ahora serán sometidas al juicio de Pablo Iglesias para que las rechace. En las filas de Podemos ya está instalada la convicción total de que, de haber aceptado la vicepresidencia y los tres ministerios que el PSOE dijo cederles por el bien general, cualquiera habría sido la excusa posterior para evitar esa coalición contraria al interés económico y político del país. Parece que el reloj de la cuenta atrás hacia la disolución de la legislatura corre sin obstáculos reales, por más que se pongan en escena los aparentes. Los socialistas saben muy bien que lo que han hecho este verano en Navarra es tan poco digno como poco influyente cuando llegue la hora de volver a votar. 

Y sigue igual el panorama en la acera de enfrente, donde PP, Ciudadanos y Vox han articulado acuerdos tejidos con pinzas en Madrid y Murcia, aunque a la hora de la verdad volverán a la gresca convirtiendo en imposible cualquier mayoría alternativa al sanchismo. La posible coalición España Suma es el sueño de una noche de verano de Casado, pero su plasmación en la realidad es hoy por hoy imposible. Al menos, en las listas al Congreso de los diputados que es el que elige al presidente del gobierno y el que es determinante en la investidura. La subida de los populares que auguran todas las encuestas de esta reentré política no será suficiente motivo para que Rivera y Abascal renuncien a nada de lo que obtuvieron en las citas electorales anteriores. Y la búsqueda de un interés común, el desalojo de la izquierda del poder, no les parece suficiente para explorar posibles escenarios que harían temblar las estructuras de muchas organizaciones asentadas cómodamente desde que la moción de censura triunfara hace año y medio.

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