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La automatización desafía a los países en transición industrial

  • Según la OCDE amenaza a más del 55% de los trabajadores españoles
Foto: iStock

A principios de este mes de diciembre se conocían los resultados de 2018 del mediático informe PISA (Programme for International Student Assessment), llevado a cabo, a nivel mundial, por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) para medir el rendimiento académico de los alumnos de 15 años. En esta ocasión, los estudiantes españoles han obtenido los peores resultados de la historia del informe (que se inició en el año 2000) en cuanto a competencias científicas se refiere. Si se compara su puntuación (483) con la obtenida en la prueba de 2015 (anterior evaluación realizada), se observa que el descenso es de diez puntos. En matemáticas la bajada es menor, siendo 481 puntos en 2018 y 486 en 2015. La media de la OCDE en ambos campos es de 489.

Precisamente, estas destrezas son las más demandadas actualmente en el entorno profesional cambiante en el que estamos sumidos, donde la integración de la robótica y la Inteligencia Artificial en general cobran más peso que nuca. "El mundo atraviesa una revolución laboral que traerá un cambio sísmico en la forma en que las personas trabajan junto con máquinas y algoritmos", afirman fuentes del Foro Económico Mundial.

Se augura que esta tendencia siga en aumento y, por eso, la propia OCDE y la Comisión Europea señalan la necesidad de formar a trabajadores cualificados para los sectores económicos emergentes. Solamente así se puede plantar a cara a la automatización, que -según datos del Foro Económico Mundial- puede acabar en los próximos años con alrededor de 75 millones de puestos de trabajo actuales; a la vez que genera 133 millones de nuevas funciones. Y es que el Foro Económico Mundial augura que, para 2025, más de la mitad de todas las tareas actuales que se desarrollan en los lugares de trabajo sean realizadas por máquinas, en comparación con el 29% actual.

"Ciertas ocupaciones y sectores están más expuestos a tareas automatizables que otras", explican fuentes de la OCDE y la Comisión Europea en un reciente informe sobre transición industrial: Regions in Industrial Transition. Según dicho documento, las regiones en transición industrial pueden figurar entre los territorios más afectados por la automatización porque muchas de ellas albergan industrias manufactureras tradicionales con un alto porcentaje de trabajos que implican tareas rutinarias.

Así, según los datos pubicados por la OCDE y el Ejecutivo comunitario, los nuevos usos de la tecnología amenaza a más del 55% de los trabajadores españoles. Este porcentaje puede crecer hasta el 60% en gran parte de las regiones de nuestro país. Solamente Madrid, Cataluña, País Vasco y Asturias cuentan con porcentajes inferiores. En las regiones europeas analizadas la proporción de empleos en riesgo de automatización varía entre el 28% en Helsinki (Finlandia) y el 70% en Eslovaquia.

Ante este panorama, la formación de la mano de obra "debería ser una de las prioridades de los políticos en esas regiones para preparar a los trabajadores", afirma el informe, fruto del trabajo realizado por expertos de la OCDE y de la Comisión en colaboración con las diferentes regiones.

En este sentido, ya en septiembre del año pasado, The Future of Jobs 2018, investigación publicada por el Foro Económico Mundial, señalaba que el 54% de los empleados de las grandes empresas necesitaría reciclar y mejorar sus capacidades considerablemente para aprovechar al máximo las oportunidades de crecimiento que ofrece la Cuarta Revolución Industrial. Al mismo tiempo, algo más de la mitad de las empresas encuestadas para dicha investigación declararon que planeaban recualificar solo a los empleados que desempeñan puestos clave, mientras que solo un tercio planea recualificar a los trabajadores en riesgo.

La OCDE y la Comisión Europea, por su parte, también señalan en Regions in Industrial Transition la necesidad de "ampliar y difundir la innovación de las pymes para acelerar la transformación digital", así como por promover el emprendimiento y la participación del sector privado. Asimismo, el mismo informe subraya la necesidad de realizar la transición hacia una economía climáticamente neutra y aconseja promover el "crecimiento integrador, poniendo fin a las disparidades y vínculos de orden territorial", fomentando la cooperación a través de asociaciones entre zonas rurales y urbanas y garantizando la conectividad digital y los servicios digitales en las regiones más lejanas.

Robots trabajadores

Lejos queda 1920, año en el que el escritor checo Karel Capek escribió su obra teatral R.U.R. (Rossum's Universal Ro-bots). Era la primera vez que se utilizaba la palabra robot, creada a partir del término checo robota, cuyo significado es trabajo forzado. Estas criaturas ideadas por el autor eran humanos artificiales creados para realizar diferentes trabajos. La ciencia ficción continuó seducida por estos seres y su aparición en la literatura o en el cine fue recurrente, extendiéndose hasta nuestros días. El primer robot que apareció en un producto audiovisual fue la protagonista de la película muda alemana Metrópolis (1927), dirigida por Fritz Lang, y en el año 1956 -cuando Robby el robot se daba a conocer en el filme Planeta prohibido- el estadounidense George Devol hacía realidad lo que parecía imposible y fabricaba el primer robot para uso industrial. Lo que hasta la fecha había sido un invento de la imaginación se convertía en una realidad y empezaban a responder a las necesidades de los humanos. Con la Cuarta Revolución Industrial su presencia será más frecuente que nunca.

Tal y como revela el Foro Económico Mundial, los robots estacionarios serán los de uso más extendido entre las compañías de cara al año 2022, en un 37%. Esto se debe, sobre todo, a su integración en el sector automovilístico, aeroespacial y en las cadenas de suministro. Los robots humanoides -los más presentes en el imaginario colectivo- representarán aproximadamente el 23% y se encontrarán principalmente en servicios financieros e inversores.

Tal y como informa la Federación Internacional de Robótica la inversión en robots industriales alcanzó el año pasado un nuevo récord: un valor de ventas globales de 16.500 millones de dólares. Y es que, como se extrae de su informe World Robotics, en 2018 se instalaron 422.000 unidades a nivel mundial, un aumento del 6% en comparación con el año anterior. La Federación pronostica que los datos de instalaciones en relación a 2019 serán menores, pero se espera un crecimiento promedio del 12% anual desde 2020 hasta 2022.

Esta revolución robótica también está llegando con fuerza a España. De ahí que 35.000 robots industriales ya estén trabajando en numeras compañías de diferentes sectores de nuestro país, según datos de la Asociación Española de Robótica y Automatización.

World Robotics, además, refleja que nuestro país se sitúa como el decimoquinto mercado con mayor densidad de robots en la industria manufacturera -168 robots por cada 10.000 empleados; 54 más que la media europea-. En un futuro se espera que los denominados cobots (robots industriales de colaboración), que están diseñados para realizar tareas en el mismo espacio que los trabajadores humanos cobren más protagonismo. De momento, el número de unidades instaladas a nivel global representan solo el 3,24%.

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