Especial medio ambiente

CaixaBank compensa todas sus emisiones de efecto invernadero

  • La entidad ha neutralizado por completo su huella de carbono calculada
  • Está testeando materiales que sustituyan el PVC de todas sus tarjetas
Bosque de Ejulve, donde CaixaBank ha realizado labores de reforestación. Foto: Alamy.

Ser una de las entidades financieras líderes en la lucha contra el cambio climático a nivel global no es algo que se consigue de la noche a la mañana. Como informan fuentes de CaixaBank, los bancos -tan alejados de las fábricas humeantes que se cuelan en el imaginario colectivo a la hora de hablar de las emisiones de gases de efecto invernadero- pueden contribuir notablemente a mitigar los efectos negativos que la actividad de los seres humanos provoca sobre el clima. ¿Cómo? Disminuyendo sus propias emisiones mediante la reducción del uso de papel, fomentando videoconferencias que sustituyan la necesidad de viajes, diseñando de forma ecoeficiente sus nuevos edificios, promoviendo el desarrollo de una economía baja en carbono y financiando proyectos socialmente responsables.

Esto es lo que lleva haciendo desde hace años CaixaBank. Por eso, por quinta vez consecutiva, ha vuelto a aparecer en el índice de empresas líderes en la lucha contra el cambio climático que elabora la organización internacional CDP, que mide el impacto ambiental de las acciones y políticas de diferentes entidades -ya sean compañías privadas o administraciones públicas- y las orienta en la toma de medidas hacia una economía sostenible. Cabe destacar que CaixaBank es la única entidad financiera española incluida en las categorías más altas de este listado elaborado por la organización CDP, gracias a su calificación A-.

Combatir el calentamiento global, consecuencia directa de las emisiones de gases como el dióxido de carbono (CO2) -que congestionan la atmósfera y crean una especie de pantalla que retiene el calor que despide la Tierra-, se revela como fundamental en los tiempos que vivimos. El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU señalaba recientemente que, si las emisiones siguen creciendo como hasta ahora, en el año 2100 el nivel del mar habrá aumentando en 84 centímetros. Los polos se deshielan y las catástrofes naturales producidas a consecuencia de esta elevación son por todos conocidas: inundaciones o agresivas tormentas. El calentamiento global también provoca olas de calor extremas, sequías y la desaparición de criaturas marinas por el aumento de la temperatura de los océanos.

Tal y como informan desde CaixaBank, la entidad calcula cada año los gases de efecto invernadero que ha emitido a la atmósfera de manera directa o indirecta -su huella de cárbono-, ya sea, por ejemplo, al encender las luces de sus oficinas o usar sus ordenadores o equipos climáticos. En el año 2018, el total de emisiones de la entidad ascendió a 27.334 toneladas, lo que supone un 21% menos que en 2017. Esta reducción responde a una política activa de control de emisiones que ha logrado aminorarlas en un 75% desde 2009.

Una vez verificado dicho cálculo, la compañía compensa el 100% de estas emisiones a través del apoyo a varios proyectos escogidos por su elevado impacto social y ambiental. Este año, CaixaBank ha compensado las emisiones del pasado 2018 a través de un proyecto ubicado en México que consiste en generar energía limpia gracias al aprovechamiento de los desechos de las granjas porcinas de la zona de Sonora. Además, completa la compensación de CO2 a través de la reforestación de dos bosques ubicados en Montserrat (Barcelona) y Ejulve (Teruel), cuyos beneficios directos sobre el territorio se contabilizarán durante las próximas cuatro décadas.

La entidad, inevitablemente, se ha convertido en un referente en la lucha contra el cambio climático a nivel global. Y es que es el primer banco del Ibex 35 y uno de los pocos de Europa que ha conseguido neutralizar por completo su huella de carbono calculada, incluidas las emisiones indirectas. Además, según se señala desde fuentes de la propia compañía, es "la única que contrata energía eléctrica proveniente en su totalidad de fuentes renovables".

En este sentido, la compañía participó el año pasado en el mercado de préstamos verdes por importe de más de 1.300 millones de euros, entre los cuales se encuentra la financiación de proyectos de energías renovables (más de 645 millones de euros en 2018).

También ha respaldado iniciativas tan destacadas como los Principios de Ecuador -para que sus proyectos se lleven a cabo de forma socialmente responsable-, el Grupo Español de Crecimiento Verde -que fomenta el crecimiento económico ligado a una economía baja en carbono- o la Iniciativa Financiera del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP FI). Asimismo, la entidad ha sido incluida en el Dow Jones Sustainability Index (DJSI) -índice mundial que valora el comportamiento de las empresas bajo criterios sociales, medioambientales y de gobierno corporativo- y colabora con el Banco Europeo de Inversiones en la financiación de proyectos enfocados a la lucha contra el cambio climático.

Primeras tarjetas biodegradables

En el mes de septiembre, CaixaBank ha empezado a comercializar sus primeras tarjetas regalo biodegradables, "un importante avance diseñado para reducir el impacto medioambiental de las tarjetas de la entidad", explican desde la compañía. No es de extrañar que una iniciativa de esta naturaleza venga de la mano de CaixaBank, que lidera este negocio en España, con un parque de 17,4 millones de tarjetas y una cuota de 23,38% por facturación.

La entidad prevé distribuir alrededor de 150.000 tarjetas de este tipo al año y, gracias a ellas, se puede reducir a la mitad la huella de carbono que provocaba hasta la fecha su fabricación. Y es que, tal y como se informa desde CaixaBank, "supone la reducción de prácticamente la mitad del CO2 emitido a la atmósfera: frente a unas emisiones de 30 kilogramos de CO2 del PVC de los antiguos plásticos, se pasa a una huella de 15,5 kilogramos por cada mil tarjetas". Cabe destacar también que los plásticos tardan en descomponerse entre cien y mil años. Sin embargo, este material biodegradable -biomasa y ácido poliláctico obtenido a partir de almidón de maíz- se convierte en "idóneo para las tarjetas regalo, cuya caducidad máxima está fijada en dos años", explican desde la compañía, tiempo similar al periodo de descomposición.

Paralelamente, CaixaBank analiza continuamente materiales ecológicos alternativos al PVC actual de las tarjetas con chip y contactless y ha tomado la medida reciente de implementar unas bandas magnéticas con mayor resistencia a la desmagnetización, que es uno de los principales motivos de sustitución de tarjetas. Además, para contribuir a la economía circular, ha instaurado un nuevo proceso por el cual sus clientes entregarán las tarjetas caducadas en su oficina CaixaBank, que se encargará de activar un nuevo circuito de reciclaje. El cliente, así, se involucra también en la reducción de la huella de carbono de la entidad. Y es que, la lucha contra el cambio climático está al alcance de las manos de todos.

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