Empresas y finanzas

Invertir controlando las emociones

  • Estamos en un entorno que desalienta la inversión sin riesgo
Madrid

Invertir los ahorros necesita de una reflexión sobre los objetivos que perseguimos y, por supuesto, a lo que dedicamos más tiempo, a conocer los aspectos técnicos acerca de cada uno de los productos o servicios que nos ofertan las entidades financieras.

Pero, dentro de esta reflexión, un aspecto importantísimo es definir el riesgo que queremos asumir en nuestras inversiones. Sobre este tema se ha escrito mucho en los últimos años, pero en la actualidad ha cobrado mas importancia por dos aspectos. En primer lugar, porque estamos en un entorno de tipos de interés que desalienta la inversión sin riesgo, ya que no aporta rentabilidad y sí una caída de nuestro poder adquisitivo año tras año. En segundo lugar, porque los reguladores europeos han hecho hincapié en el asesoramiento prestado a los clientes de acuerdo con su perfil de riesgo y por tanto los inversores tienen que decidir el riesgo que están dispuestos a asumir.

Un aspecto importantísimo es definir el riesgo que queremos asumir en nuestras inversiones

Por tanto, estamos abocados a hablar sobre el riesgo y a tomar riesgo en nuestras inversiones. Y aquí entran normalmente factores no solo cuantitativos sino cualitativos, básicamente nuestras emociones.

Si miramos al pasado, siempre encontraremos episodios de volatilidad en los mercados, oscilaciones en los precios, subidas o caídas motivadas por múltiples factores, muchos de ellos geopolíticos. No podemos olvidar episodios como la crisis de la deuda griega, la crisis subprime, la Guerra del Golfo, o el brexit, por nombrar algunos que han hecho tambalearse a los mercados de renta variable, pero que, vistos en una perspectiva más amplia, han sido superados o están en proceso de serlo.

En esos momentos clave es cuando el inversor debe controlar las emociones y no dejarse llevar por el instinto que normalmente aflora e incita a vender si los mercados tienen un retroceso por factores como los enumerados. Muchas veces el mayor riesgo de nuestro proceso de inversión somos nosotros mismos y nuestras emociones.

Tenemos muchas formas de afrontar y mitigar el riesgo en nuestras inversiones, pero a grandes rasgos destacaríamos tres, que parecen básicas y evidentes, pero que tendemos a olvidar. En primer lugar, invertir en diferentes momentos del tiempo; en segundo lugar diversificar nuestras inversiones en activos y áreas geográficas y; en tercer lugar, ser disciplinados en mantener el horizonte temporal que hemos marcado como objetivo de nuestra inversión. Pero especialmente dejémonos asesorar por los expertos para que nuestros miedos y emociones no sean nuestro peor enemigo.

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