Empresas y finanzas

El año de la 'revolución serena' de Telefónica

Hoy hace justo un año, José María Álvarez-Pallete tomó el mando de Telefónica e inició una 'revolución serena' en un 'gigante' llamado a cambiar profundamente su modelo de negocio, desde los servicios de voz a los de datos. El aterrizaje no fue precisamente benévolo. Fue ocupar el despacho presidencial y acumularse los varapalos, todos ellos ajenos a su gestión.

El primero de ellos sucedió el 11 de mayo de 2016, cuando Bruselas impidió la venta de la filial británica O2 por problemas de competencia. La frustrada operación dio la vuelta al panorama de Telefónica como si se pusiera del revés un calcetín. Los cerca de 13.000 millones de euros que hubiera inyectado Hutchison Whampoa a la compañía española se quedaron en nada. La placidez financiera esperada se transformó de inmediato en una pesadilla, con un lastre de 50.000 millones de deuda que nublaba el horizonte. Lo que entonces no se denunció con la suficiente contundencia fueron los agravios comparativos de aquel veto de la venta de O2 frente a la compra del primer operador de móvil EE por parte de British Telecom, el antiguo monopolio de fijo, autorizado sin el menor reproche regulatorio. La Comisión Europea abordó aquella decisión en el momento más inoportuno para los intereses de Telefónica. Bruselas no estaba dispuesta a echar gasolina al fuego del 'Brexit' y así impidió que un grupo chino liderara la orgullosa telefonía móvil británica.

Poco después, el cisma estalló en el referéndum que sentenciaba la salida del Reino Unido de Europa. La situación era tensa para medio mundo y mucho más para Telefónica. Así lo recordaban las casas de calificación crediticia con inclemente insistencia. Los resultados del primer semestre de 2016 se saldaron con un desplome del beneficio del 42 por ciento por el efecto adverso de las divisas, junto con otros impactos extraordinarios realizados en el primer semestre de 2015. La deuda ya ascendía a 52.600 millones de euros y los disgustos se sucedían.

A finales de septiembre de 2016, Telefónica suspendió la salida a bolsa de Telxius, cuatro días antes de su estreno en el parqué. Con ese inopinado frenazo quedaron en barbecho los planes de ingresar cerca de 1.300 millones por el 40 por ciento de su filial de infraestructuras. Los inversores no parecían dispuestos a pagar aquella suma y Telefónica justificó su retirada armándose de autoestima, defendiendo su soberano derecho a no malvender sus activos. Quizá por eso, Fitch redujo la calificación de la 'teleco' y temblaron algunos cimientos.

En octubre de 2016 sucedió uno de los grandes hitos en el primer año de gestión de Álvarez- Pallete: anunció un recorte del dividendo de Telefónica, desde los 0,75 euros por acción previstos, a 0,55 euros por título en 2016 y a 0,4 euros en 2017. Eso supuso un 'tijeretazo' del 26 por ciento para la remuneración de 2016 y del 46,6 por ciento para la del 2017. Aquello también marcó distancias con su antecesor, César Alierta, quien sacralizó el dividendo el último lustro de su mandato.

La compañía afrontó diciembre con la acción en 7,7 euros (frente a los mínimos de 7,6 euros de finales junio), y con la exigencia de vender activos. Como era de esperar, la 'teleco' se aferró al mantra de la generación de caja. A partir de entonces, los títulos comenzaron a recuperarse, especialmente en febrero y marzo de 2017.

El tiempo vino a dar la razón a Álvarez-Pallete, cinco meses después de la espantada de bolsa de Telxius. Así, Telefónica acordó la venta del 40 por ciento de su filial por 1.275 millones de euros al fondo KKR, lo que suponía un 6 por ciento por encima del precio previsto en la frustrada OPV. Las 16.000 torretas repartidas en cinco países y los más de 65.000 kilómetros de fibra óptica submarina se pagaron al precio que deseaba Telefónica, lanzando al mercado el mensaje de que el grupo era dueño de su destino, ajeno a las presiones de los analistas.

La imagen de Telefónica proyectada desde entonces fue de otro color. Las cuentas de 2016 arrojaron una previsión de reducción de deuda en 4.900 millones a finales del próximo junio, respecto al mismo mes de 2016. Con la próxima entrada en caja de la venta de Telxius, el grupo se habrá saneado en casi un 10 por ciento respecto a los 48.595 millones de deuda que sumaba al cierre de 2016.

Hasta 20 puntos mejor que sus rivales

El mejor comportamiento de las divisas, la recuperación en Latinoamérica, la pujanza del negocio en España y la política de refinanciaciones en condiciones ventajosas animaron la trayectoria de Telefónica, siempre confiada en el vigor de su generación de caja como primer recurso para reducir deuda. En lo que va de año, Telefónica se ha revalorizado el 18,4 por ciento, casi seis puntos más que el Ibex y 14,6 puntos más que la media del resto del sector (3,5 por ciento). En algunos días del pasado trimestre, Telefónica ha llegado a sacar hasta 20 puntos al resto de sus comparables.

Frente a los próximos meses, el reto del presidente de Telefónica pasará por elevar el ritmo del negocio orgánico, perseverar en la reducción de la deuda y -sin prisa ni pausa- poner en valor O2, ya sea en bolsa o con una venta feliz. Si así fuera, Álvarez-Pallete podrá continuar su mandato como esperaba iniciarlo hace hoy justo un año.

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