Editoriales

La corrupción debe erradicarse

Este año trae consigo el fin de algunos de los macrojuicios por corrupción que más han escandalizado a la sociedad. Gürtel, Instituto Nóos, tarjetas black, y ERE en Andalucía quedarán vistos para sentencia. Lo mismo ocurrirá con el caso Bankia que hace que personalidades, antaño influyentes en este país, como Miguel Blesa o Rodrigo Rato, dupliquen su presencia en los banquillos.

Los fiscales solicitan penas de cárcel que, en algunos casos, alcanzan más de 120 años. Ahora es difícil prever cuáles serán las sentencias que finalmente dicte la Justicia, al igual que se desconoce el número de personas que serán finalmente condenadas.

En cambio, lo que sí se puede dar por seguro es que todas estas tramas han tenido un alto coste económico. En este sentido, el mejor ejemplo está en los ERE, la mayor trama de corrupción acontecida en Andalucía. Diferentes responsables de la Junta defraudaron hasta 1.200 millones del capital destinado para indemnizaciones y jubilaciones de los trabajadores.

Además del dinero, tampoco conviene olvidar las pérdidas que la corrupción tiene en términos de desprestigio y desconfianza. Para evitar que sigan ocurriendo casos similares, urge erradicar estas actitudes delictivas, para lo que se necesita una completa regeneración y controles en ámbitos tan diversos como la Administración, los partidos políticos y las empresas. Al mismo tiempo se requiere acabar con la permisividad social que durante años brindó cierta protección a estos comportamientos.

La España actual es muy diferente a la de antes de la crisis. Está más equilibrada en muchos aspectos. Pero la transformación no será completa hasta que la corrupción no se haya convertido en una reliquia del pasado.

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