Economía

¿Recortar pensiones o subir impuestos? Al Fondo de Reserva le queda menos de un año

  • Con el límite del 3% la hucha podría alargar ligeramente su vida
  • Las alternativas a corto plazo son o más impuestos o más recortes

La hucha de las pensiones llegó a tener a tener hasta 66.815 millones de euros en 2011. Las dotaciones anuales (incrementos del fondo con cargo a los excedentes presupuestarios) llegaron a alcanzar los 9.400 millones de euros, una tendencia que se ha revertido radicalmente. Ahora, el la hucha tiene 25.176 millones después de que el Gobierno sacará 8.700 millones de euros para pagar la extra a los pensionistas. Ha llegado el momento de actuar y sólo hay dos alternativas rápidas para ajustar las cuentas: buscar nuevas vías para financiar las pensiones o recortarlas.

Ya no hay marcha atrás. Como explican desde CaixaBank Research en su informe mensual, la Seguridad Social padece un déficit crónico que "pone de manifiesto el problema estructural del que adolece el organismo... Todo hace indicar, por tanto, que la Seguridad Social seguirá en déficit a medio plazo". 

Durante estos años se ha financiado ese descuadre con el Fondo de Reserva, donde se invirtieron los superávits de la Seguridad Social durante el último ciclo expansivo de la economía. Este fondo o hucha se creó para hacer frente al pago de las pensiones en situaciones de déficit de la Seguridad Social, no obstante, pocos hubieran creído que este fondo se iba a quedar seco tan rápido. 

Cuando se creó sólo se podía utilizar el 3% del gasto en pensiones contributivas y los gastos derivados de su gestión. No obstante, este límite se suprimió de manera excepcional en 2012, una excepción que termina en 2017, lo que podría alargar la vida del Fondo de Reserva hasta 2018. Pero si el Gobierno logra prolongar la anulación de este límite, la hucha se quedará sin recursos en 2017, según los expertos de CaixaBank Research.

Además del fin de los recursos de la hucha, el gasto en pensiones crecerá con fuerza. Como destacan desde BBVA Research, la personas viven cada vez más, la esperanza de vida a partir de los 65 años aumenta aproximadamente 16 meses cada 10 años. Por otro lado, la generación del baby boom se empezará a retirar a principios de la próxima década y lo harán con una esperanza de vida mayor que la de sus homólogos europeos. De modo que urge tomar decisiones al respecto, ya sea en un camino u otro. 

¿Qué se puede hacer?

Desde BBVA Research creen que hay que elegir y tomar alguna decisión. Se puede "aceptar la reducción de la pensión media sobre el salario medio y compensarla con más recursos procedentes del ahorro privado". Es decir, recortes de las pensiones que deberían ser cubiertos para cada individuo a través de otros vehículos de ahorro e inversión.

Por otro lado, se puede optar por "aumentar los recursos destinados a pensiones públicas para evitar la caída de la tasa de beneficio", lo que supondría más impuestos o menos gasto público en otras partidas presupuestarias. 

Mientras que la opción más atractiva, aunque parece la más complicada con el actual panorama político, se trata de "realizar reformas estructurales que disminuyan la tasa de desempleo, aumenten la población ocupada y sus salarios (más capital productivo, humano y tecnológico)". Esta vía sería posiblemente la más positiva para la economía y el bienestar de los ciudadanos, sin embargo su puesta en marcha lleva tiempo y sus frutos se recogen a medio y largo plazo.

Más impuestos

Ignacio Zubiri, catedrático de Hacienda Pública de la Universidad del País Vasco, no cree que el recorte de las pensiones sea una buena solución, "máxime cuando la economía genera recursos suficientes para pagar pensiones significativamente más elevadas que las que se derivan del modelo actual".

Para mantener o mejorar las pensiones, este economista aboga por financiarlas con nuevos ingresos, "fundamentalmente impuestos". Zubiri explicaba en el blog de Funcas que a corto plazo se pueden incrementar los recursos con un "un aumento de las cotizaciones a cargo del trabajo de tres puntos y del empresario de un punto. Se debería eliminar el tope de las cotizaciones (sin aumento de prestaciones). A los trabajadores se les compensaría este aumento con el compromiso".

La creación de una Contribución a la Solidaridad (que gravaría los patrimonios personales y las ventas de las grandes empresas) cuyos recursos se afectarían al sistema de pensiones. Lo que se obtuviera con estos ingresos financiaría las pensiones y el exceso se acumularía en el Fondo de Reserva.

Por su parte, Eduardo Bandrés, catedrático de la Universidad de Zaragoza, considera que "no parece recomendable aumentar las cotizaciones sociales para pagar las pensiones, porque actúan como un impuesto sobre el trabajo y penalizan la creación de empleo".

"Los datos recientes de recaudación arrojan, a su vez, algunas dudas sobre la elasticidad de los ingresos por cotizaciones respecto al aumento del empleo y del número de cotizantes, tanto por la caída de los salarios como por las bonificaciones a la contratación", añade, para apostillar que "la conclusión es que habrá que completar las fuentes de ingresos de la Seguridad Social con impuestos".

Más concretamente, Bandrés apunta a la posibilidad de vincular parte de la recaudación de un IVA reformado a la financiación de las pensiones, en el marco de una reforma tributaria de alcance global que incremente los ingresos y su progresividad.

Además, Bandrés pone sobre la mesa la necesidad de evaluar las bonificaciones sobre la creación de empleo, que podrían perjudicar a los ingresos de la Seguridad Social, y estudiar una "generalización" de los planes de pensiones de empleo, que extendiese su aplicación a la gran mayoría de los trabajadores, promoviendo un marco legislativo que favorezca su implantación en el ámbito de la negociación colectiva.

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