Economía

David Cameron dimite como primer ministro de Reino Unido tras el Brexit

  • Deja en manos de su sucesor la aplicación del artículo 50 de la UE

El primer ministro de Reino Unido, David Cameron, ha anunciado que dejará el cargo de primer ministro tras el Brexit. Hablando ante los periodistas en Downing Street, ha explicado que seguirá en el cargo los próximos meses, pero ha explicado que deberá ser un nuevo líder el que lleve el proceso de abandono de la UE, incluida la decisión de cuando activar el artículo 50.

En una declaración institucional en Downing Street, Cameron ha concluido que, tras la derrota sufrida en un plebiscito que había supuesto una apuesta personal, "el país necesita un nuevo liderazgo". "No es una decisión que haya tomado a la ligera", ha declarado, pero tras la "muy clara decisión" del electorado, no se considera "el capitán para pilotar este barco a su próximo destino", en dirección de salida del bloque comunitario.

Además, el primer ministro ha aclarado que no se encargará de aplicar el artículo 50 del Tratado de Lisboa, el que rige sobre la salida de un Estado miembro, una tarea que le habían solicitado ya los partidarios del Brexit y que depositará en manos de quien le tome el relevo tras seis años al frente del Gobierno, los primeros cinco en coalición. "Lo correcto es que éste nuevo primer ministro decida cuándo aplicar el artículo 50", ha señalado.

Aunque no ha visto "necesidad de establecer un calendario", el mandatario británico ha calculado que su sucesor debería ser elegido a tiempo para el congreso que los conservadores celebran el próximo mes de octubre. "Continuaré en los próximos tres meses", ha especificado Cameron, quien ha avanzado también que el Gobierno se reunirá el lunes para evaluar la situación.

Al respecto, ha informado también de que había trasladado ya sus planes a la reina Isabel II y que la próxima semana asistirá al Consejo Europeo para "explicar la decisión de los británicos" en el referéndum del jueves. "Y la mía propia", ha añadido.

Perdió a la ruleta rusa

Cameron pasará a la historia como el mandatario que se embarcó en un ejercicio de ruleta rusa con el proyecto comunitario. El experimento de Escocia, que en 2014 estuvo a punto de poner fin a una unión de más de 300 años, le dio alas para atreverse con el más difícil todavía: una consulta que, más que por clamor popular, como aconteció con la de la independencia, surgió para sofocar el incendio que Bruselas llevaba generando en su partido desde hace décadas.

La inesperada mayoría absoluta obtenida en las generales del pasado año, apenas ocho meses después de evitar la secesión escocesa, convenció a Cameron de que la fortuna estaba de su parte. La votación, sin embargo, ha demostrado ser una mano más arriesgada y, lejos de rebajar la temperatura interna, las disensiones han asfixiado al dirigente que decidió que cuatro décadas sin revisar la afiliación comunitaria eran demasiadas.

Cameron ha sido la víctima principal de una campaña que ha reavivado las luchas cainitas que, en los 90, habían abocado a los tories a la oposición.  El grupo parlamentario tory se dividió al 50% y, ante la residual hegemonía del Gobierno en Westminster, resulta complicado que las heridas cicatricen con el cierre de una consulta que, inevitablemente, ha provocado el descontento de una de las dos mitades que fragmentan a los tories.

Ante esta tesitura, Cameron no puede hallar mayor responsable que él mismo y su propensión a apuestas con las que se juega no sólo su supervivencia política, sino la continuidad del bloque occidental tal como es hoy. Prueba de esta tendencia es el golpe estratégico de anunciar antes de las generales que éste sería su último mandato, un arriesgado movimiento que desencadenó oficiosamente una carrera sucesoria en la que el referéndum se ha erigido el campo de batalla ideal. La envidada ha demostrado ser un fallo de cálculo del premier.

Así, la primera legislatura con mayoría absoluta para la derecha británica en casi dos décadas quedará marcada por el referéndum. La prioridad que Cameron había otorgado a apuntalar la recuperación, con la meta del superávit en 2020, queda desdibujada por un resultado que no sólo modifica las reglas de juego en Europa, sino que confirma a los conservadores como la verdadera gran coalición en Reino Unido.

Tras un lustro al frente de una coalición, el brillante estudiante del exclusivo colegio de Eton y de Oxford ha sufrido para gestionar una Administración monocolor que ni las encuestas, ni la historia, veían a su favor. Tan sólo había dos precedentes registrados en los que un Ejecutivo en el poder durante más de dos años experimentase un alza de su porcentaje de voto. El hito obligaba remontarse a los 50, pero Cameron pasó de los 307 escaños de hace seis años a la hegemonía.

Aquella luna de miel, aunque reciente en el tiempo, semeja lejana. El reto para el sucesor de Cameron ahora pasa por reconstruir la marca tory, herida por su propia obsesión con la Unión Europea y por la querencia de un líder con estrella a correr contra las apuestas y, hasta hoy, a ganarlas.

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