Economía

Por qué la Comisión Europea ve diferente el futuro de las pensiones: las claves son el saldo migratorio y la edad de jubilación

Sede de la Comisión Europea. EE
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La Comisión Europea ha publicado recientemente el 'Ageing Report', el documento en el que analiza cada tres años el coste del envejecimiento, las pensiones o la dependencia en el largo plazo. Por la composición demográfica y la situación de las pensiones en nuestro país, España es uno de los países señalados por el importante incremento del gasto: el desembolso de la Seguridad Social alcanzará incluso el 17% del PIB para mitad de siglo, frente a las perspectivas del Ministerio de las pensiones que firmó el ex ministro José Luis Escrivá, que establecen un crecimiento más controlado que no superará el 15% del PIB en promedio durante las próximas décadas. ¿Por qué la Comisión Europea es más pesimista que la Seguridad Social? La clave está en el saldo migratorio y el efecto de la edad de jubilación.

La llegada neta de extranjeros a España para contener la tasa de dependencia y cubrir puestos de trabajo, además del potencial efecto de los incentivos para atrasar la jubilación que esperan unos y otros, son dos aspectos que explican las diferencias a largo plazo. Teniendo en cuenta, además, la dificultad de acertar con las previsiones del mercado laboral, la productividad, la evolución de PIB o la inflación, lo más 'sencillo' de saber es que medio millón de trabajadores se jubilará cada año, el gasto crecerá exponencialmente y el sistema necesitará recortar el desembolso o aumentar los ingresos.

Empezando por los flujos migratorios, los más de 600.000 extranjeros que entran (restando las salidas) en la actualidad a nuestro país protagonizarían un declive hasta rondar los 200.000 de forma consistente durante las próximas décadas en base a las previsiones de la Comisión Europea, apoyadas la Dirección de Análisis Macroeconómico del Ministerio de Economía.

Aunque está alineada con el sesgo pesimista del Instituto Nacional de Estadística (INE) desde la próxima década, dista de la senda que proyecta en España la Seguridad Social. La cartera de las pensiones confía en que la llega de trabajadores del exterior crecerá de forma acompasada a la salida de población activa de la generación del 'baby boom'.

La Comisión Europea establece en su análisis que un saldo migratorio un 33% mayor de la esperada sería suficiente para reducir el gasto en un punto del PIB durante las próximas décadas. En extremo más optimista, una migración un 66% superior ahorraría dos puntos. En toco caso, ambas perspectivas reseñan la importancia de los trabajadores extranjeros y de la capacidad de asimilar mano de obra para serenar el crecimiento de la factura de la Seguridad Social.

¿Los españoles trabajarán cada vez más, o no?

Uno de los aspectos más llamativos del Informe de Envejecimiento de Bruselas es que recoge el incremento promedio de las carreras de cotización de los españoles. Sobre el papel ya señalan que los trabajadores tendrán una vida laboral cuatro años mayor, hasta certificar 42 años aportando a la Seguridad Social antes de acceder a la jubilación.

No obstante, la Comisión Europea (al igual que el Banco de España) observa con cierta precaución los efectos potenciales del incremento de la edad de jubilación, impulsada por el incremento de la edad legal de retiro (alcanzará los 67 años en 2027, o los 65 años con 38 años y seis meses cotizados) y por los incentivos para demorar la salida del mercado laboral una vez cumplidos los requisitos. Es importante destacar que la edad de jubilación es la gran baza del Gobierno porque genera más ingresos y, especialmente, recortaría 1,4 puntos el gasto.

Sin embargo, Europa está tomando de base un dato de partida que está desactualizado y que, precisamente, ha crecido por encima de las expectativas al compás de las jubilaciones demoradas. Parten de una edad de jubilación real de unos 64 años, cuando la edad a la que salen los españoles del mercado laboral ya supera los 65 años por primera vez en la historia. El aumento de la edad legal dilata las salidas, como así lo hacen los incentivos a la jubilación demorada, una modalidad escogida por casi el 11% de nuevas altas (más del doble que antes de la reforma).

Las proyecciones de la Seguridad Social dan continuidad a esta tendencia con una transformación en las jubilaciones: como se puede observar en el gráfico, el pico de las jubilaciones a los 65 años se suavizará, también el de las salidas más prematuras (a los 61) para dar paso a retiros demorados cada vez más comunes, a los 67 años.

Pese a 'error de cálculo' de la Comisión Europea al inicio de su serie, el resultado final no es muy diferente al de la Seguridad Social: para dentro de cuatro décadas, la edad media de jubilación prevista será de 66 años y casi cinco meses (66,4 años), mientras el Gobierno eleva este dato en 66 años y algo más de siete meses (66,6 años).

En favor de unos y otros juega la racionalidad de la elección de jubilarse: por más cálculos actuariales que dispongan los técnicos para tratar de aproximar el futuro de las pensiones, o por más incentivos y posibilidades de elegir la opción que más beneficie al trabajador, las salidas del mercado laboral pueden atender a la salud del ocupado, a una decisión personal o a una crisis que se escapa de cualquier tipo de previsión. La población no obedece a ningún modelo matemático, actuarial o similar.

La Comisión Europea espera que la tasa de participación de personas de 20 a 64 años (población activa o en edad de trabajar) aumente en 2 puntos porcentuales a lo largo del intervalo de proyección, hasta superar el 80% de la población total. También proyectan importantes mejoras en términos de tasas de empleo (casi 7 puntos más y la proporción de población empleada (6 puntos más. Estos desarrollos positivos son más destacados para los trabajadores de mayor edad de 55 a 64 años y de 65 a 74 años como resultado de las reformas de 2011 y la más reciente, de 2021-2023.

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