Economía

Algo está fallando con los datos de empleo en el momento más importante para los bancos centrales

  • Los bancos centrales acometen el delicado momento de cambiar el rumbo
  • Para no equivocarse, los funcionarios necesitan unos datos laborales fiables
  • Pero las encuestas de empleo han mostrado fallas en las economías avanzadas
Foto: iStock

Los pilotos que manejan el cuadro de mando de los bancos centrales están en el momento más delicado del vuelo: el viraje hacia las bajadas de los tipos de interés tras un vertiginoso despegue y un tiempo a máxima altura. Para que la maniobra sea certera, todo tiene que estar bajo control, y eso incluye unos datos macro que, a priori, son las coordinadas más fiables que siguen los funcionarios de la banca central a la hora de fijar el rumbo. De entre esa amalgama de datos, los relativos al mercado laboral son primordiales, dada su vinculación a la inflación. Sin embargo, la tripulación se está topando con un grave problema: estos datos laborales son cada vez menos fiables.

Las oscilaciones de la inmigración, los rápidos cambios en las condiciones de trabajo tras la pandemia y la menor participación en las encuestas se combinan para crear un gran problema a los estadísticos del mercado laboral. Esto complica sobremanera fijar el momento en el que aliviar la restrictiva política monetaria, ya que se corre el riesgo de aflojar antes de tiempo, lo que acarrearía nefastos resultados.

El caso más paradigmático se está dando en EEUU, precisamente la economía con el banco central más observado del planeta. Desde el ecuador del mandato de Joe Biden en la Casa Blanca hay algo que no cuadra con los datos laborales. Aunque la lectura general es que el mercado de trabajo ha mostrado una inusitada fortaleza tras la recuperación post-covid, las revisiones de datos son constantes y el debate político en torno a las cifras se ha enquistado.

En EEUU, las estadísticas oficiales de empleo se conocen en un informe que el primer viernes de cada mes publica la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), dependiente del Departamento de Trabajo; es decir, del Gobierno. Ese informe incluye una serie de métricas extraídas de una encuesta a las empresas y otras extraídas de una encuesta a los hogares. De la encuesta a las empresas se saca la creación neta mensual de nóminas no agrícolas, el indicador que más sigue el mercado y que fija de facto las expectativas de tipos de interés en torno a la Reserva Federal. De la encuesta a los hogares se obtiene, por ejemplo, la tasa de paro.

A comienzos de 2022 algo pareció 'romperse'. Tras años más que sincronizados, los datos de creación de empleo obtenidos en una y otra encuesta empezaron a divergir claramente. Las nóminas no agrícolas empezaron a reflejar un boom que ha hecho descontar repetidamente a una Fed restrictiva por más tiempo, mientras que los datos de los hogares empezaban a reflejar un progresivo debilitamiento.

En marzo de 2022 se abrió una gran brecha que creció rápidamente hasta 1,5 millones de puestos de trabajo en tan solo tres meses. Un hueco que ahora ronda los cinco millones, según algunos economistas que acusan directamente a la Administración Biden de manipular los datos para presentar una economía más fuerte que ayude a la valoración política del presidente. En diciembre de 2022, la propia Reserva Federal de Filadelfia informó de que la BLS había exagerado en más de un millón la cifra de nóminas de ese año. Extrapolando ese cálculo, los analistas del medio financiero estadounidense ZeroHedge estiman que el pasado diciembre esa 'exageración' en las nóminas llegó a 800.000.

Lo cierto es que, desde principios de 2023, la cifra final de nóminas no agrícolas de EEUU se ha revisado a la baja la friolera de hasta siete veces con respecto a la primera estimación. Lo ocurrido a comienzos de 2024 va en la misma línea. La cifra de empleo de enero, descrita inicialmente como "asombrosa", se recortó en 124.000 puestos un mes más tarde, hasta una cifra más modesta de 229.000. La cifra definitiva de enero se publicará este viernes, junto con la estimación preliminar de marzo. Cabe recordar que una lectura cercana a las 200.000 nóminas es aún alta en términos históricos, pero desinfla mucho el relato generado en torno a lecturas preliminares que han llegado a superar el medio millón. Con todo, y pese a las constantes revisiones, la media trimestral de nóminas no agrícolas de las últimas lecturas muestra un leve repunte que torpedea el relato del debilitamiento del mercado de trabajo.

Los analistas no se acaban de poner de acuerdo sobre qué encuesta es mejor. Unos señalan que la muestra es bastante más generosa en la de las empresas y que la de los hogares es más volátil. Otros ven más fiable preguntar directamente a las familias. "La medición del empleo en los hogares se basa en una muestra mucho más pequeña que la medición del empleo en las nóminas y, por lo tanto, tiende a ser volátil. Sin embargo, el empleo de la encuesta a los hogares ha caído 898.000 personas en los últimos tres meses y, a diferencia de las nóminas, que miden la variación de los asalariados, esta encuesta también tiene en cuenta a los autónomos y a los trabajadores agrícolas, así como el nacimiento y la desaparición de empresas. Así pues, la debilidad del empleo de los hogares suscita al menos incertidumbre sobre la verdadera salud del mercado laboral", aclaraba tras el informe de febrero Daniel Vernazza, economista de UniCredit Research.

"Históricamente, ambas encuestas se movían al unísono. Sin embargo, desde agosto, la encuesta a los hogares muestra que la economía ha perdido 532.000 puestos de trabajo, mientras que la encuesta general muestra que se han añadido 1.328.000 empleos. Una pista sobre cuál de las dos encuestas, la de hogares o la principal, podría ser la correcta puede encontrarse en los datos de salarios por hora y en los de ADP. Un mercado laboral sólido, como el que muestran los titulares, debería traducirse en un buen crecimiento de los salarios. El crecimiento salarial aumentó un 0,1%, el más bajo en más de dos años. ADP informa sistemáticamente de un crecimiento del empleo de entre 100.000 y 125.000 puestos de trabajo. Ambos conjuntos de datos reflejan un mercado laboral en crecimiento pero por debajo de lo esperado", escribían el pasado 11 de marzo Michael Lebowitz and Lance Roberts, estrategas de Real Investment Advice, analizando los datos de febrero.

La encuesta ADP a la que se refieren es el trasunto del informe de empleo que elabora cada mes la empresa de recursos humanos de dicho nombre según datos de nóminas recogidos de empresas privadas. Los números de ADP sí han reflejado un cierto deterioro en el mercado laboral, con lecturas sustancialmente más bajas. Pero el mercado ha seguido a pies juntillas el dato de nóminas no agrícolas de la BLS.

Uno de los analistas más críticos con esta dinámica ha sido Paul Donovan, economista jefe en UBS GWM. Recurrentemente, Donovan ha hablado del informe oficial de empleo como "una encuesta cuya calidad ha ido disminuyendo en los últimos años, pero que sigue siendo una obsesión para el mercado". "Dado que la Reserva Federal de EEUU es una institución reactiva, el informe influye en las expectativas de política monetaria", ha denunciado el analista más de una vez.

"Los datos de nóminas no agrícolas de EEUU proceden de una encuesta a las empresas. Menos del 43% de las empresas responden a la encuesta: las empresas normales no se molestan. Los mercados salivan ante una encuesta que contestan los raros", señalaba Donovan en una de sus previas del dato de empleo. En otra de las ocasiones se refirió directamente a la de los hogares como "una encuesta cada vez menos fiable de personas dispuestas a contarle a un interlocutor telefónico todo sobre su vida privada".

Paul Donovan (UBS): "El informe de empleo de EEUU se basa en una encuesta cuya calidad ha ido disminuyendo en los últimos años, pero que sigue siendo una obsesión para el mercado"

En su crítica al informe de empleo, Donovan también ve dudoso que los datos de empleo reflejen plenamente la explosión de los side hustles (empleos complementarios al principal para hacer un dinero extra) y la creación de empresas. "En ninguna parte del informe de empleo aparece 'creador de contenidos de TikTok' como puesto de trabajo", lamenta también con cierta sorna el economista, pero llamando la atención sobre una evolución más rápida del mercado de trabajo que de las estadísticas.

Donovan también aprecia problemas de fundamento, como el muy observado dato de ingresos medios por hora en el informe, también importante catalizador de las expectativas sobre los tipos: "El informe de empleo de EEUU del viernes significa que es hora del recordatorio mensual de que los ingresos medios por hora no son salarios, y definitivamente no son costes salariales. Si los salarios se mantienen estables y aumenta el número de trabajadores mal pagados en la economía, los ingresos medios caen. En un momento de agitación estructural, es probable que cambie la composición de la mano de obra. La distinción es importante porque los salarios (reales) influyen en el poder adquisitivo de los consumidores, y los costes salariales influyen en los márgenes de beneficio y, potencialmente, en la inflación".

Una dinámica similar se aprecia con los datos de paro semanal que los estados de EEUU registran. Las peticiones iniciales de subsidio por desempleo siguen mostrando lecturas históricamente bajas, en torno a las 200.000 por semana. Esto aquilata el relato de un mercado laboral sólido en el que no se está despidiendo cuando los titulares de las noticias recogen cada vez más nombres de empresas que anuncian despidos masivos. Al igual que la encuesta de ADP con la creación de empleo, el índice Challenger de recorte de puestos de trabajo se sitúa en unos niveles lejanos al bajo número de peticiones.

Annie Wong, economista de Bloomberg, explicaba en un artículo reciente lo ocurrido con las peticiones. Por un lado, la elegibilidad está en su punto más bajo antes de la crisis. Normalmente, las tasas de elegibilidad aumentan al entrar en recesión. La tasa actual ha aumentado, pero es inferior a la de todos los demás períodos anteriores a la recesión. O no hay recesión a la vista, o la tasa es más baja de lo habitual. En segundo lugar, y más impactante, Wong estima que la brecha de cobertura salarial media es mayor que nunca, de 1.400 dólares. Sencillamente, las indemnizaciones por desempleo no han seguido el ritmo de la inflación. Por el contrario, los empleos a tiempo parcial sí lo han hecho. Por lo tanto, los trabajadores despedidos están mejor trabajando para Uber y otros empleos flexibles de la conocida como economía gig.

Otros indicadores sí sugieren que la demanda laboral todavía se está moderando gradualmente. "La encuesta del NFIB (federación nacional de la pequeña empresa) muestra una marcada disminución en las intenciones de contratación del sector privado , mientras que las ofertas de empleo de Indeed han disminuido. Es cierto que los índices de empleo de las encuestas ISM y PMI de S&P Global han mejorado ampliamente en los últimos meses, pero han sido muy volátiles y una mala guía para las condiciones generales del mercado laboral", apunta Olivia Cross, de Capital Economics.

Donovan subraya los peligros de que "los bancos centrales balbuceen sobre la dependencia de los datos sin explicar su marco a medio plazo o cómo esperan que la política se transmita a la economía real". "Esto hace que los inversores tiendan a reaccionar con mucha fuerza a los datos individuales, incluso cuando (como en el caso de los datos de empleo de EEUU) las cifras no son precisas y es probable que se revisen significativamente", remata. En su comparecencia tras la última reunión de política monetaria de la Fed, el presidente de la misma, Jerome Powell, respondió "no" a la pregunta de si unos datos de empleo sólidos retrasarían un recorte de tipos de la Fed. Sin embargo, habrá que ver si nuevas lecturas fuertes de nóminas no agrícolas vuelven a mover la aguja.

Qué pasa en Europa

No es solo el caso de EEUU. Otros países también se enfrentan a serios problemas con sus datos. En el Reino Unido, la Oficina de Estadísticas Nacionales (ONS) no pudo publicar durante meses ni siquiera su estimación principal del desempleo porque la tasa de respuesta a su encuesta de población activa había bajado tanto que no era fiable. La ONS sigue advirtiendo a los usuarios que traten con extrema cautela los datos incompletos que publica ahora, ya que complican la toma de decisiones sobre políticas como el salario mínimo o los tipos de interés, y dificultan la planificación de servicios por parte de los responsables políticos locales y nacionales.

En la zona euro también ha aflorado el tema. La Comisión Europea ha llamado la atención sobre el descenso de las tasas de respuesta a su encuesta de población activa al comienzo de la pandemia, afirmando que podría introducir "errores aleatorios y sistemáticos" en sus datos en un momento en que "la realidad laboral de muchas personas ha cambiado mucho". A nivel interno, algunos socios europeos también tienen su particular debate político, como en EEUU. En España, desde la aprobación de la reforma laboral, la oposición ha denunciado que la figura de los fijos discontinuos sirve al Gobierno para maquillar las cifras de paro.

En Canadá, la oficina de estadística ha tenido problemas para mantener la tasa de respuesta a su encuesta de población activa tras una caída inducida por la crisis, aunque el organismo Statcan afirma que confía en que la encuesta siga ofreciendo una imagen fiable.

Una opción más radical para hacer fiables estas encuestas sería seguir el modelo que ya se aplica en algunos países, como Francia y Canadá, y obligar por ley a rellenar el cuestionario. En EEUU, solo cuatro de los 50 estados obligan a responder a las encuestas del Gobierno. Sin embargo, se hace eco el Financial Times, Francia, que revisó su encuesta de población activa en 2021, ha descubierto que este requisito legal es imposible de aplicar, y es poco probable que la sanción de 38 euros por incumplimiento disuada a quienes prefieren no responder.

El gran problema es que arreglar estas deficiencias lleva tiempo y los bancos centrales necesitan datos fiables sin demora. Un ejemplo claro se ve en lo trascendentales que son para el BCE métricas como el indicador de costes laborales (conocido por las siglas CLU) o el del resultados de las negociaciones salariales durante el trimestre. Tanto que, en sucesivas declaraciones, los miembros del BCE parecían hipotecar la suerte de la primera bajada de tipos a lo que dijera este último indicador en el primer trimestre del año.

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