Economía

Alemania aún es la gran economía del euro más lastrada por la pandemia

  • Tiene las cuentas más saneadas con un déficit del 2,2% y una deuda del 64,8%
El ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, en el Foro Económico de Davos.
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"Sé que algunos de ustedes estarán pensando: 'Alemania es un hombre enfermo'. Alemania no es un hombre enfermo. Tras un periodo muy exitoso desde 2012 y estos años de crisis, Alemania es un hombre cansado. Tras una noche corta. Las expectativas de bajo crecimiento son, en parte, una llamada para despertar. Ahora tomaremos una buena taza de café, que implica reformas estructurales. Y, luego, continuaremos teniendo éxito económicamente". Así trataba el ministro de Finanzas alemán, Christian Lindner, de despejar las dudas sobre el devenir del motor económico de la UE en el Foro de Davos. Esa noche corta, de poco descanso, que fueron la pandemia y la crisis energética. Convirtieron a Berlín en un hombre cansado. Y Alemania es el país al que más le cuesta recuperarse del Covid-19, entre los grandes del euro.

Este hombre cansado al que se refiere Lindner se ha visto lastrado por varios acontecimientos en diferentes frentes que afectaron a la economía germana. No fue solo el golpe de la pandemia, la guerra de Rusia en Ucrania puso en jaque en Alemania como en ningún otro Estado miembro el sistema energético, por su alta dependencia del gas procedente Moscú. Los altos precios de la energía golpearon a su industria, pero también lo ha hecho esa cadena de suministro tan centrada en China, en un momento en el que la dinámica comercial con Pekín se transforma. Ahora la UE, llama a reducir riesgos con el gigante asiático, a desacoplarse, y Berlín es la economía europea más expuesta a este mercado.

Las perspectivas económicas de Berlín no parecían del todo malas tras cerrar el 2020 con una contracción del 3,8%, inferior al de los principales países del euro, como España, Francia, Italia o Grecia, que experimentaron un desplome del PIB que osciló entre el 7,5% de París y el 11,2% de Madrid. Pero en los años posteriores el cansancio se plasmó en un ritmo de crecimiento inferior al resto de Estados miembro: del 3,2% en 2021, del 1,8% en 2022 y ese retroceso del 0,3% con el que terminó 2023. Cifras que se contraponen con los rebotes del 6,4%, 5,8% y 2,4%, respectivamente en el caso de España, o del 6,4%, 2,5% y 1% de la economía gala.

"Tuvimos que reinventar la infraestructura energética y el suministro en los últimos 18 meses", justificó Lindner, ante la élite económica mundial las cifras conocidas recientemente sobre la marcha de la economía germana. "No es una perspectiva tan buena como esperábamos, pero nuestra economía ha mostrado resiliencia".

Esa resiliencia aflora en otras comparativas pues Berlín de las principales economías del euro la que presenta unas cuentas más saneadas tras la pandemia. Con la vista puesta en la vuelta de las reglas fiscales este año, que limitan los niveles de deuda al 60% sobre el PIB y al 3% el déficit sobre el PIB, Alemania es la única que se mantiene en estos umbrales. Según las previsiones económicas de la Comisión Europea, publicadas en otoño, el pasivo se sitúa en el 64,8% y el déficit en el 2,2% a cierre de 2023. Lejos están los niveles deuda superiores al 100% de España, Francia o Italia y déficits que superan el 4% en los tres casos.

El Gobierno de Olaf Scholz está preparado para tomarse esa taza de café. La receta, como explicó Lindner: reformas estructurales y reajustar políticas. Quiere evitar ser ese "enfermo de Europa", como fue apodado en el arranque de siglo. Una suerte de paralelismo, que emula las reformas estructurales de la Agenda 2010 del gobierno del canciller Gerhard Schröder.

No hay perspectiva de que el sector servicios pueda contrarrestar esa caída de la actividad industrial, arrastrada por el sector de la automoción. No contribuye a mejorar la situación los recientes anuncios de recorte de plantilla por parte de fabricantes automovilísticos. La ecuación se complica con la dificultad para rebajar los altos niveles de inflación, en Alemania y en la eurozona, que impacta de forma directa en el consumo. Y Berlín tiene otros deberes pendientes: debe aliviar las trabas burocráticas, debe mejorar el estado de sus infraestructuras y hacer frente a falta de mano de obra en ciertos sectores.

La invasión militar rusa de Ucrania, más allá de poner contra las cuerdas su abastecimiento energético, ha supuesto un duro golpe para la industria electrointensiva germana. Una coyuntura que obligó al Gobierno a poner en marcha subsidios para su industria. Tales ayudas no llegaron a mitigar de todo el impacto de unos precios tan elevados, que lastraron la competitividad empresarial. Una serie de factores que no dejan otra opción a Berlín que acudir a su "llamada a despertar" en 2024.

Los presupuestos de 2024 mantendrán el freno a la deuda

El proyecto de presupuestos germano para 2024 mantendrá el freno a la deuda, que había sido suspendido entre 2020 y 2022 por la pandemia y la crisis energética y que limita el déficit público al 0,35% del PIB. Tras meses de negociaciones sobre el gasto, Berlín tendrá margen para emitir 39.000 millones de euros de nueva deuda, cifra que se enmarca dentro del límite del Gobierno. Todo ello en un contexto en el que el Gobierno de Scholz planteó suspender el freno a la deuda para hacer frente a la crisis presupuestaria del pasado noviembre.

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