Economía

La precariedad laboral condena a los jóvenes españoles a toda una vida de bajos salarios

  • Tardan siete años más en alcanzar el sueldo medio que sus  mayores
  • El sistema educativo no resuelve los problemas del ascensor social 
  • Incluso los más cualificados sufren contratos inestables e inframepleo
Foto: Dreamstime

El 30% de los jóvenes españoles viven en riesgo de pobreza o exclusión social, una situación que amenaza cada vez más con enquistarse para el resto de sus vidas. Así lo señala un informe elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), que apunta la "precariedad laboral" afecta a muchos jóvenes de "manera duradera" y puede condicionar su "calidad de vida" no solo a lo largo de su ciclo laboral, sino también cuando "sean pensionistas".

El análisis revela que los salarios de los jóvenes son un 35% inferiores a la media, pero esto no es lo más preocupante, sino que el "progreso" de sus ingresos a lo largo de la vida laboral "es más lento que en generaciones anteriores". Si antes un joven trabajador alcanzaban una base de cotización, e sdecir, un salario, similar a la del resto a los 27 años, ahora no lo hacen hasta los 34, siete años más tarde. Esta situación hace cada vez más difícil "construir proyectos vitales con perspectivas de medio y largo plazo".

Más de la mitad de los jóvenes tiene dificultades para llegar a final de mes, una tasa situada seis puntos porcentuales por encima del promedio de la población. La juventud independizada vive en hogares con una renta un 15% inferior a la media, aunque esta brecha se eleva hasta un 40% por debajo en el caso de los jóvenes sin formación superior.

Y es que el estudio desglosa cuatro perfiles de jóvenes que se diferencian por su situación y oportunidades. El "más desfavorable" lo compone casi un millón de 'ninis' que ni estudia ni trabaja, el 14% del total. En el extremo opuesto, los que han contado con un "un entorno familiar o escolar favorable" han alcanzado estudios universitarios y disfrutan de trabajos cualificados, contratos estables y salarios elevados.

Entre estos dos extremos, figuran los jóvenes que trabajan, pero de forma irregular y con bajos salarios, y aquellos que han acabado la "formación posobligatoria" y tienen empleos que les permiten disfrutar de cierta estabilidad laboral. Pese a esta disparidad, hay tendencias comunes a todos.

En general, las personas jóvenes están más expuestas a los "vaivenes del ciclo económico", como ocurrió con los 'millenials' durante la Gran Recesión y la Generación Z durante la pandemia. y la calidad media de sus ocupaciones es peor. El 25,4% de jóvenes trabaja con contratos a tiempo parcial, 12 puntos por encima de la media del conjunto de la población, y la tasa de temporalidad de la juventud ocupada sigue doblando la del resto de trabajadores, pese a la reforma laboral.

El informe incide en que los jóvenes menos formados "tienen menos posibilidades de conseguir buenos empleos y progresar", tanto en estabilidad laboral como en salario, y las mayores ventajas las consiguen los que tienen estudios superiores.

El análisis señala que "descontado el efecto de otras variables distintas del nivel de estudios", los jóvenes que poseen "Formación Profesional de grado superior logran salarios medios un 11,3% mayores" que los jóvenes con solo hasta educación obligatoria y los universitarios "consiguen empleos un 33,8% mejor remunerados".

Un ascensor averiado

El informe admite la mejora del nivel educativo de los jóvenes; la mitad de los que tienen entre 25 y 29 años tiene estudios superiores, universitarios o de formación profesional, cuatro veces más que en 1980. Esto se traduce en una mayor "movilidad social", ya que el 59,2% de los que proceden de un "estrato socioeconómico bajo", pero han completado estudios superiores, "consiguen ascender al estrato alto".

En gran parte esto se debe a su preparación para ocupar puestos de trabajo que requieren "conocimientos avanzados en competencias que los mayores no pudieron adquirir". Así, los puestos más cualificados tienen un peso del 38,7% en el empleo entre los 25 y 29 años, mientras que entre en el conjunto de los ocupados se este porcentaje queda en el 35,6%.

Pero este "ascensor social" se ve limitado porque el sistema educativo "no ha priorizado en la asignación de sus recursos la compensación de las carencias del alumnado desfavorecido". Es decir, los factores socioeconómicos de origen y los antecedentes familiares siguen siendo determinantes del fracaso o el éxito educativo.

Además, tampoco los jóvenes más cualificados llegan al mercado de trabajo en una "situación laboral estable", pues la mayoría inician su vida laboral con "contratos de prácticas" y en una categoría salarial "inferior" a la que correspondería a su formación, pese a tener estudios superiores.

Esta falta de expectativas tiene graves consecuencias demográficas. El colectivo de jóvenes entre 16 y 29 años "representa actualmente el 14,8% de la población", 9 puntos porcentuales menos que en 1995, frente al peso de otras franjas de edad como los mayores de 65 años que ha crecido hasta el 20,2%. Por ello los jóvenes tienen menos capacidad para 'colocar' sus demandas en la agenda política.

WhatsAppTwitterTwitterLinkedinBeloudBeloud