Economía

El error de Lagarde con los sueldos que podría paralizar la bajada de tipos

  • Los pactos salariales se disparan a un ritmo inédito en 30 años 
  • El BCE confiaba se contuvieran para ayudar a frenar la inflación 
  • Los expertos apuntan a tensiones persistentes por la falta de mano de obra 
La presidenta del BCE, Christine Lagarde. Foto: Reuters

La confianza en una próxima bajada de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo centra las apuestas del mercado, alentada por una moderación de la inflación y el hecho de que el organismo no puede permitirse que su politica monetaria empuje a la economía de la zona euro por el abismo de la recesión. Sin embargo, Christine Lagarde sigue lanzando sorprendentes mensajes de cautela ante lo que denomina la "fortaleza" del mercado laboral. Un argumento que refleja el miedo de la máxima responsable de la política monetaria a repetir el que ha sido uno de sus mayores errores de diagnóstico en esta crisis.

La preocupación de los bancos centrales por los sueldos responde a los temidos efectos de segunda vuelta, es decir, que las mejoras en las nóminas para contrarrestar a la inflación retroalimenten los precios y supongan un quebradero de cabeza aún mayor para las empresas a la hora de mantener el ritmo. Pero esta posibilidad se ha visto especialmente agravada en la actual crisis inflacionaria, en la que una sorprendente falta de encaje entre oferta y demanda de mano de obra ha llevado a que los trabajadores tuvieran más poder que nunca para imponer sus condiciones a los empleadores. Y las compañías se veían obligadas a elevar sus ofertas (y contraofertas) salariales para fichar talento como para evitar que se fueran a la competencia.

Hasta mediados de 2022, los cargos del BCE expresaban su confianza en que la estructura de los acuerdos salariales iba a matizar este impacto en la zona euro. La clave estaba en que en el Viejo Continente tiene mucho mayor peso la negociación colectiva centralizada, es decir, entre patronales y sindicatos, que entre trabajadores individuales y empresas, como ocurre en Estados Unidos. Esto llevaría a que la volatilidad de los salarios, expresada en términos de costes salariales, se moderaría mucho antes.

Pero algo ha fallado en este cálculo y tras diez subidas consecutivas de tipos, esa tranquilidad se ha volatilizado. No hay intervención de Christine Lagarde que no lleve como titular una advertencia sobre los sueldos. Ni siquiera después de que en octubre el banco central se diera una pausa en su ofensiva monetaria ante la evidencia de que la mayoría de los indicadores, incluyendo el IPC, avanzara en dirección positiva y que la ortodoxia monetaria podía estar haciendo más mal que bien a la economía europea.

Aun así, Lagarde sigue lanzando mensajes inquietantes para los que dan por descontado que a partir de aquí los tipos solo pueden replegarse y reafirman los temores a que esta nueva fase se retrase 'sine die'.

Una evolución preocupante

Sucede que los convenios están haciendo exactamente lo contrario de lo que se esperaba. El indicador de salarios negociados del BCE registra en 2023 las mayores subidas interanual desde 1993. En el tercer trimestre se situó en el 4,69%, tres décimas que en el segundo trimestre, cuando hace un año estaba en el 2,62%. No subían tanto desde el primer trimestre de 1993, cuando se situaba en el 5,9%. Aquellos años estuvieron marcados por la caída de la URSS y la integración de las grandes economías en la unión monetaria como la conocemos hoy.

Así, los dos indicadores de referencia para el BCE, costes salariales y salarios negociados han crecido a la par, sin que el segundo frene al primero. Es más, en lo que va de año se aprecia que, aunque los costes empiezan a moderarse levemente, los convenios no. ¿Qué significa esto?

La explicación es sencilla. El BCE puede tener razón en que los convenios absorben las subidas provocadas por la volatilidad de la mano de obra y la 'fuga' de trabajadores, pero ha coincidido con una crisis inflacionaria ha durado dos años que no solo ha impedido que esto ocurra, sino que ha agitado la negociación colectiva.

Y si esta sube demasiado los sueldos no solo es más difícil pactar luego a la baja, sino que dichos acuerdos afectan a la totalidad de las plantillas, no solo a los que amenazan con irse. De hecho, los datos del tercer trimestre apuntan a que la subida de los sueldos negociados ya bate a la inflación por primera vez desde el primer trimestre de 2021, aunque el incremento ahora es más de tres puntos porcentuales superior que entonces.

Una 'trampa' que no se daba en mercados laborales más liberalizados como Estados Unidos, aunque allí las empresas que tiene que cumplir con los acuerdos también afrontan problemas y vuelve a establecer un curioso paralelismo entre los problemas de la Fed y el BCE, aunque las causas sean muy distintas. También el presidente del banco central estadounidense, Jerome Powell, habla de la resistencia de los sueldos como un factor que no invita al optimismo sobre las bajadas de tipos.

En el caso de la zona euro, lo que se impone es el temor a volver a equivocarse n el diagnóstico del sobre el mercado laboral. No son pocos los analistas que hablan de que las tensiones del mercado laboral responden a causas estructurales mucho más profundas, como el envejecimiento de la población activa, que ninguna política monetaria puede enmendar. Pero que, a su vez, tendrán repercusión en los salarios y costes laborales, y de ahí en los precios. Lo que amenaza con socavar los principios de la ortodoxia en política monetaria seguida por el BCE en los últimos dos años.

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