Economía

Encarcelamientos, vertidos nucleares... la guerra fría con China amenaza con destruir el plan económico de Japón

  • Nueve meses consecutivos de caídas en las exportaciones
  • Sin China las posibilidades de una recesión suenan con fuerza
  • Un boicot masivo, vetos comerciales, tensión política y desaceleración económica
(iStock)

La economía de Japón resiste en un entorno complicado pero se encuentra en un terreno peligroso. El país del sol naciente se encuentra atrapado en un complicado equilibrio entre una recuperación modesta y una recesión para 2024, mientras el yen se hunde por los movimientos de la Fed y el BCE. En ese delicado contexto, el factor diferencial y su tabla de salvación es China, su principal socio comercial, cuyas compras pueden elevar a su moneda y encender su economía para garantizar el crecimiento. Sin embargo, las exportaciones no paran de caer mes a mes, atrapadas en un despertar decepcionante tras sus políticas 'covid-cero' y una guerra soterrada entre las dos potencias asiáticas que está congelando las inversiones.

En 2022 China supuso cerca del 19,3% de todas las exportaciones que las empresas japonesas enviaban al mundo, por un valor total de 144.000 millones de dólares. Junto con EEUU (18,7% del total) es el gran pilar que sostiene la balanza comercial del país. El problema es que los pedidos desde Pekín no paran de apagarse, cayendo un 11% en el último mes y ya van nueve meses consecutivos de retrocesos. A pesar ello, Japón logró un superávit completamente inesperado de 84.000 millones de dólares debido a un desplome de las importaciones, especialmente por la fuerte caída de los costes de importación de la energía.

Además, también resistieron bien los pedidos de Europa y EEUU pero los expertos creen que estas dos situaciones pueden ser coyunturales y, más pronto que tarde, la situación con China puede suponer un auténtico problema para su economía. "Afortunadamente, en este momento, (la debilidad de las exportaciones de China) se ve completamente compensada por el aumento de las exportaciones a EEUU y Europa, pero como saben, hay muchas incertidumbres con respecto a las economías de EEUU y Europa", dijo Sayuri Shirai, economista. Profesor de la Universidad de Keio, en declaraciones a CNBC".

Miguel Lobo, experto de Deloitte, explica que, después de que Japón haya superado su PIB real prepandémico el segundo trimestre de 2023 al crecer un 1,2%, las exportaciones han sido el factor diferencial que ha permitido lograr este hito y que justificaría que éste continuase próximamente. "La fortaleza que hemos visto se debió al sector externo, donde un yen debilitado apoyó las exportaciones y ayudó a reducir las importaciones mientras la demanda interna está siendo débil, con una inflación (está en el 3%) que está erosionando el poder adquisitivo". En ese sentido Lobo deja claro que "lo más probable es que el crecimiento se desacelere a medida que la demanda externa caiga".

El yen ha sido el elemento clave para sostener la balanza comercial. La divisa se ha desplomado un 16,7% frente al dólar desde máximos de marzo y ha tocado mínimos de 30 años frente al dólar al superar el umbral de los 151,95. Desde Deloitte remarcan que el Banco de Japón es el responsable al dejar sus tipos de interés en el -0,1% mientras que la Reserva Federal y el Banco Central Europeo han emprendido subidas históricas en el 'precio del dinero' que hasta el 5,5% en el caso del primero y en el 4,5% en del del segundo. "La creciente brecha entre las tasas de interés de Japón y las de otros países ha pesado significativamente sobre el yen". Ahora, Lobo defiende que "la moneda seguirá devaluada, pero la debilidad económica del mundo limitará sus beneficios". A eso se le suma China, como gran amenaza.

Guerra fría con China

El Gobierno de Japón y el banco central del país contaban con China como el principal antídoto ante esta desaceleración, pero la realidad es que no solo su despertar ha decepcionado, sino que diversos focos de tensión han despertado focos de hostilidad entre ambos países que han tenido un impacto directo en el comercio.

Por un lado, el encarcelamiento por un supuesto caso de espionaje de un empresario nipón en Pekín, ha acaparado todas las portadas en el país del sol naciente. Este mismo mes las autoridades del gigante asiático han anunciado la detención de un hombre de 50 años cuyo nombre no ha trascendido y que llevaba 20 años trabajando en China para el grupo Astellas. Previamente había sido un alto cargo en la Cámara de Comercio de Japón en China.

"Las empresas están reconsiderando su situación en el país porque temen por su propia seguridad"

Japón ha pedido oficialmente su liberación mientras negocia la de otros cinco ciudadanos vinculados al sector empresarial. Desde 2015 ya van 17 detenciones en base a la ley contra el espionaje, pero este último caso ha despertado las dudas respecto a nuevas compras y proyectos. La inversión extranjera de Japón en China se ha desmoronado este año un 30%, en mínimos de 2014. En la última encuesta realizada por la Cámara de Comercio solo el 10% de las 8.300 encuestadas dijeron que aumentarían sus compras e inversiones en China mientras la gran mayoría (un 70%) hablaba de que recortaría las mismas.

Preguntado por el caso y cómo está influyendo en las relaciones comerciales entre ambos países, Takeshi Niinami, presidente de la patronal nipona de empresas en China, respondió que "la gente está preocupada de que puedan ser arrestadas repentinamente cuando van a China". Además, en una reciente entrevista a Reuters, Rahm Emanuel, embajador de EEUU en Japón avisó de que "las empresas japonesas están reconsiderando su situación en el país porque, en este momento, es difícil conseguir gente que vaya a vivir al país porque temen por su propia seguridad".

El 'boicot' chino a Japón

Pero el principal problema no viene precisamente del recelo japonés con sus vecinos. Una de las mayores amenazas en esta escalada de las tensiones ha venido, precisamente, de un boicot generalizado a diversos productos y que, finalmente, ha acabado un veto oficial por parte de China.

El problema comenzó este verano cuando Japón lanzó un plan para verter las aguas residuales de la planta nuclear de Fukushima en el Océano Pacífico. El plan contaba con el respaldo de la ONU y la Agencia Internacional de la Energía Atómica, calificando la radiación que llevará al mar de "insignificante". Sin embargo, sus vecinos cargaron duramente, en particular desde Pekín, afirmando que en Tokio habían tomado la decisión de "convertir el océano en su alcantarilla privada".

Fukushima (Reuters)
Fukushima (Reuters)

A raíz de este problema, la población China ha emprendido potentes boicots contra toda clase productos nipones. Se produjo entonces una avalancha de devoluciones de cosméticos fabricados en el archipiélago, además de todo tipo de productos de consumo diario. Posteriomente, China lanzó una prohibición ley de compra de cualquier producto procedente del mar.

"El gobierno chino siempre ha puesto a las personas en primer lugar y tomará todas las medidas necesarias para mantener y proteger la seguridad alimentaria y la salud pública", explicó el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Wang Wenbin, para justificar la decisión. La prohibición sigue en vigor a día de hoy y ha generado que (junto con los boicots), los alimentos vendidos a China se desmoronen un 41,2% frente al año anterior, según datos del ministerio de Finanzas. Japón ya ha denunciado a Pekín ante la OMC por esta decisión.

Así puede frustrar su 'despertar' pospandémico

Aunque el motivo fundamental detrás de las caídas de las exportaciones sigue siendo una economía China que no termina de despegar. En el tercer trimestre la nación asiática creció un 1,3% intertrimestral, tras solo un 0,5% en el segundo. Esto se traduce en un crecimiento del 4,9% interanual en el tercer trimestre, por debajo del 6,3% interanual del segundo cuarto, aunque estos datos se deben a la comparación con trimestres en la que las ciudades se encontraban confinadas. "El Gobierno estableció un objetivo de crecimiento del producto interior bruto (PIB) del 5% en 2023, muy lejos de los crecimientos superiores al 10% de la década de los 2000", explican desde Finect.

En cualquier caso, estas cifras están muy lejos del despertar pospandémico que esperaba el mundo. Además, el país se encuentra atenazado por numerosos problemas que están provocando que el gasto sea más moderado, como una crisis inmobiliaria (este sector supone cerca de un 30% de su economía) que está haciendo que la población se piense bien sus gastos. Los expertos de BBVA Research tienen claro que "la actividad económica, incluidas la producción industrial, la inversión en activo fijo y las ventas minoristas, mantuvo su senda descendente", unos datos que "muestran un claro rumbo hacia la ralentización y la deflación".

Toda esta situación ha pillado por sorpresa a un Japón que necesita de China para lograr una recuperación exitosa de su economía. El Centro de Investigación Económica de Japón ha anunciado como el indicador de probabilidad de recesión ha venido aumentando, pasando de una zona segura a una posibilidad del 56,3%. En su informe defienden que el protagonista de este incremento "es la industria manufacturera, que continúa descendiendo debido a la incertidumbre en las condiciones comerciales en el extranjero". Una situación que ahora está en aire y que puede cambiar por completo el panorama de toda Asia para 2024.

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