Economía

La economía de EEUU se enfrenta a un desafío inédito: la esperanza de vida se desploma frente al envejecimiento global

  • Los homicidios multiplican por 10 al porcentaje registrado en España
  • Los suicidios con armas de fuego, la segunda causa de muerte entre jóvenes
  • La esperanza de vida de EEUU es comparable a la de Kosovo o Líbano

En abril de este año se produjo un hito histórico: la población de India superó a la de China por primera vez desde que hay registros. Un hecho que se produjo por el rapidísimo enfriamiento demográfico chino provocado por las leyes, especialmente la del 'hijo único' que restringieron los nacimientos durante décadas y que ahora han dejado al país sin las suficientes mujeres para mantener la población estable y con la creencia de que un hijo es más que suficiente. Al otro lado del Pacífico, Estados Unidos observa con impaciencia el futuro encogimiento que sufrirá su mayor rival. Allí, la fertilidad es mayor y la fuerte inmigración que recibe el país -pese a los esfuerzos de gran parte del Partido Republicano- garantiza un crecimiento futuro. Pero en el gigante norteamericano hay un problema larvado que está empeorando en los últimos años: la esperanza de vida, que ya de entrada era mucho menor que la de sus pares, está cayendo a marchas forzadas.

Los datos son preocupantes. Hace una década, la persona media vivía tres años menos que en Canadá o cuatro menos que en España. Pero desde la pandemia, la esperanza de vida se ha desplomado con fuerza: de casi 79 años en 2019 a 76 en 2021. Un dato que ya les sitúa 7 años detrás de España o 6 detrás de Canadá, países que ya recuperaron en 2021 la mitad de lo perdido en el primer año del covid. En EEUU, sin embargo, las muertes siguen acelerándose, y han llevado al país a niveles comparables con los de Kosovo o Líbano, y por detrás de los de China (78).

Muere joven y deja un bonito cadáver

Uno de los datos más preocupantes es que la caída de la esperanza de vida está basada en un preocupante nivel de mortandad entre las personas más jóvenes. Como en todas las medias, una esperanza de 80 años supone que, por cada persona que muere a los 100 años, alguien debe morir a los 60. Pero en EEUU, la cifra de jóvenes que mueren y hunden la media bate con creces a Europa.

La mortalidad infantil, uno de los datos que separa claramente a los países desarrollados de los que aún necesitan mejorar, es sorprendentemente alta en EEUU: 5,43 bebés de cada mil mueren antes de cumplir el año, frente a los 3,2 de la UE o los 2,5 de España. El estado con menor mortandad infantil, California, con 3,92, está por detrás de casi toda Europa occidental. El peor país europeo, Bulgaria, con 5,6 muertes por mil, está al nivel de estados de riqueza media como Pensilvania o Nebraska. Y el peor estado de EEUU, Misisipi (8,12) está por detrás incluso de Ucrania (7,2). Este dato es un triste resultado de los altos precios de la sanidad: las personas que no tienen seguro médico, o que tienen uno muy básico, no pueden permitirse parir en un hospital ni seguir un control de salud postparto para la madre ni el bebé.

En total, el porcentaje de jóvenes (15 a 24 años) que mueren en EEUU es sorprendentemente alto: el triple que en Reino Unido y muy por encima de Canadá. Y lo peor de todo es que esa cifra no está cayendo, como en el resto de países desarrollados, sino que se mantiene estable. Las causas de esa diferencia son únicas: la gran cantidad de armas en circulación facilita los suicidios, que son la segunda causa de muerte en esas edades, junto a la conducción temeraria y otras actividades arriesgadas. Y cuantos más jóvenes mueran, más cae la media de esperanza de vida de toda la población.

Una amenaza demográfica

Todos estos datos suponen un gran coste económico. Primero, la gran crisis social que vive EEUU, con una fuerte división entre zonas rurales en caída y zonas urbanas en ascenso, puede crecer aún más si la población de esas zonas deprimidas sigue muriendo a un ritmo superior a la media, radicalizando aún más a unos habitantes que se sienten abandonados frente a la riqueza que registra el resto del país.

Económicamente, todos esos jóvenes muertos suponen un gran coste al país, ya que toda esa gente solo ha supuesto gastos a sus familias y al Estado (crecimiento, educación...) pero no han llegado a dar lo mejor de sí, en el trabajo y en la sociedad, antes de morir. Y el hecho de que los mayores de 65 años mueran a un ritmo similar al de los países europeos supone un problema a la hora del sostenimiento de las pensiones: proporcionalmente hay menos jóvenes para pagar a los mismos mayores, lo que requiere más inmigrantes para cotizar en su lugar.

Lo más extraño es que, mientras la mayor parte de países del mundo se enfrentan a un envejecimiento generalizado y a una escasez de bebés, EEUU sigue teniendo unas tasas de fertilidad decentes (1,66 bebés por mujer, superiores a las de la mayoría de Europa y Asia), que se complementan por una gran cantidad de personas que aspiran a mudarse al país para prosperar. Su peligro no es tanto la falta de reproducción, sino el hecho de que su pirámide demográfica puede asemejarse a la de un país en guerra: muchos mayores pero una gran falta de jóvenes. Y especialmente faltan hombres: en 6 estados no llegan ni a los 70 años de vida media. En Europa, eso solo ocurre en cuatro: Bulgaria, Letonia, Lituania y Rumanía.

Ese agujero, si no se revierte pronto, podrá causar ecos en las generaciones futuras, en las que faltarán los bebés de esos jóvenes que no crecieron. Y si el país sigue captando millones de inmigrantes para cubrir su agujero demográfico, los problemas serán otros: un agravamiento de las tensiones nacionalistas y antiinmigración que, curiosamente, se dan más en el sur, donde más están muriendo sus habitantes.

El sur profundo, riesgo de muerte

Los datos dentro del país son bastante gráficos. Los estados con menor esperanza de vida coinciden con el Sur profundo: Alabama, Kentucky, Misisipi, Luisiana, Arkansas, Tennessee... Estados donde se dan los mayores niveles de pobreza o tenencia de armas, entre otros. Pero también un dato que apunta a los riesgos de la polarización informativa que se ha dado en este tiempo: según un estudio de la Asociación Médica Americana, publicado la semana pasada, las muertes por covid fueron un 43% más altas entre votantes republicanos, cuyos líderes y medios de comunicación les recomendaban no protegerse ni vacunarse, que entre los demócratas. Y fue precisamente en esa colección de estados sureños donde Donald Trump arrasó con sus mejores resultados.

Pero el problema mortal de EEUU no se queda ahí. El diseño urbano de gran parte del país, pensado por y para los coches, obliga a la inmensa mayoría de la población a conducir a todas partes. Y el individualismo y el rechazo a la autoridad se combina con ello para disparar las muertes en accidentes de tráfico: 13 muertes por 100.000 habitantes, casi tres veces más que las 3,38 víctimas registradas en España, impulsadas por el rechazo a los cinturones de seguridad o la conducción ebria. Y en los estados del sur, las cifras se disparan, hasta las 26,2 en Misisipi. Incluso los dos estados más seguros (los norteños Rhode Island y Nueva York, con 5,7 y 5,8 muertes por 100.000 habitantes, respectivamente) superan con creces a las cifras de los países de Europa occidental.

Y la enorme existencia de armas también ha disparado los datos de homicidios a niveles inimaginables en Europa. El número de muertes violentas multiplica por 10 la cifra registrada en España: 6,52 víctimas por 100.000 habitantes frente a las 0,61 en nuestro país. Incluso Francia y Suecia, países con una reputación negativa por sus revueltas y por la existencia de bandas juveniles, apenas llegan a 1,08 homicidios por 100.000 habitantes.

Y todo eso sin mencionar el grave problema de drogas. En muchos de esos estados más pobres, una parte importante de la población ha acabado enganchada a los tranquilizantes que se recetaban para combatir la depresión y que se han revelado mucho más adictivos y problemáticos de lo que aseguraban sus fabricantes. Y esa crisis ha abierto las puestas al fentanilo, una droga de la misma familia de la heroína, pero que es 50 veces más fuerte, y que está detrás de una oleada de muertes por sobredosis.

La mayor esperanza, sin embargo, es que EEUU ha logrado ser el país más rico del mundo pese a todos los numerosos problemas que sufre y pese a las desventajas que tiene frente a sus homólogos desarrollados en Europa, América o Asia. Todo lo que logre avanzar en el futuro para acercarse a ellos no hará más que fortalecer y enriquecer aún más al país. Pero para ello, deben centrarse en erradicar la fuerte desigualdad económica, facilitar el acceso a la sanidad de los más pobres y repensar por completo su modelo de transporte. Unos retos muy complejos para el medio plazo, y que abocan a EEUU a ser una anomalía mortal.

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