Economía

Trump sigue siendo el mayor 'cisne negro' de EEUU: el expresidente se cuela en la bajada de 'rating'

  • La imputación por el intento de golpe de Estado tensiona aún más al país
Asaltantes en el Capitolio de EEUU en enero de 2021. Foto: Europa Press

Donald Trump sigue siendo el mayor 'cisne negro' que ha vivido EEUU. El martes por la noche, dos noticias sacudieron el país de forma simultánea. En el mundo económico, fue la bajada de rating de EEUU por parte de Fitch, del AAA que tenía hasta ahora a AA+. Y, en el mundo político, en ese mismo momento, la imputación del expresidente por el intento de autogolpe de Estado que culminó con el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021. Dos noticias que están más relacionadas de lo que parece a simple vista.

Según ha revelado la agencia Associated Press, Fitch ha informado al Gobierno de EEUU de que uno de los motivos detrás de la rebaja de su calificación crediticia es la inestabilidad política que vive el país. Y la persona y el hecho señalado específicamente por la agencia como el ejemplo principal de esta tensión no son otros que Trump y aquel día de enero en el que miles de 'trumpistas' asaltaron el Congreso de EEUU con la intención de asesinar al entonces vicepresidente Mike Pence y detener la investidura de Joe Biden. El año pasado, la propia agencia Fitch publicó un informe que apuntaba a que la estabilidad gubernamental de EEUU había caído significativamente entre 2018 y 2021, aunque reconocía que se había recuperado bajo el mandato actual de Joe Biden.

"Conspiración para defraudar a EEUU"

La imputación, la más grave registrada contra un presidente de EEUU en la historia del país, acusa a Trump de cuatro delitos: defraudar al Gobierno de EEUU al intentar alterar los resultados electorales certificados; conspirar contra el derecho de los ciudadanos al voto; conspirar para obstruir un procedimiento oficial (la investidura de Biden) y la obstrucción efectiva de dicha sesión.

En el documento, el fiscal especial Jack Smith relata que todo el entorno de Trump, desde el vicepresidente Pence a su equipo de campaña y los abogados oficiales de la Casa Blanca, le dejaron claro que había perdido las elecciones. Pero el presidente se negó a aceptar el resultado y se aferró a una lista interminable de bulos y teorías conspirativas para intentar apelar los resultados electorales de los seis estados clave en los que había perdido.

Pero cuando los tribunales rechazaron todas las denuncias de Trump por falta de pruebas o por basarse en bulos fácilmente desmontables, el presidente, según la acusación, organizó un plan para nombrar sus propios delegados en los estados en cuestión. El plan conllevaba presionar a los parlamentos estatales para que cancelaran el nombramiento de los delegados designados por Biden, como ganador de las elecciones en dichos estados, y que nombraran en su lugar a los designados por Trump alegando supuestas "sospechas" de irregularidades, basadas en los mismos bulos que los tribunales habían descartado de plano.

Cuando los estados se negaron a cambiar los resultados oficiales de las elecciones, Trump pasó a presionar a Pence, que iba a presidir la sesión de investidura del nuevo presidente. Su teoría es que la presidencia de ese acto no era ceremonial, sino que podría invalidar unilateralmente los votos de los delegados que él quisiera, pese a que ni la ley ni la Constitución plantean tal posibilidad. Si no aceptaba anular unilateralmente los votos a favor de Biden, su plan B era presionarle para que devolviera esos votos a los estados para que 'decidieran si eran válidos', alegando falsamente en numerosos tuits y mensajes públicos que los parlamentos de dichos estados se "estaban arrepintiendo" de haber aceptado los resultados oficiales.

El escrito explica que Pence se negó a hacer ninguna de las dos cosas, a lo que Trump respondió que su vicepresidente era "demasiado honesto". Como respuesta, Trump alentó a sus seguidores a asaltar el Congreso durante la sesión de investidura y amenazar de muerte a Pence, con la esperanza de evitar que se confirmara la victoria de Biden y presionar de nuevo a los estados para que cambiaran sus resultados electorales.

Un año y medio de tensión

La imputación abre la puerta a un año y medio de renovada inestabilidad. Trump, que ya tiene encima acusaciones por un centenar de delitos distintos en tres tribunales del país, y que está a la espera de una cuarta gran imputación por intentar alterar los resultados electorales en Georgia, es el gran favorito para ser el candidato republicano a las elecciones presidenciales del próximo año. Incluso si fuera condenado antes de que comenzara la campaña electoral propiamente dicha, en agosto, la Constitución no impide que un candidato haga campaña y sea elegido desde la cárcel.

Enfrente, Biden tiene todas las papeletas de ser el candidato demócrata. Su mayor debilidad es la edad (aunque solo tiene cuatro años más que Trump), las dudas sobre su aguante físico y unos datos de aprobación mediocres. Pero una campaña centrada en juicios contra uno de los dos candidatos, en su mayoría por los delitos más graves contra el Estado jamás juzgados, sería algo sin precedentes en la historia de EEUU. Trump sigue siendo completamente impredecible, y nada indica que vaya a cambiar.

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