Economía

Los parados mayores de 45 años superan el 57% del total, el nivel más alto de la historia

El porcentaje de mayores de 45 años en el paro registrado alcanzó el pasado mes de mayo el 57,17% el máximo de una serie histórica que se remonta a 1996, cuando suponían el 22%. Un récord que confirma que los trabajadores seniors afrontan cada vez más dificultades para retomar su carrera profesional.

En los anteriores comicios, los de noviembre de 2019, esta tasa se situaba en el 51%, aunque la cota del 50% se rebasó en abril de 2018. La pandemia tuvo el efecto de reducir el porcentaje al 48%, en parte por el fuerte incremento en el resto de las franjas de edad. Pero la reactivación de la actividad y el 'rebote' en la contratación llevó a que el porcentaje de desempleados 'senior' se elevara de nuevo.

Tampoco la reforma laboral, que ha disparado la contratación indefinida mientras la temporal se recorta, ha contribuido a equilibrar la composición del paro. Este se ha reducido a tasas interanuales del 6,3%, pero el mayor descenso se concentra en la franja entre 25 y 45 años, en la que cayó un 9,9%, mientras que entre los menores de 25 años retrocedió un 5,9%. Entre los 'seniors' solo lo hizo en un 3,9%. De ahí que tengan cada vez más presencia entre los parados registrados en las oficinas del SEPE.

Que se cree empleo y el paro descienda, pero un grupo de edad aumente su peso en el total del paro tiene una lectura clara: sus dificultades para encontrar empleo aumentan, ya sea porque las ofertas no encuentran empleos adecuados o porque reciben incentivos para no buscarlo, como estar inmersos en una prejubilación. En cualquier caso, se trata de un problema creciente en la economía española, sobre todo a partir de la crisis financiera.

¿Es una cuestión de 'edadismo', es decir, de discriminación por edad? Hay estudios que apuntan en esta dirección. Así, una reciente investigación de la Fundación Iseak demostró que una persona de 49 años tiene que mandar el doble de currículos para lograr una entrevista de trabajo que una de 35 años, una brecha que aumenta con el nivel de cualificación. Un experimento que confirma lo que muchos desempleados denuncian: que a partir de cierta edad se hacen invisibles para las empresas. Pero también para los políticos.

Precisamente, en una Legislatura en la que se han introducido leyes que han introducido la nulidad de despidos por motivos de salud o de identidad sexual, nadie se ha atrevido a plantear lo mismo en el caso de la edad. Y es que en España persiste la idea de que la salida de los mayores del mercado laboral facilita la entrada de los jóvenes.

Caras de la misma moneda

La agenda política y reformista ha puesto el foco en el empleo juvenil por una buena razón. España tiene un gravísimo problema en este ámbito que explica que se convierta en el foco de las políticas activas de empleo y las educativas. Aunque en términos de peso han seguido el camino inverso: han pasado de suponer el 21% del paro en 1996 al 6,9%, su mínimo histórico.

Sin embargo, tampoco esto es una buena noticia porque no se debe a que tengan más facilidad para encontrar trabajo que hace treinta años, sino a que cuentan con menos incentivos para apuntarse al paro. La falta de oportunidades retrasa su entrada en el mercado de trabajo y cuando lo hacen se encuentran con empleos de corta duración o precarios con una cotización insuficiente para generar derecho a prestación. 

Algo que el Gobierno ha intentado corregir con la reforma laboral, una norma que, sin embargo, no ofrece soluciones a la otra cara de la moneda: la destrucción de empleo senior y su discriminación en la contratación, que lleva a que la vida útil laboral en España sea cada vez más corta en España. Ello a pesar, también, de que el paro senior es el que más impacto tiene en el gasto en prestaciones y subsidios por desempleo: los afectados han cotizado de sobra para percibirla.

En los últimos tiempos, solo la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha cambiado su discurso. Hace apenas dos años celebraba el descenso del paro de los menores de 25 años dirigiéndose a sus madres, olvidando el hecho de que el 61% de los parados de mayores de 45 años son mujeres, con lo cual estas progenitoras tenían un riesgo elevado de encontrase atrapadas en el paro.

Aunque en el último año, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, ha cambiado su discurso en este ámbito. Si bien su propuesta más concreta y publicitada en esta línea ha sido la de introducir indemnizaciones disuasorias por despido improcedente, mayores de la tasada legalmente, también ha actuado para que las recolocaciones en los despidos colectivos prioricen  a los mayores de 52 años.  

Cultura de la prejubilación

En concreto, la nueva Ley de Empleo, que entró en vigor en marzo, establece que el desarrollo del plan de recolocación externa que ejecutan ETTs y agencias de colocación y que acompaña a todo despido colectivo de más de 50 trabajadores, deberá procurar "en particular", el retorno al mercado de trabajo de aquellos "cuyos contratos se hayan extinguido por despido colectivo después de los cincuenta y dos años, evitando toda discriminación por razón de edad". Una medida que deja claro que Díaz es consciente que encarecer 'selectivamente' el despido no va a ser suficiente para evitar esta sangría de talento, sobre toda si se ve 'subvencionada' por las prestaciones y subsidios, en especial el de mayores de 52 años.  

Una medida sorprendente cuando, precisamente, buena parte de estos despidos se enmarcan en procesos de 'prejubilación', que aprovechan un esquema de encadenamientos de prestaciones y subsidios hasta la edad de poder jubilarse anticipadamente. Sin embargo, el Ejecutivo  no lo ha modificado en su reforma de las pensiones. Todo lo contrario: el PSOE lo facilitó aún más cuando en 2019 recuperando los subsidios para mayores de 52 años sin establecer medidas para impedir que las empresas los usaran para ofrecer 'bajas incentivadas' a  trabajadores cada vez más jóvenes. En el caso de la planta de Ford en Almussafes, se ha llegado a los 53 años.  

Pero tampoco las políticas del PP han sido eficaces. Durante su etapa de Gobierno, entre diciembre de 2011 y junio de 2018, el peso del paro de los mayores de 45 años pasó de suponer el 37% al 51% del total. El doble de lo que ha crecido con Pedro Sánchez de presidente.

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