Economía

La intención de Rusia es seguir siendo socio de Irán a largo plazo

El presidente de Rusia, Vladímir Putin y el presidente de Irán, Ebrahim Raisi. EUROPA PRESS

Las relaciones bilaterales entre la Federación Rusa y la República Islámica de Irán están profundizándose desde el comienzo, el 24 de febrero de 2022, de la guerra provocada por Estados Unidos y por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia en Ucrania.

Para Moscú, desde entonces, este acontecimiento ha servido de incentivo para romper definitivamente con Europa y para virar con decisión el foco de sus intereses hacia Eurasia.

En ese contexto, Irán ha cobrado una importancia singular para la diplomacia rusa.

Rusia siente que su situación actual es asimilable a la que, desde hace años, sufre Irán bajo las sanciones económicas de Occidente.

De hecho, Rusia cree que, en el momento actual, los países occidentales han perdido interés en reeditar el llamado acuerdo nuclear con Irán -Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA), en inglés- y, por ello, Irán necesita profundizar sus relaciones bilaterales con Rusia tanto como Rusia con Irán.

El tráfico de visitas diplomáticas entre Moscú y Teherán está creciendo, como prueban las reuniones que, recientemente, han celebrado los ministros de Energía y los ministros de Petróleo de ambos países y las sesiones que han tenido lugar de la Comisión Conjunta de Cooperación Económica Irán-Rusia.

Asimismo, el documento de entendimiento que las dos grandes compañías petroleras de ambos países, Gazprom y la Compañía de Petróleo Nacional de Irán -NIOC, por sus siglas en inglés-, firmaron en 2021 está facilitando la aceleración de las operaciones de permuta, de la cooperación técnica y de la construcción conjunta de oleoductos que están teniendo lugar en la actualidad.

Todo ello ha coadyuvado para que el comercio bilateral entre Rusia e Irán, en 2022, superara los $4 millardos.

Dicha colaboración se ha trasladado, además, al terreno financiero, ya que, desde febrero de 2022, ambos países están fuera de SWIFT -Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication, la compañía belga que provee de servicios a los bancos mundiales para la ejecución de pagos y de transacciones financieras internacionales-, lo que ha incentivado la armonización de los sistemas financieros respectivos de Rusia y de Irán.

Moscú está persuadida de que tiene mucho que aprender de la experiencia acumulada durante los últimos años por Teherán sobre cómo manejar su economía en un entorno de sanciones extensas y sostenidas en el tiempo.

Por otra parte, para Rusia, la ubicación geográfica de Irán representa una oportunidad inmensa como centro de transporte y de logística dentro del espacio euroasiático y su tupida red de líneas de comunicación ferroviarias con el Próximo Oriente tienen una importancia destacada para Rusia.

De ahí, el interés de Rusia en reforzar la cooperación con Irán desde la Unión Económica Euroasiática (UEEA) -formada por Armenia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Rusia, es decir, un mercado de 180 millones de personas y de 1,9 billones o en cultivar y apadrinar el ingreso iraní en el grupo de los países que componen los BRICS- por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

La aspiración de Rusia sobre el futuro de sus relaciones bilaterales con Irán es avanzar desde la conexión existente a relaciones más profundas y mantenidas en el tiempo.

Rusia acepta que las sanciones económicas y de otro tipo que ambos países sufren desde Occidente han unido a los dos países en esta coyuntura.

Sin embargo, Rusia quiere identificar intereses más profundos entre ambas naciones, que vayan más allá de la situación presente y de la competencia tradicional entre los dos países en los mercados internacionales del petróleo.

Por ejemplo, aunque pueda parecer contra intuitivo, Rusia está persuadida de que un nuevo JCPOA serían buenas noticias para Moscú porque serían buenas noticias para Teherán.

Rusia no quiere ser un socio temporal y pasajero de Irán, sino, más bien, le gustaría serlo en el largo plazo sobre las bases de expectativas realistas para las dos partes.

Para ello, Rusia cree que serán necesarios entre 3 y 5 años para alcanzar ese nivel de cooperación económica más profunda y sofisticada.

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