Economía

El choque entre la inflación 3D y la automatización alumbrará un nuevo régimen de precios que dominará las próximas décadas

  • La inflación 3D está compuesta por la demografía, desglobalización y descarbonización
  • Estos tres factores amenazan con ser netamente inflacionarios en los próximos años
  • La automatización y la digitalización tienen la capacidad suavizar esos factores
Los buques portacontenedores como representación de la globalización que se apaga poco a poco. Foto de iStock

La inflación reapareció en nuestras vidas a finales de 2021 con una fuerza inusitada. Desde entonces, la evolución del IPC se ha convertido en una de las grandes preocupaciones de los consumidores y de los mercados. Sin embargo, aunque la inflación ha vuelto por todo lo alto, el fuerte auge de los precios desde 2021 tiene poco que ver con los factores estructurales que definirán el futuro de la inflación durante las próximas décadas. La inflación actual es consecuencia de las políticas monetarias y fiscales llevadas a cabo durante la crisis del covid, y del impacto de la guerra de Ucrania en los precios de las materias primas. Sin embargo, hay otros factores que pueden ser aún más poderosos y que de su evolución dependerá el futuro de la inflación: demografía, desglobalización, descarbonización (inflación 3D) y, por otro lado, la automatización, robotización o digitalización (para que sean ya 4D en lugar de 3) de los procesos productivos.

Mientras que todo hace indicar que los tres primeros factores (inflación 3D) impulsarán los precios al alza en las próximas décadas, la tecnología y la automatización tiene la capacidad de amortiguar, al menos en parte, el impacto de las 3D. Tanto unos factores como otros ya están enseñando 'la patita' y generando algunos movimientos en el mercado laboral o en las cadenas de suministro. No obstante, el choque total no se ha producido todavía. Aún queda tiempo para que la descarbonización sea un proceso ampliamente extendido o para que, por ejemplo, el sector servicios esté plenamente automatizado (que un robot nos ponga las cañas con unos panchitos y nos traiga la cuenta).

Un nuevo régimen de precios

Lo que parece claro es que del desenlace de este choque nacerá el nuevo régimen de inflación. Si la tecnología no es capaz de aplacar la falta de mano de obra o de mejorar la eficiencia en la producción de energía a través de las renovables, el mundo podría sufrir escasez de personal en ciertos servicios (médicos, educación, construcción) y adentrarse en una peligrosa espiral inflacionaria. Si por el contrario, la tecnología es más poderosa y la mano de obra deja deja de ser un factor clave en muchas tareas, el resultado puede ser el opuesto. O quizá, el desenlace sea un mundo en el que ciertos bienes o servicios sean muy baratos y accesibles (han sido automatizados), mientras que otros queden fuera del alcance de millones de personas.

A primera vista, con la tecnología disponible hoy, todo hace presagiar que la inflación 3D se impondrá en el futuro y el mundo se adentrará en un nuevo shock inflacioniario que perdurará años. Sin embargo, como destaca el economista y profesor Javier Santacruz en declaraciones a elEconomista.es "siempre hay factores inesperados que aparecen y cambian completamente las dinámicas económicas. Y eso es justamente lo que ha pasado en menos de tres años entre pandemia y crisis inflacionista". La evolución, la ciencia y la tecnología ya 'destrozaron' las teorías más catastróficas de Thomas R. Malthus acerca del crecimiento de la población y la escasez de recursos en la tierra. Ahora podría suceder algo similar, o no.

La inflación 3D

Volviendo a las 3D (descarbonización, demografía y desglobalización), los economistas del banco ING publicaron a finales de 2022 un artículo en el que analizaban la fuerte inflación que sufría la Eurozona, y que sigue sufriendo, a la vez que realizaban una tenebrosa predicción de cara al futuro.

En un apartado llamado 'Factores de largo plazo' explicaban que durante las últimas décadas, la credibilidad de los bancos centrales de los países desarrollados, las nuevas metas de inflación y varios factores globales habían reducido la inflación estructuralmente. En particular, la globalización y la digitalización fueron dos enormes impulsores de la deflación o desinflación. Pero a la vez, estos expertos vaticinaban que "mirando estas tendencias estructurales, se puede observar que los próximos años traerán más presión alcista sobre los precios. Esto es lo que llamamos inflación 3D, es decir, inflación impulsada estructuralmente por la descarbonización, la desglobalización y la demografía".

-Descarbonización. Los economistas de ING creen que la guerra en Ucrania generará una apuesta por las energías verdes (alejadas del petróleo y el gas ruso) que puede tener un impacto notable en los precios. La apuesta por estas energías se va a producir cuando aún no son maduras ni estables, lo que podría tener un coste importante para los europeos.

"Se acelerará la transición verde en Europa y es probable que esta descarbonización sea inflacionaria, al menos en las etapas iniciales. La inversión en energías renovables traerá primero una demanda adicional de combustibles fósiles y materias primas. Es probable que la transición hacia las energías renovables haga subir los precios inicialmente antes de que las energías renovables y la autonomía energética conduzcan a precios más bajos. Además, a medida que intentamos avanzar hacia las emisiones cero, es probable que los gobiernos europeos incentiven este proceso implementando impuestos al carbono", aseguran los economistas de ING.

La esperanza es que esto signifique una mayor seguridad energética, al menos a corto plazo, y menos fluctuaciones en los precios mundiales de la energía, lo que debería ayudar a reducir las presiones inflacionarias.

-Desglobalización. El propósito de la deslocalización y la globalización que han dominado las últimas décadas era reducir los costes laborales y permitir economías de escala que hiciesen los procesos más eficientes y menos costosos. Ahora, las prioridades están cambiando y se centran en garantizar la seguridad y la estabilidad de los suministros frente a la eficiencia y los menores costes.

"El contexto ha cambiado como consecuencia del debilitamiento de algunos de los principales factores moderadores de los dos primeros decenios del siglo: la integración de China en la economía global –un proceso que ya ha concluido y que incluso podría revertirse a medida que surgen barreras proteccionistas; y la existencia de una abundante mano de obra dispuesta a aceptar salarios bajos", apunta Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas en declaraciones a elEconomista.es. Los economistas de Allianz denominan a este periodo como la 'divina coincidencia' por todos los factores desinflacionarios y pro-crecimiento que coincidieron en el tiempo.

¿Habrá desglobalización y deslocalización total? Ahora, la tendencia podría ser la opuesto aunque con algunos 'peros'. La 'vuelta a casa' es la intención de muchas empresas, sin embargo aún no se han producido grandes cambios que hayan generado un vuelco en las balanzas comerciales de los países. Salvo bienes muy específicos, China y Asia en general siguen nutriendo a Occidente de bienes.

"La desglobalización no será exagerada porque es demasiado oneroso y farragoso una relocalización general de cadenas de suministro en mercados de origen, y hay otros factores potentes que van en la dirección contraria, como el avance tecnológico y la concentración empresarial, que restan poder negociador al empleado y con ello lastran la inflación", asegura Leopoldo Torralba, economista-Jefe de Arcano Partners, en declaraciones a elEconomista.es.

No obstante, cada vez se habla más de 'repatriar' empresas y la producción, algo que gusta entre el electorado. Aunque el movimiento aún no sea ni mucho menos evidente, el debate seguirá vivo. Si la producción que hoy se encuentra en países con salarios bajos respecto a Europa comienza volver al Viejo Continente o a EEUU, este proceso de desglobalización será inflacionario.

-Demografía. La caída de la población en edad de trabajar al mismo tiempo que se incrementa la tasa de dependencia total puede ser un factor inflacionario de calado. En unos años, una porción cada vez menor de la población tendrá que 'sostener' a una porción cada vez mayor.

Algunos expertos aseguran que esta tendencia será inflacionaria. No obstante, hay otra corriente que asegura que el envejecimiento es desinflacionario, puesto que las personas de edad avanzada tienden a consumir menos y a ahorrar más. Lo cierto es que no existe todavía una hipótesis que parezca imponerse con claridad. Lo que está claro es que en los países avanzados, salvo que se produzca una llegada masiva de inmigrantes, se va a reducir con fuerza la población en edad de trabajar, mientras que la población mayor de 65 años ganará peso durante varias décadas.

¿Se puede sostener la tasa de dependencia?

Entre los expertos que ven este invierno demográfico como inflacionario se encuentran los economistas Charles Goodhar y Manoj Pradhan, profesores de economía, que publicaron en 2021 su gran obra 'La Gran Reversión Demográfica, sociedades que envejecen, una desigualdad menguante y el resurgir de la inflación'.

De una forma sencilla, Goodhar y Pradhan explican que durante años hemos disfrutado de una fuerza laboral creciente y abundante que ha permitido que la economía crezca sin generar tensiones inflacionistas (muchas personas produciendo y pocas dependientes). Las personas en edad de trabajar producen más de lo que consumen (presionan a la baja la inflación), mientras que los niños o los ancianos consumen más de lo que producen (presionan al alza la inflación).

La población de la UE se estancará
La población de la UE se estancará

"La irrupción de China como superpotencia económica ha sido la narrativa dominante de las últimas tres décadas. El ascenso de China como principal característica de la globalización, junto con un punto óptimo beneficioso en la demografía, impulsó la producción hacia arriba y la inflación hacia abajo en las economías avanzadas.", sostienen los economistas. Estas tendencias están comenzando a revertirse y provocarán, probablemente, el impacto contrario en los precios, siempre según los modelos de estos economistas. La zona euro es una de las regiones con un problema de envejecimiento más agudo de todo el mundo.

La tasa total de dependencia (contando niños y ancianos) en la EU-27 fue del 55,5% en 2020, lo que significa que había alrededor de dos personas en edad de trabajar (15-64) por cada persona joven o mayor que pudiera depender de ellas (es decir, de 0 a 14 años o de 65 años y más).

Evolución de la pirámide poblacional de la UE. Gráfico realizado por Enrique Boyero
Evolución de la pirámide poblacional de la UE. Gráfico realizado por Enrique Boyero

Desglosando esto, la tasa de dependencia de la tercera edad (los de 65 y más años frente a los de 15-64 años) era del 32%, por lo que había unas tres personas de 15-64 años por cada persona de 65 años o más. La tasa de dependencia de los jóvenes (de 0 a 14 años frente a los de 15 a 64 años) fue del 23,5%, lo que significa que había aproximadamente cuatro personas en edad de trabajar por cada persona de 0 a 14 años.

Según las proyecciones del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo, la tasa total de dependencia podría acelerarse intensamente y se prevé que alcance el 61,8% en 2030 y el 76,1% en 2050 antes de aumentar más lentamente, superando el 80% (proyección del 80,8%) en 2080. En estos niveles habría en torno a cinco personas en edad de trabajar (15-64) por cada cuatro personas mayores o menores de esta franja de edad.

Esto tendrá serias implicaciones políticas para el crecimiento económico, la sostenibilidad fiscal, la salud y los cuidados a largo plazo, el bienestar y la cohesión social, especialmente porque el principal impulsor de este aumento es la tasa de dependencia de las personas mayores, que se prevé que alcance el 39,1% en 2030 y 52% en 2050, según un documento del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo.

Esto quiere decir que, en 2050, habrá menos de dos personas en edad de trabajar (15-64) por cada persona de 65 años o más, dos veces menos que en 2001, cuando había unas cuatro personas en edad de trabajar por cada persona de 65 años o más. Por el contrario, se prevé que la tasa de dependencia de los jóvenes disminuya primero al 22,6% en 2035 y luego aumente lentamente al 24,3% en 2060 y alcance el 25,1% en 2100, según el informe encargado por el Parlamente Europeo y publicado a finales de 2022.

Torralba, de Arcano Research cree que en "el corto plazo, los salarios acelerarán para recuperar poder adquisitivo y porque el desempleo cada vez es menor, mejorando el poder negociador del empleado. Se trata de una situación coyuntural normal para el ciclo en el que estamos.  A largo plazo, la debilidad demográfica también favorecerá la subida salarial, pero por otros factores antes reflejados, al final las subidas salariales no serán exageradas ni descarrilarán la inflación". 

Esos factores que señala Torralba están relacionados con el avance de la tecnología y su impacto sobre el factor trabajo. Existe mucha literatura acerca de esta tendencia que amenaza con restar peso a los salarios en la producción total (las máquinas tomarán el poder). Ahora se ha comenzado a hablar de la era de 'globotics', término acuñado por el economista Richard Baldwin para referirse a la automatización o robotización de los servicios y el creciente peso de estos en el comercio internacional. Este experto asegura que la 'globotics' ejercerá presión a la baja sobre los precios. El resultado final dependerá de si la población en edad de trabajar cae más deprisa de lo que avanza la tecnología o viceversa.

Torres, de Funcas, coincide y señala que "la digitalización y las aplicaciones derivadas de la inteligencia artificial podrían compensar la desglobalización y el cambio demográfico. Sobre todo, pese a la reducción del paro y la multiplicación de vacantes, los salarios apenas reaccionan a nivel agregado (solo lo hacen en algunos sectores tensionados) en un contexto dominado todavía por la inseguridad y el legado de precariedad", señala este experto.

Javier Santancruz cree que ponderando todos estos factores es probable que "la inflación vuelva a situarse en los niveles promedio de los últimos 40 años, entre el 3% y el 5%. Aunque tampoco hay que descartar que a muy corto plazo pudiera incluso bajar la tasa al 1% o por debajo, porque los movimientos extremos de precios provocan movimientos pendulares: de un extremo a otro".

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