Economía

El derrumbe de Truss se lleva por delante los sueños de convertir a Reino Unido en el 'Singapur europeo'

  • El plan de la liberalización radical no ha aguantado ni 45 días
  • Hasta los grandes defensores del Brexit están tirando la toalla
Liz Truss anuncia su dimisión ante la mirada de su marido. Foto: Europa Press

Hace más de una década que los grandes ideólogos del 'Brexit' llevaban planeando este momento. Liz Truss y Kwasi Kwarteng, por aquel entonces diputados rasos, escribieron un libro titulado Britannia Unchained en el que argumentaban que lo que necesitaba el país era liberarse de las cadenas de Bruselas para derogar regulaciones, bajar impuestos y convertir al país en el "Singapur en el Támesis", un país ultraliberal que aplastara a la envejecida y ultrarregulada Unión Europea. Y todo fue según lo previsto: el Brexit se hizo realidad tras años de batalla y, en septiembre de 2022, la pareja por fin se hizo con los mandos del país para hacer realidad su sueño. Y el duro despertar ha llegado tras apenas 45 días, con el país en medio de una crisis financiera y el Partido Conservador ardiendo por los cuatro costados.

La dimisión de Liz Truss, que se convierte, de lejos, en la 'premier' más breve de la historia, ha enterrado el plan de los 'verdaderos creyentes'. Las enormes rebajas de impuestos que iban a atraer a miles de empresas han espantado a los inversores internacionales. La desregulación selectiva va a convertirse en una derogación masiva de 2.400 leyes de todo tipo que está espantando a las empresas. Y la presión de los mercados ha forzado a un presupuesto lleno de subidas de impuestos y duros recortes de gasto público que los diputados 'tories' no quieren asumir. "Hemos llegado a un momento en el que los Laboristas quieren bajar más impuestos que los Conservadores", destacaba el periodista Christopher Hope.

Y, sin embargo, los efectos negativos del Brexit están ahí. La eliminación unilateral de controles a las importaciones europeas (porque el país no puede gestionar el coste de los controles aduaneros) ha llevado esta misma semana al descubrimiento de numerosos camiones llenos de carne no apta para el consumo humano llegados desde el continente, aprovechando que no hay nadie en la frontera británica para asegurarse de que los productos que reciben cumplen las leyes.

Según la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (la AIReF británica), la caída del comercio con la UE les ha costado un 4% del PIB. Eso supone unos 100.000 millones de libras anuales perdidas, y y 40.000 millones menos de ingresos para el Tesoro, que ahora tiene que subir impuestos y recortar gasto público, como han descubierto con gran sorpresa estas semanas. "Somos el primer país que se ha impuesto sanciones económicas a sí mismo", se lamenta el periodista James O'Brian. En su lugar, no hay nada: el acuerdo comercial con EEUU prometido por Boris Johnson se ha quedado en agua de borrajas, y el de India está congelado sine die.

Y todo eso sin considerar el caos político que ha desatado sobre Irlanda del Norte. Ojo, que no económico: la provincia, que sigue dentro del Mercado Común de la UE, registra un crecimiento superior a la media del país. Pero lleva sin Gobierno desde principios de año, y va camino de celebrar sus segundas elecciones desde entonces: serán estas Navidades. La causa es que los unionistas probritánicos, que perdieron por primera vez en la historia en los comicios de este pasado mayo, creen que la unión económica con la UE llevará a su reunificación con Irlanda. Dentro de la UE, no había que elegir: se podía ser británico, irlandés y europeo a la vez. Ahora hay que elegir, y los británicos están perdiendo.

"Para esto, mejor volver a la UE"

El resultado es que hasta los grandes defensores del Brexit están tirando la toalla. El Daily Telegraph, el periódico en el que trabajó Boris Johnson, y que defendió a Truss y a su proyecto -describiendo el presupuesto que hundió al país como "el mejor jamás hecho, un sueño"-, ahora empiezan a rendirse. "Los anti-brexit tenían razón", se lamentaba el columnista Jeremy Warner la semana pasada. "Reino Unido ha fastidiado el Brexit, y es hora de dejarlo", lamentaba ayer el analista conservador Ross Clark. "Si vamos a ser otro país socialdemócrata como el resto de Europa, mejor volver a la UE".

El resultado es que el plan que iba a llevar al país a vencer al resto de Europa ha llevado a Reino Unido al caos más profundo: apenas 45 días ha aguantado. Detrás de sí, una profunda inestabilidad política, un enorme golpe al PIB del país, una mayor división social y una breve pero impactante crisis financiera que se hará sentir en las hipotecas de todos los británicos durante años. Lo malo de los experimentos políticos es que, si fracasan, no hay una forma sencilla de dar marcha atrás.

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