Economía

Las conversiones de contratos temporales a indefinidos se desinflan

  • Se desploman un 45% tras la plena entrada en vigor de la reforma laboral
  • Han pasado de suponer el 39% al 21,5% de la contratación indefinida
  • Las empresas prefieren contratar de cero con varios meses de prueba

La reforma laboral ha cumplido nueve meses sin lograr aprobar una de sus principales asignaturas pendientes: que las empresas opten por convertir los contratos temporales en indefinidos antes que prorrogarlos. Las peores perspectivas de los empleadores han hecho que se trunque la tendencia que parecía apuntar los primeros meses del año, cuando la norma no había entrado plenamente en vigor. Desde entonces, han retrocedido un 45%. En lo que va de años su peso sobre el total de los contratos indefinidos se ha reducido casi a la mitad respecto a los niveles de 2021.    

Entre enero y septiembre, los contratos eventuales transformados en fijos han alcanzado los 1.143.248, un 97% más que en el mismo periodo de 2021. Por su parte, los temporales prorrogados se han situado en los 1.216.915, un 30% menos que hace un año. De esta forma, la brecha entre unos y otros ha pasado de ser del del 201% al 6%.

El aumento es espectacular, sin duda. Y lógico si tenemos en cuenta que, en lo que va de año, los contratos fijos se han disparado un 260% y los temporales han caído un 27%, especialmente tras la supresión de los eventuales de obra y servicio.

Pero un análisis de las tendencias muestra que las conversiones han crecido casi tres veces menos que la contratación fija total mientras que las prórrogas reflejan de manera más equilibrada la tendencia que ha seguido la contratación eventual. 

Esto se traduce en que la transformación de temporales a fijos ha pedido presencia en la contratación indefinida: si hace un año aportaban el 39,6% de los contratos fijos, hoy solo llegan al 21,5%.  

Una lectura inquietante

Una diferencia de 18 puntos porcentuales que confirma que, frente a la idea del Gobierno, el auge de la contratación indefinida se ha apoyado más en nuevos trabajadores que en el pase a fijos de los que eran temporales. 

Lo cual arroja también una lectura inquietante cuando comparamos esta cifra con los datos de bajas de afiliación: en el último año, los trabajadores que pierden su empleo por no superar el contrato de prueba se han disparado un 587%. 

Sin embargo, las cifras acumuladas de los nueve primeros meses del año no permiten apreciar las tendencias seguidas por el empleo, ni la razón por la que, pese al crecimiento del empleo fijo, las conversiones no logran rebasar a las prórrogas. Para ello hay que fijarse en los datos mensuales. Y lo que muestran no es positivo. De hecho, revelan que la brecha ha vuelto a abrirse.

Los tres primeros meses de la reforma laboral se vieron marcados por un repunte sin precedentes de las conversiones, en línea con el incremento general de los contratos fijos, y supero con mucho a las prórrogas de los menguantes contratos temporales. Sin embargo, esta tendencia tocó techo a partir de marzo, y a partir de ahí empezó a retroceder. 

La explicación es sencilla: el 'periodo de gracia' para que las empresas se adaptaran a la nueva norma provocó un alud de conversiones que se normalizó con la entrada en vigor plena de la norma. Es decir, para entonces la mayoría de las empresas ya habían hecho los deberes. Esto permitió que las conversiones superaran las prórrogas, que tocaron suelo.  

Tras unos meses de estabilidad, estas volvieron a registrar un leve repunte en el verano. Pero este incremento no hubiera tenido consecuencias si durante todo este periodo las conversiones no se hubieran desinflado con mucha mayor intensidad. 

Con la reforma plenamente en vigor, la caída ha sido ininterrumpida y se aceleró en verano. De hecho, entre julio y agosto se registró un abultado desplome, hasta las 85.907, que se puede explicar en relación con la fuerte desaceleración de la contratación indefinida total. 

En septiembre se registró una recuperación de esta, con 775.856 contratos que suponen un incremento mensual del 53%. Sin embargo, no repercutió en las conversiones se recuperaron muy levemente hasta las 104.091, un 45% por debajo del récord de 190.000 en marzo.  

De hecho, en agosto se registró un abultado desplome, hasta las 85.907, que se puede explicar en relación con la fuerte desaceleración de la contratación indefinida. 

En septiembre se registró una recuperación de esta, con 775.856 contratos que suponen un incremento mensual del 53%. Sin embargo, no repercutió en las conversiones se recuperaron muy levemente hasta las 104.091, un 45% por debajo del récord de 190.000 registrado en marzo.  

Los datos de septiembre plantean que las empresas no han variado su reducido interés en hacer contratos indefinidos a los trabajadores que siguen siendo temporales. Ello refuerza la idea de que el alcance de la reforma ha tocado techo en lo que se refiere al aumento de la contratación indefinida, y que la mejoría de septiembre solo ha sido un espejismo puntual debido al sector educativo.

También para el sector público

En este punto, hay que recordar que el aumento de los contratos fijos se debió al sector educativo, que en gran parte es empleo público. 

Muchas administraciones prefirieron contratar de cero a los profesores a la vuelta de las vacaciones en lugar de convertir a los que eran eventuales es significativo. parece que a ellas también les resulta más rentable un trabajador con un periodo de prueba de meses

Y mientras esto sucede, los datos relevan que el 95% de las prórrogas no tiene continuidad, y el 73% ni siquiera  supera los tres meses. 

No es de extrañar que, según la EPA, el 53% de los parados que ha trabajado anteriormente provenga del fin de un contrato eventual. El mismo porcentaje que se anotaba hace un año, antes de la reforma

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