Economía

El petróleo mira de reojo al gas y pone en un aprieto a las economías que no lo producen

Madrid

El precio del petróleo es otro problema que contribuye a aumentar los problemas para la economía mundial. El mejor ejemplo del impacto que puede tener el encarecimiento del precio del crudo para el crecimiento de muchos países es la crisis que se produjo en el año 1973, cuando, por una cuestión política (el apoyo de países como Estados Unidos o Países Bajos a Israel en la Guerra del Yom Kippur), se produjo una crisis de oferta que tiene algunas similitudes con la actual.

El catalizador que ahora puede generar otro repunte importante de los precios del crudo es la oferta, y no la demanda. Esta última lleva recuperándose a un ritmo relativamente rápido durante 2021 y el inicio de 2022. Sin embargo, si ahora el suministro de gas ruso se corta en Europa, el petróleo podría acompañar al repunte de los precios de gas, como sustituto de este último para la generación eléctrica. "Si la Unión Europea aplicara el embargo en el día de hoy, cabría esperar un periodo de dos meses de precios mundiales del petróleo más altos y volátiles, tras los cuales retrocederían a los niveles actuales", explican desde Allianz Trade.

Un incremento de los precios del petróleo tiene un impacto directo en los países que son importadores netos, como es el caso de la Unión Europea. Los mayores productores del planeta, como Arabia Saudí y otros países del Golfo Pérsico, Rusia y Estados Unidos, se benefician de los aumentos de precio del petróleo, pero no es así para Europa, que se ve obligada a buscar estos barriles en los mercados para la generación eléctrica y el combustible del parque móvil.

El incremento de los precios de la gasolina en España es un buen ejemplo del peligro que supone un petróleo caro para una economía que sea importadora neta: además del impacto directo en el bolsillo del ciudadano, que reduce su poder adquisitivo y puede acabar generando una caída del consumo de otro bienes, el daño a ciertos sectores estratégicos, como el del transporte, es innegable. En España, la última huelga de transportes terminó hace menos de un mes y medio, a principios de abril, y si vuelve a producirse un repunte en los precios del combustible, los viejos fantasmas podrían volver a hacer aparición.

Por ahora, el precio del barril de crudo europeo, el Brent, se mantiene en el entorno de los 111 dólares, después de subir casi un 43% desde el primer día del año. El cártel de mayores productores del planeta, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se ha puesto totalmente de perfil con respecto a la guerra, y ha evitado cambiar su estrategia ni un ápice a pesar del conflicto.

El aumento de producción está establecido en unos 400.000 barriles diarios cada mes, y muchos analistas dudan de la capacidad de producción excedente que le queda al cártel. En este escenario, si el gas ruso deja de fluir hacia Europa la demanda de crudo podría repuntar, algo que desembocaría en un nuevo aumento de precios, con el daño que este genera para el crecimiento económico.

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