Economía

Tregua veraniega en la UE antes de las grandes batallas del otoño

  • La rentrée traerá la escalada con Hungría y Polonia...
  • ...la batalla de las reglas fiscales y la salida de Merkel
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. REUTERS
Bruselas

Se esperaba que el verano fuera el punto de inflexión en la salida de esta pandemia. Con la llegada de los primeros fondos de recuperación a las capitales y la campaña de vacunación ganando velocidad en la UE, hasta el punto de superar a EEUU o el Reino Unido, en Bruselas se miraba con optimismo a la segunda mitad del año, y más allá. Tanto es así, que incluso con la variante Delta ya expandiéndose por el continente, el comisario de Economía, Paolo Gentiloni, no esperaba más restricciones a principios de julio.

Pero como ya sucediera con la variante británica, Delta se ha convertido en un poderoso recordatorio de que la lucha contra el covid-19 será más larga y dura de lo que pensábamos, incluso con la vacuna en nuestras manos. El virus continuará siendo la principal preocupación para las instituciones comunitarias y las capitales, aunque el resto del año traerá una intensa actividad legislativa y duras batallas políticas. "Será una rentrée muy cargada", resume un alto cargo comunitario.

La aprobación de nuevos tratamientos frente al covid-19, el posible levantamiento de restricciones a las conexiones con terceros países o la discusión sobre las medidas que adopten los países para incentivar la vacunación entre sus ciudadanos serán una de las caras en la pelea por intentar volver a la normalidad. La otra será el rodaje del fondo de recuperación de 800.000 millones de euros.

Hasta ahora, 16 Estados miembros ya han recibido el aprobado a sus planes de recuperación, entre ellos España. A la vuelta del verano empezará el envío de los primeros bloques de hitos y objetivos que tendrán que superar los Gobiernos para acceder gradualmente a los fondos. España será con toda probabilidad el primer socio en solicitar el primer pago de 10.000 millones de euros, por haber cumplido ya con los compromisos del primer plazo con una serie de reformas adoptadas desde febrero de 2020. Se sumarán a los 9.000 millones de euros que recibirá de prefinanciación a principios de agosto. Y aunque no se esperan problemas, fuentes comunitarias señalan que la Comisión Europea se tomará su tiempo para la evaluación, dado que el análisis del cumplimiento de los primeros hitos y objetivos sentará precedente para el resto de países.

Más problemas llegarán con los planes de Hungría y Polonia. La Comisión ha pospuesto el aprobado de sus planes porque ambos países tienen que reforzar sus mecanismos anti-corrupción y la independencia de sus jueces.

El pulso que mantiene la UE con estos dos socios por los planes es el ultimo frente de batalla en el desafío que mantienen ambos países a los principios y valores del bloque, y que ha ido en aumento en los últimos meses. En el caso de Polonia por cuestionar la primacía del derecho comunitario, y en el caso de Hungría por la aprobación de la ley que estigmatiza a la comunidad LGTBIQ.

Las fuentes diplomáticas consultadas no creen que la aprobación de los planes se convierta en este momento en la herramienta para ajustar cuentas. Pero con una tensión que no para de crecer nadie se atreve a aventurar cómo terminará el enfrentamiento.

Las aguas no estarán más tranquilas en el frente económico, una vez la Comisión relance en otoño la revisión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. No hay unanimidad ni siquiera dentro del Ejecutivo comunitario. Mientras el vicepresidente económico, Valdis Dombrovskis, defiende modificaciones que generen consenso, como la simplificación de las reglas que controlan el déficit y la deuda, Gentiloni aboga abiertamente por propuestas tabú en el Norte, como la inclusión de cláusulas que favorezcan la inversión productiva. Un diplomático de un Estado miembro de los Frugales rechaza de lleno esta opción, aunque se muestran abiertos a considerar otras ideas largamente demandadas por socios como Italia y España, como la eliminación de indicadores no observables como la brecha de producción al calcular el esfuerzo fiscal que tienen que realizar los países, o acordar trayectorias más suaves para reducir la deuda tras la pandemia.

La segunda mitad del año además coincidirá con una intensa actividad legislativa. Los Estados miembros y el Parlamento Europeo estarán muy ocupados preparando sus posiciones sobre el megapaquete 'verde' que presentó la Comisión en julio para transformar el sector energético, del transporte o la tributación de los combustibles para alcanzar la reducción del 55% de las emisiones para 2030.

Además, la Comisión tiene programada una importante lista de propuestas para el otoño e invierno. Entre ellas, la revisión de las normas de requerimientos de capital y las normas que regulan a las aseguradoras (Solvencia II), ambas en septiembre; la revisión de la política de Competencia, o la revisión de los marcos para los fondos de inversión y las normas para los gestores, ambas para octubre.

Esta frenética actividad coincidirá con la salida de la más veterana de los líderes europeos y garante de estabilidad en los momentos más duros de la UE. Angela Merkel abandonará la cancillería alemana después de 16 años en el poder tras las elecciones de septiembre. Está por ver la dirección que marcará la nueva coalición de Berlín, en un mundo que continuará poniendo a prueba la unidad de acción de los europeos.

Las capitales continuarán manteniendo la línea frente al Reino Unido, que no solo seguirá dando problemas con la frontera norirlandesa sino también en las negociaciones sobre la relación futura con Gibraltar, que liderará la Comisión pero España seguirá muy de cerca.

Con Joe Biden en la Casa Blanca, la relación con EEUU no sufrirá sobresaltos, pero todavía tiene importantes pliegues que planchar, como los aranceles al acero y al aluminio. Aunque el gran quebradero de cabeza continuará siendo China. Bruselas se plantea revisar en otoño su estrategia de 2019, en la que definió a Pekín como "rival sistémico".

Junto a estos grandes polos, la diplomacia europea continuará saltando de crisis en crisis, equilibrando intereses y valores, pasando por Bielorrusia, Turquía o Venezuela.

A pesar de la intensidad y la pila de desafíos, Europa llegará al final del año consciente no solo de que el bloque es resistente a las embestidas más duras, sino que aprende las lecciones. Si hace una década la crisis del euro, alimentada por la austeridad, empujó la UE de nuevo a una recesión en 2012, arrastrando a España a pedir un rescate, esta vez los Estados miembros armaron un fondo de recuperación sin precedentes frente al virus, y encaran una recuperación que, aunque con altibajos, podría traer la mayor transformación simultánea de sus economías en décadas.

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