Economía

Mohamed VI usa como rehén a España para arañar más dinero de la UE

  • Desde 2007, Marruecos ha recibido 13.000 millones para mejorar flujos migratorios
  • Marruecos se ha mostrado indignado con el traslado del líder del Polisario a La Rioja
  • Rabat aprovecha su alianza con el presidente Biden para presionar
El presidente de España, Pedro Sánchez, y el Rey Mohamed VI de Marruecos. Imagen: EP

La razón de la reciente ofensiva del reino alauita a España, en los pasos fronterizos de Ceuta, puede tener múltiples interpretaciones, más allá del enfado que la diplomacia marroquí ha manifestado ante el traslado, por la puerta de atrás, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, a un hospital de La Rioja.

A tenor de la inmediata reacción de la Comisión Europea, en apoyo a España, sin duda, una de esas interpretaciones es el chantaje que Marruecos ha ejercido sobre la debilidad diplomática y del Gobierno de Sánchez para que Bruselas reactive un paquete de ayudas millonarias que no acaba de cerrarse por falta de entendimiento entre las partes.

Eso explica que las autoridades marroquíes hayan abierto las puertas de su frontera con Ceuta, animando a sus conciudadanos a pasar al territorio español. Y eso también explica que meses atrás Marruecos posibilitara la salida masiva de inmigrantes que recaló en la costa española de Canarias.

Desde 2007 a esta parte, Marruecos ha recibido de Europa cerca de 13.000 millones de euros en concepto de ayudas de cooperación para mejorar los flujos migratorios. Hay que tener en cuenta que Marruecos es socio prioritario de la Unión Europea, y tanto el uno como el otro se necesitan.

En la mesa de Bruselas hay cerca de 1.500 millones que están en juego para los marroquíes

Pero el apoyo nítido de la Administración norteamericana tanto de Trump, como de Biden, reconociendo la soberanía del Sahara Occidental, ha envalentonado aun más al régimen de Mohamed VI, hasta el punto de espolear la mayor crisis migratoria entre Marruecos y la UE, con más de 8.000 migrantes en suelo español, 1.500 de ellos, menores.

En Bruselas está sobre la mesa el desarrollo del Reglamento del Instrumento de Vecindad, Desarrollo y Cooperación Internacional (ICVDI), en el contexto del marco financiero plurianual 2021-2027. Económicamente, se trata de una dotación de 79.500 millones de euros, de los cuales, 1.500 millones podrían ser para Marruecos.

Pero los alauitas quieren más. Más reconocimiento institucional como Turquía -que es el primer perceptor de las ayudas de la UE; 3.000 millones por reforzar las fronteras con Europa y mantener a los refugiados en suelo turco-, más dinero, más recursos, menos control, y en definitiva, menos exigencias concretas como las que piden el Consejo y el Parlamento Europeo, con más retornos a Marruecos de sus nacionales, readmisión de migrantes de otros países o, intercambio de información y cooperación judicial sobre la trata de seres humanos.

Tensión histórica

Las tensiones entre Marruecos y España son históricas. Van más allá de la soberanía de Ceuta y Melilla, que por cierto, jamás han pertenecido al reino alauita, reino que llegó a independizarse del colonialismo español y francés, y a constituirse en Estado en el año 1956.

Hay que remontarse, al menos hasta la Guerra del Rif, conocida con el sobrenombre de la Segunda Guerra de Marruecos, año 1922, para entender en buena medida la diplomacia entre alfileres que casi siempre ha presidido las relaciones entre estos dos países, y donde el entendimiento entre el Rey Juan Carlos I y Hassam II abrió una de las etapas más calmadas desde la célebre Batalla de Anual.

De Anual a Ceuta

En este recorrido por la historia y por la geopolítica, el reino marroquí ha sabido aprovecharse sucesivamente de las reincidentes debilidades de España, debilidades que han coincidido con etapas de gobernanza frágil en nuestro país, como lo acontecido estos días en el paso fronterizo de Ceuta, lo que ha provocado la mayor crisis migratoria de la zona, cuestión que ha forzado a la diplomacia europea a intervenir, para venir a recordar que en las relaciones de vecindad se pueden jugar miles de millones de euros.

En 1922, la grave derrota militar española en la zona del Rif, con la victoria de Abd El-Krim cerca de Anual, propicia una humillante derrota que extiende la guerra en el tiempo hasta que en 1926 Abd El-Krim se rinde.

Aquel conflicto causa la muerte de 11.500 españoles, y supone la redefinición de la política nacional que acaba socavando los cimientos de la monarquía del rey Alfonso VI, señalado por instigar una batalla poco meditada, con numerosas pérdidas humanas, lo que propicia la dictadura de Primo de Rivera.

En el año 1956 se firma la independencia de Marruecos de Francia y de España, con otra revuelta de fondo, secundada por el sultán Mohamed V.

En 1975, con Francisco Franco en la cama, moribundo, tiene lugar la Marcha Verde. Son los rescoldos de la respuesta al colonialismo de España que por aquel entonces mantenía como provincia española el mítico Sahara Occidental.

Años atrás, en 1970, las Naciones Unidas están de acuerdo con que el Sahara Occidental -reclamado por Marruecos y por Mauritania- celebre un referéndum de independencia. España accede a que sea así en 1974. Un año después, Marruecos despliega 300.000 personas en una marcha pacífica, revestida de verde, el color simbólico de la paz, y después de días, España decide retirarse, con la carga de significado de pérdida de poder y de influencia internacional que eso suponía para el país.

Es el tiempo del reinado de Juan Carlos I, que apenas pasada la Marcha Verde llega al trono de España., aunque durante esa contienda, el monarca ya ejercía las funciones de jefe Estado. Con la Marcha Verde, Marruecos volvía a ganar otra batalla a España.

La relación entre los dos monarcas ha vertido ríos de tinta sobre los medios informativos. Se dijo que incluso se llegaron a llamar entre ellos "hermanos". Después del 23F, y cuando Juan Carlos coge empaque institucional y respeto internacional como embajador de España, las relaciones con Marruecos parecen menos tensas.

Pero en 1995, las ciudades de Ceuta y Melilla adoptan el estatuto de ciudades autonómicas, un golpe al ansiado soberanismo que Marruecos tiene sobre esas dos plazas de posición geoestratégica en las fronteras y en el paso del Estrecho de Gibraltar.

Ya en el año 2002, un barco de la Marina Real de Marruecos toma la Isla de Perejil, emplazada a 4 km de Ceuta, en el mar Mediterráneo, lo que origina un nuevo casus belli con España. El Gobierno entonces de José María Aznar, partidario de que el Sahara Occidental pudiera celebrar unas elecciones para optar por la autodeterminación, decide intervenir militarmente sobre la isla para echar a los soldados que ocupaban el lugar.

En esta operación, el papel de Estados Unidos es crucial. El amigo americano de ambos ejerció de arbitro y las aguas volvieron al estatus quo anterior a la toma de la Isla de Perejil en 2002. Y de hecho, los desencuentros no cesaron. Los Reyes de España no acudieron a Marruecos a la boda de Mohamed, hijo del Rey Hassam II.

Esta situación de desencuentro se extendió hasta el atentado en la Casa de España, de Casablanca, y tras esto el posterior atentado del 11-M. Pero antes, Marruecos ya había cercenado los acuerdos de pesca con la Unión Europea, perjudicando claramente los intereses de España.

El asalto a la Isla de Perejil por parte de Marruecos es la primera gran crisis de España con el país vecino en el siglo XXI.

Es en el año 2015 cuando se produce otra crisis migratoria en las costas españolas con 2.800 personas llegadas en pateras, siendo entonces Turquía y Grecia los países más afectados.

La ruptura del acuerdo

En diciembre de 2020 se rompe el acuerdo de seguridad en materia migratoria, y estas fechas coinciden con el reconocimiento por parte de Donald Trump de la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, con acuerdo entre medias para la explotación de recursos saharauis.

Los intentos de España de que la nueva administración norteamericana del líder demócrata Joe Biden no apoye la soberanía de Marruecos sobre la polémica plaza del Sahara no han llegado a buen puerto.

En ese deterioro de las relaciones entre España y Marruecos desde finales del año pasado, el traslado a La Rioja, por parte del Gobierno de Pedro Sánchez, del líder del Frente Polisario, Brahim Ghali, para más señas, acusado de violación, terrorismo, torturas y delitos de lesa humanidad, ha desatado una de las mayores crisis diplomáticas entre los dos países.

Marruecos no admite que Ghali esté en España, que en su opinión haya salido con nombre falso -lo que desmiente el Gobierno español, y la Audiencia Nacional acaba de decir que no investigara-. De igual modo, tampoco tolera que regrese a suelo saharui.

El conflicto está servido, pero no deja de ser más que una excusa para tensar la cuerda en las exigencias económicas, poniendo por delante una crisis migratoria que descabeza cualquier gobierno, aun más en tiempos de pandemia.

En este agitado ambiente, y para acrecentar más si cabe la imagen de debilidad del Gobierno de España frente a un socio comercial tan importante para el país -hay más de 60.000 empresas españolas que exportan al reino alauita-, Carles Puigdemont, el prófugo catalán más famoso de la historia de España, ha reivindicado la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental.

Y además lo hace justo cuando ERC y JxC cierran un acuerdo de Gobierno de la Generalitat de Cataluña, destacando que Esquerra Republicana -independentista como él exmolt honorable, para más señas- es socio del Gobierno de España.

La relevancia de Robles

La ministra de Defensa, Margarita Robles, en un papel de contundente defensa de los intereses soberanos de España, acusó este jueves a Marruecos de estar sometiendo a España a un "chantaje" en la frontera con Ceuta vulnerando las normas del derecho internacional. Y "no vamos a aceptar el más mínimo chantaje ni cuestionamiento de la integridad territorial", advirtió.

Este viernes, no obstante, la titular española de Defensa apostó por retomar los "cauces diplomáticos" con Marruecos y fortalecer las relaciones con un país con el que España está "obligada" a entenderse y respetarse después de la crisis migratoria en la ciudad autónoma de Ceuta.

"Esa es la línea que hay que seguir, la línea de los acuerdos y no la línea de los hechos consumados", sostuvo Robles, al tiempo que ha celebrado las "noticias positivas y esperanzadoras" que se han producido "en las últimas horas".

De esta forma, la ministra Margarita Robles también se ha referido en su exposición al hecho de que se hayan "retomado los controles en las fronteras" y a que se haya "llegado a un acuerdo con el Gobierno de Marruecos para el tema de las devoluciones" de los migrantes que cruzaron la frontera de Ceuta esta semana.

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