Economía

¿Por qué los jóvenes son los grandes perdedores de la crisis? Seis gráficos demoledores del Banco de España

  • Los Ertes no han llegado para proteger a los empleados más noveles
  • Y cuando han servido se han convertido en una trampa para volver a trabajar

La población más joven vuelve a pagar los platos rotos en una crisis. Si en la anterior quedaron tocados, en esta provocada por la pandemia se han visto muchos de ellos fuera del paraguas de las medidas de protección social, como los Ertes. El problema de fondo es la precariedad laboral, que termina afectando a sus rentas, acceso a vivienda y estabilidad profesional.

El director general de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce, ha puesto hoy de manifiesto que los jóvenes son el colectivo que más está sufriendo la embestida de la actual crisis provocada por el coronavirus. El economista ha mostrado en seis gráficos que explican el drama por el que están pasando

En el momento del estallido de la crisis, un elevado porcentaje de jóvenes se encontraban en los sectores más afectados por la pandemia. Las industrias sociales como el comercio, la hostelería o el turismo, en términos relativos, están copadas por trabajadores de hasta 35 años. Han sido y son los sectores más golpeados por las restricciones de movilidad, y con el hándicap de que han sido que las que en menor medida se han podido aprovechar del teletrabaja.

El agravante para los jóvenes es que son sectores con una elevada temporalidad, que afecta a una menor empleabilidad. En la práctica, significa un vinculación frágil con el mercado laboral que se ha traducido en una acusada reducción reciente tanto de las horas trabajadas, como de la duración de sus contratos, en palabras de Arce.

El punto de partida de los jóvenes ya era malo antes de la pandemia. "Los jóvenes presentan una tasa de empleo menor al resto de la población y una tasa significativamente mayor de individuos sin ingresos laborales", ha indicado el economista del Banco de España.

Para el Banco de España el gran problema es la elevada dualidad del mercado de trabajo. Mientras que una gran parte de los trabajadores cuenta con trabajo indefinido, que suele significar estabilidad laboral y previsibilidad de ingresos, otro grupo soporta la inestabilidad de los contratos temporales y parciales. En este último se encuentran un gran porcentaje de jóvenes. Arce hoy ha subrayado, que los Ertes, que ha sido el paraguas para proteger el empleo, no han estado especialmente diseñados para el colectivo con menor edad. "Jóvenes y trabajadores temporales o de poca antigüedad se han beneficiado menos de ellos", ha explicado con los gráficos de arriba. Por un lado, el porcentaje de trabajadores entre 16 y 29 años que se acogió a Ertes fue muy inferior al resto de grupo de edad entre el primer trimestre de 2020 y el segundo. Y fue más elevado para aquello que pasaron a estar desempleados en el segundo trimestre.

Pero, además, los trabajadores más jóvenes que pudieron acogerse a los Ertes se han encontrado con un problema inesperado: se han quedado atrapados en ellos, sin posibilidad de encontrar otro empleo. Hay que tener en cuenta que para un trabajador en Erte cobra menos, que si estuviera trabajando. Arce ha subrayado que trabajador joven tienen muchas más posibilidades de volver a reincorporarse al trabajo, viniendo desde el paro a salir del Erte.

El Banco de España teme que la actual situación deje un camino aún más difícil en el desarrollo vital de la población más joven. El acceso a la vivienda se ha convertido en un problemón que todavía puede ser mayor. Antes de la pandemia ya había un retraso progresivo en la edad de emancipación y una caída en la tasa de propiedad de la vivienda entre los jóvenes, por las dificultades laborales y financieras.

Según el Banco de España, en torno al 87% de los nacidos en 1988 vivía con sus padres a los 26 años, un porcentaje 5 puntos mayor que el de los nacidos en 1976. La proporción de individuos jóvenes que poseen su vivienda de residencia a los 30 años ha ido disminuyendo para los nacidos a partir de 1980: el 7% de los nacidos en 1988 poseía su vivienda principal a los 29 años; entre los nacidos en 1976, ese porcentaje era del 26%.

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