Economía

¿Cómo preparar a la economía para la próxima pandemia?

  • Los académicos llaman a buscar alternativas al cierre de las economías
Imagen: Dreamstime

Una de las lecciones extraídas de la pandemia de coronavirus ha sido el elevado coste que ha supuesto el cierre de las economías. El shock derivado de esta reacción de unos Gobiernos desbordados por la avalancha de casos ha sido de tal calibre y costará tanto recuperarse de él que no pocos economistas piden ya que, a la vez que se abordan los retos inmediatos, se empiece a estudiar cómo preparar a las economías para la próxima pandemia.

"La pandemia de covid-19 ha supuesto la primera vez en la historia en la que se ha utilizado el cierre de economías enteras como herramienta médica simultáneamente y en todo el mundo", expone en un paper el profesor Peter A.G. van Bergeijk, de la Universidad Erasmo de Rotterdam (Holanda).

Según su criterio, esta fórmula desarrollada por los Estados no puede repetirse durante las futuras pandemias que, predice, seguramente vendrán: "Dado que los cierres son muy costosos, las futuras intervenciones económicas no farmacéuticas deben diseñarse de forma más inteligente, ayudando a la economía a reestructurarse y apoyando la transición de una sociedad básicamente ignorante y orientada a lo doméstico a una sociedad consciente de la pandemia".

El investigador holandés argumenta que esta preparación es clave dado que una futura pandemia sería potencialmente más dañina que la que se está viviendo. ¿La razón? Lo que Van Bergeijk llama en su artículo académico publicado en VoxEU "la paradoja de los logros médicos y sociales". El reseñable aumento de la esperanza de vida en todo el mundo nos hace más vulnerables ante las pandemias.

Para explicarse, el economista desarrolla un contrafactual para la mal llamada gripe española de 1918 y el covid-19 basado en las tasas de mortalidad por cohorte de edad. Atendiendo a la simulación hecha, en los años 50 el covid-19 habría afectado a una población mundial más joven y, aunque también habría sido grave, habría sido leve en comparación a la estimación hecha sobre la gripe española. Para 2070, sin embargo, la población mundial, gracias al progreso médico y económico, habrá envejecido tanto que un coronavirus podría "vencer" a la gripe española.

Fuente: Peter A.G. van Bergeijk / VoxEU

A esto se le añade una segunda paradoja, la de tener sistemas de salud tan teóricamente a punto que las administraciones no pensaron que podrían colapsar. "En este caso, tanto la población como los responsables políticos tenían dificultades para imaginar una situación de riesgo vital que la medicina moderna no pudiera solucionar", apostilla el investigador.

Como describe Van Bergeijk, este escenario de potencial riesgo se suma a los costes de oportunidad derivados de dar prioridad al coronavirus, como son "el peaje sanitario para todo aquello que no es el covid-19, los costes mentales y sociales que, en última instancia, repercutirán en la salud de la población, y los costes puramente económicos de un aumento de la deuda tras la flexibilización cuantitativa". Todo esto deja una conclusión clara para el autor: "Debemos desarrollar alternativas a los cierres".

El paper propone que la búsqueda de esas alternativas se haga desde tres subcampos de la economía: la economía política, el análisis coste-beneficio de la sociedad y la economía internacional. "Desde la perspectiva de la economía política, la organización de la sociedad es clave", dice Van Bergeijk, que a continuación refiere cómo China sigue siendo el país con las medidas más estrictas y una baja tasa de mortalidad mientras que otros países de entre los más importantes del mundo han acabado quitando casi la misma libertad a sus ciudadanos y encima han presentado peores niveles de mortalidad. La comparación entre Asia y Europa le permite al autor subrayar la importancia de la organización de la sociedad y concluir que "las malas instituciones y el comportamiento pueden hacernos más vulnerables" al mismo tiempo que "una organización social resistente a las pandemias puede retrasar la propagación de una enfermedad".

Si por un lado "la mitigación y la adaptación deben ser las principales prioridades", por otro, defiende el autor, "serán necesarias importantes inversiones para mejorar la capacidad de recuperación". "Habrá que replantear la planificación urbana, el transporte público, el diseño de los lugares de trabajo, las redes de seguridad social y la educación. Una estrategia inteligente debería permitir una gran transformación, y las inversiones públicas y privadas podrían ayudar al paciente económico a recuperarse de los ataques del virus", pone como ejemplo.

El estratega jefe de Risk Cooperative, Dante Disparte, aboga a su vez en un paper publicado por Brookings Institution por afianzar "un enfoque público-privado para catalizar la resiliencia nacional y mundial ante amenazas emergentes a gran escala, como el cambio climático, la preparación para pandemias y la biodefensa, entre otras". Y pone como ejemplo la Operación 'Warp Speed', el 'nombre de guerra' que ha tenido la carrera estadounidense por la cura contra el covid que ha mostrado su capacidad de movilización y los beneficios de una colaboración decidida.

Una gobernanza mundial más fuerte

Pero donde hace más hincapié Van Bergeijk es en la necesidad de una mayor cooperación internacional. "El Estado-nación no siempre es el ámbito sanitario óptimo y menos durante las pandemias", incide a la vez que pone a Europa en el foco: "La UE es un claro ejemplo de mercados altamente integrados con libre circulación de personas, pero las políticas sanitarias nacionales siguen sin estar sincronizadas". Para solventar estos vacíos, el economista hace un llamamiento a "fortalecer la gobernanza mundial".

"Una de las lecciones básicas de la economía internacional es que necesitamos bienes públicos globales para que la economía mundial funcione bien. La mejor manera de avanzar es sumarse a las actividades de la OMS y utilizar las estructuras existentes para gestionar la economía del suministro de estos bienes (por ejemplo, la vigilancia de los países por parte del FMI, la OCDE y el Banco Mundial permite la revisión por pares y el intercambio de las mejores prácticas)", concluye.

"Una vez superadas las tendencias al nacionalismo de las vacunas y los recursos, los países deben darse cuenta de que, ante una pandemia y otras amenazas globales, somos en efecto tan fuertes como el eslabón más débil", le secunda Disparte.

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