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Empleabilidad: El 60% de las mujeres tiene un grado frente al 55% de hombres

  • A pesar de estar mejor preparadas, cuentan con diferentes obstáculos para conseguir la igualdad
Madrid

Las mujeres representan casi la mitad de la población. Según el Banco Mundial, existen 3.827 millones de hombres y 3.764 millones de mujeres (en 2018). Ellas son más en las aulas, tienen mejores resultados académicos y tienen más preparación. Así lo confirma el informe sobre inserción laboral de los universitarios elaborado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y la Fundación BBVA. En el curso 2018-2019 cerca de 1,3 millones de estudiantes cursaron un grado en las universidades españolas y el 55 por ciento eran mujeres, como también lo es el 60 por ciento de los nuevos titulados. La nota media de admisión (8,89) es superior a la de los hombres (8,57), y el 33 por ciento tiene una nota por encima del 10 (sobre 14), frente al 27 por ciento de los hombres. Sin embargo, las cifras de empleabilidad no van en esta misma línea. A pesar de estar mejor preparadas, aún cuentan con diferentes obstáculos para conseguir una igualdad real en el mercado laboral.

Ya no importa si los pluses formativos, como haber realizado estancias en el extranjero, prácticas curriculares que incrementan de modo significativo la probabilidad de tener un empleo o cursar una carrera específica con más salidas, son iguales para ambos géneros. Mismas oportunidades, pero no las mismas proyecciones.

Begoña Urien Angulo, profesora de Psicología de las Organizaciones de la facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra, indica que "siguen funcionando los estereotipos de género cuando el reclutamiento y la selección no son por oposición. Hay dos teorías relacionadas que explican que las mujeres sean también menos contratadas que los hombres, incluso en las profesiones muy feminizadas como la psicología. La teoría del "rol social" afirma que todos, tanto hombres como mujeres, tomamos decisiones frente a las mujeres en el trabajo en base al rol tradicional que las mujeres han venido desempeñando en la sociedad: cuidar, ayudar, apoyar. Frente a estos, los hombres vienen desarrollando roles que se perciben más aptos para el trabajo: tomar decisiones, ser enérgicos o asertivos. Por lo tanto, las características estereotípicas de las mujeres concuerdan peor con lo que se espera de un "buen" empleado o directivo. Por eso, para tareas auxiliares, las mujeres siguen siendo más demandadas".

En esta misma línea, Carmen Sebrango, directora de Carreras Profesionales de la Universidad CEU San Pablo, afirma que "sí existe una brecha de género, pero considero que no se presenta a la hora del acceso al primer empleo, sino en el momento en que la mujer decide ser madre. Es ahí donde efectivamente a la mujer se le presentan menos oportunidades que a los hombres o teniendo las mismas, ha de renunciar a ellas para compatibilizar su vida personal con la profesional".

La teoría de Sebrango se confirma con los datos extraídos el informe. Las mujeres presentan una tasa de afiliación -medida como el porcentaje de graduados universitarios que están dados de alta en la Seguridad Social respecto al total de titulados en 2013-2014- del 45,5 por ciento un año después de egresar, que aumenta hasta el 71,9 por ciento transcurridos cuatro años. Estas tasas son ligeramente inferiores a las de los hombres (49 por ciento y 72,8 por ciento, respectivamente), si bien a los cuatro años apenas alcanza el punto de diferencia.

Ser empleable o no

Llegada una edad, la mujer no es vista con los mismos ojos que su homólogo. De nada importan las variables que las empresas dicen valorar, el uso de TIC, los idiomas, las habilidades y capacidades… El estudio sí demuestra que las características personales como el sexo (hombre o mujer) son consideradas determinantes de la inserción. La edad también juega un papel importante (menor de 30 años, entre 30 y 34 años, mayor de 34 años), la nacionalidad (española o extranjera) y tener alguna discapacidad o no.

Además, la titulación que se haya cursado también juega un papel relevante. Es la variable más decisiva para una buena inserción, en este caso, para conseguir un empleo ajustado a la formación del universitario. Por otro lado, los hombres tienen, ceteris paribus, una probabilidad mayor de lograr salarios altos, incluso si son más jóvenes. La movilidad geográfica dentro del país impulsa también esa probabilidad.

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