Deporte y Negocio

El calendario del deporte eleva las 'horas extra' de los jugadores

  • Cada vez hay más conflictos de calendario en más disciplinas deportivas
  • Los deportistas se quejan de un modelo que no piensa en sus necesidades
  • Más trofeos, más patrocinios, más premios...y menos tiempo de descanso
Foto: EFE.
Madrid

La noticia tuvo un escaso eco en los medios de comunicación deportivos: el pasado miércoles el sindicato de jugadores europeos de balonmano (EHPU) ha protestado por la gran carga de partidos que lleva al límite a unos deportistas que se han visto en peligro de sufrir lesiones de todo tipo. La situación no es nueva y se reproduce en varios de los grandes deportes seguidos en el Viejo Continente. Y es que el estiramiento del chicle del negocio deportivo empieza a presentar bastantes quejas por parte de los profesionales.

La dinámica es parecida en varias disciplinas: el calendario deportivo empieza a verse plagado de citas, aumentan los partidos e incluso las competiciones tanto en el plano de equipos como en el de selecciones...y se disminuye el tiempo de descanso entre eventos. Un ritmo que se entiende desde lo económico (a más torneos, más premios y más patrocinios) pero que desnuda a los protagonistas del espectáculo, el gremio de los deportistas. Responden con su cuerpo, el más exigido por una tendencia de dos o tres partidos, con sus respectivas sesiones preparatorias, a la semana.

El ejemplo más extremo es el del baloncesto. En 2016, la Euroliga europea cambió su formato y pasó a ser una liga regular con playoffs, elevando la cifra de partidos máximos hasta 37, con la posibilidad de llegar a disputarse dos entre semana. En España, por ejemplo, un equipo que juegue todos los partidos posibles de Liga Endesa, Copa y Supercopa puede llegar a los 87 encuentros en tan solo nueve meses.

El conflicto de la FIBA con la Euroliga no ha facilitado el trabajo a los jugadores. El colapso del calendario, con la introducción de ventanas de clasificación para torneos internacionales en jornadas en las que se disputan partidos de equipos de clubes ha conllevado la no asistencia de los deportistas pertenecientes a las escuadras de élite.

Más allá del Viejo Continente, el ejemplo de la NBA es salvaje: todas las escuadras juegan 82 partidos en 26 semanas con periodos de back-to-back (encuentros en días consecutivos) y la posibilidad de llegar a jugar un máximo de 110 partidos en algo menos de ocho meses. Muy cerca de una media de un choque cada dos jornadas, en un vasto territorio como es el estadounidense, con largos desplazamientos en avión.

Los problemas que ya está sufriendo el baloncesto surgen en el horizonte del fútbol. Porque, mirando de reojo a 2024, las grandes instituciones y los clubes del balompié empiezan a tomar posiciones ante la opción de una reforma sustancial del calendario futbolístico. En el fondo: el debate por el modelo de competición, el papel de la Champions y el de las ligas en el fútbol del futuro. Y, en medio, unos jugadores que ven cómo cada vez hay menos espacio para añadir partidos en las temporadas.

La ECA (Asociación de Clubes Europeos, por sus siglas en inglés) defiende un calendario más amable para los futbolistas, que en los casos de élite pueden llegar a superar los 60 partidos en nueve meses. La solución podría pasar por un recorte de participantes de las ligas que (encabezadas por LaLiga y la Premier League) éstas se han negado en redondo a acometer. En paralelo, la posibilidad de reformar la Champions League en una especie de liga semiprivada no garantiza un menor porcentaje de partidos. Sí una mayor fuente de ingresos que podría chocar contra el descanso de los jugadores.

El panorama internacional no ayuda: la UEFA introdujo la Liga de las Naciones, modelo que la FIFA quiso replicar a nivel mundial, aunque sín éxito. Lo que sí ha aprobado el organismo presidido por Gianni Infantino ha sido el nuevo Mundial de Clubes, que cada cuatro años aumentará el volumen de partidos de los futbolistas de los grandes equipos. También estudia aumentar el número de participantes del Mundial de Qatar 2022, de 32 a 48.

FIFPro, organización mundial de futbolistas, publicó una investigación en la que la mitad de los jugadores que disputaban 50 o más choques al año los consideraban excesivos. El organismo establecía como necesarios un tope máximo de tres partidos cada dos semanas, un mínimo de 72 horas entre partido y partido, de mes a mes y medio de vacaciones de verano (sin contar pretemporadas) y un periodo de descanso de 10 a 14 días a mitad de curso. FIFPro alertaba de que, en las actuales circunstancias, el sistema podía poner en peligro la salud de los deportistas.

Algo similar denuncia el balonmano, enunciado anteriormente. Los jugadores y jugadoras se han mojado a través de la publicación de múltiples vídeos en los que acusan al calendario de un potencial riesgo de lesiones y cansancio acumulado que vulnera la buena práctica del deporte.

La gota que colmó el vaso de la paciencia de los competidores fue el pasado Mundial, que se disputó entre dos países (Alemania y Dinamarca), con una carga de muchos partidos y la obligación de desplazamientos largos, lo que privó a los deportistas del cansancio necesario y generó numerosas lesiones. En esta queja conjunta, todos hacen un llamamiento a "no jugar con los jugadores" y cuidarles ante lo que, consideran, son "decisiones sin tener en cuenta la carga de trabajo para los jugadores y el impacto en su integridad física y mental".

En el tenis, los 30 jugadores mejor clasificados están obligados a jugar un número determinado de torneos

El tenis también tiene sus problemáticas. En un deporte marcado por la particularidad que le concede su carácter individual, los problemas son dos: el escaso tiempo de vacaciones (la temporada comienza a finales de diciembre, pero requiere de una preparación que deja poco margen de descanso tras un curso que finaliza en noviembre) y la concatenación de torneos de gran nivel de asistencia obligatoria para los primeros 30 jugadores del ranking.

El reglamento de la ATP es claro: un jugador de este ranking está obligado a jugar las ATP Finals, los cuatro Grand Slam, todos los Masters 1.000 y al menos cuatro torneos ATP 500, de los cuales uno tendrá que ser después del US Open, es decir, a partir de septiembre. Los jugadores que, con 12 años de experiencia, 600 partidos jugados y 30 años (han de reunir las tres condiciones) pueden optar a unas reducciones de calendario que no tienen el resto.

La situación ha generado diferentes reuniones entre los tenistas para dar una vuelta a un calendario inmisericorde que, a partir de 2020, se verá expuesto a un nuevo contratiempo: la convivencia de dos nuevos torneos de selecciones, la Copa Davis y la Copa ATP. Una nueva piedra en el camino de unos tenistas que, aunque pueden diseñar su propia trayectoria, se ven sometidos a unas especificaciones que, denuncian, merman su rendimiento y ponen en peligro su salud.

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