Deporte y Negocio

El éxito de The Process en los Philadelphia 76ers: cuando perder en la NBA supone una victoria económica

  • En 2013 la franquicia llevó su estrategia a ocupar las últimas posiciones
  • Pese a dos lesiones muy graves, los Sixers apostaron todo por Joel Embiid
  • El regreso a los playoffs casi ha triplicado su valor de mercado en cinco años
Joel Embiid junto a Brett Brown en 2018, el año del regreso a playoffs. Foto: Getty.

Una de las grandes premisas con las que la NBA vende su producto al exterior es que sus 30 franquicias pueden pasar de una temporada para otra de ser una de las peores plantillas a ocupar puestos altos, y viceversa. Un cambio que debería realizarse por las buenas gestiones deportivas, directivas y el impulso de los jóvenes talentos, pero hecha la ley, hecha la trampa. Ahí, en la captación de novatos, encontró un resquicio Philadelphia 76ers, un equipo que durante cuatro años promovió el tanking, o lo que es lo mismo, perder partidos para seleccionar los mejores rookies. Un movimiento que es difícil de comprender en el deporte de élite, pero que desde la propia franquicia apodaron The Process. Con el objetivo a largo plazo de recuperar la identidad histórica de ganar campeonatos (tienen dos anillos), el impulso de los resultados en la cancha se ha traducido en un crecimiento económico digno de los mejores gestores.

"Confía en el Proceso (Trust the Process)", reza el lema que desde la ciudad de Pensilvania se ha repetido en incansables ocasiones durante las últimas campañas. Un eslogan que acuñó Sam Hinkie, el general manager desde 2013 hasta 2016, cuando fruto de su propio producto dimitió por los resultados. Sin embargo, en la afición de Filadelfia, creyente como nadie, se apostó por el lema, caló hondo y confiaron en El Proceso hasta el final. La marcha de Hinkie fue vista como un sacrificio. El todo o nada para que no quedarse en el olvido de la mejor liga del mundo, como tantas otras franquicias. Ser el peor o ser el mejor, los Sixers no entienden de términos medios.

Wilt Chamberlain, Julius Erving, Moses Malone, Charles Barkley y Allen Iverson. Todos tienen en común que han pasado por Philadelphia 76ers, una de las franquicias históricas de la NBA que vio que cuando el último de ellos se marchó en 2007, el equipo entró en una constante montaña rusa de años regulares. El por entonces joven Andre Iguodala se quedó como líder hasta que en 2012, tras caer en segunda ronda de playoffs, se decidió apostar por lo radical.

Lastrados por la mala fortuna de las lesiones y con Jrue Holiday como única estrella, en el Draft de 2013 los Sixers traspasaron a éste por la sexta elección de Nerlens Noel y además apostaron por Michael Carter-Williams, en la undécima posición. Junto a la contratación de Brett Brown, todavía entrenador, fueron las primeras piezas angulares sobre las que edificar el proyecto de perder para ganar, pero las continuas bajas de Noel y el no confiar en Carter-Williams, pese a que fue novato del año, retrasaron el avance...o ayudaron al Proceso.

Philadelphia consiguió en 2014 al camerunés Joel Embiid en tercera posición, pero cayó lesionado para toda la campaña, vendió al que había sido mejor rookie y sumó un desastroso resultado en temporada regular (en la 14/15 acabaron con un récord de 18 victorias y 64 derrotas, venían de un 19-63). La 15/16 volvió a comenzar con una recaída de Embiid, que finalmente le llevaría a perderse de nuevo otra campaña, en los novatos se escogió a Jahlil Okafor con el tercer puesto y el balance de resultados no pudo ser peor (10-72).

Pero en medio de esta vorágine de derrotas y lesiones de su gran apuesta, el pívot africano comenzó a repetir una y otra vez el lema "Confía en el Proceso". El eslogan ya estaba en todas las calles de Filadelfia, era una constante de marketing y además se había encontrado, por fin, a un jugador que se sentía completamente identificado con el proyecto.

Quizás el propio Embiid pensase en The Process como el método para su plena recuperación y su ansiado debut en la NBA. Un estreno que llegó dos años después de terminar la universidad, para la 16/17 y con la incorporación del mejor joven del Draft de ese año, Ben Simmons. Sin embargo, el base australiano sufrió una baja que, como al que iba a ser su compañero, le apartó una temporada de las canchas. De nuevo la mala suerte en forma de lesión, pero el portentoso camerunés empezó a demostrar su potencial en la liga junto a un grupo que auguraba guerra. El récord de 28-54 fue el último mal síntoma y con el 'sacrificio' de Hinkie, la recuperación de Simmons y los traspasos de Noel y Okafor por jugadores dispuestos a ser segunda unidad, se dio el último paso.

Desde que Sixers tiene un balance positivo, su valor de mercado casi se triplica y sus ingresos se multiplican por dos

El crecimiento económico en la última temporada y media de Philadelphia 76ers ha sido digno de admirar. Aupado por las ansiadas victorias (en la 17/18 firmaron, al fin, un balance positivo de 52 victorias y 30 derrotas) y el regreso seis campañas después a los playoffs, la franquicia de la Conferencia Este casi triplica su valor de mercado, dobla sus ingresos y suma un beneficio tres veces mayor que en 2014, cuando se eligió a Embiid.

El pívot, marcado por el famoso lema, se ha convertido en toda una referencia de la NBA. Desde que llegó a Pensilvania, el número de asistentes a los partidos como local de los Sixers en el Wells Fargo Center ha pasado de una media de 13.940 aficionados, en una cancha de 20.112, a ser 20.405 en cada partido de esta temporada (según los datos de ESPN se suman asientos VIP, que no contabilizan en los datos de aforo proporcionados por el pabellón). Es decir, en la 14/15, cuando el camerunés se perdió la primera de sus dos campañas por lesión, los 76ers eran el equipo que congregaba menos asistentes como local (68,6%), mientras que ahora son el primero de lo que va de 18/19 (100,4% en cada encuentro). Por medio han sido el vigesimoctavo (14.881 en la 15/16), decimoctavo (17.330 en la 16/17) y tercero (20.329 fans de media en la 17/18).

Unos datos en constante auge, como el valor de la franquicia para Forbes. El reputado medio calcula que los de azul, rojo y blanco valen en la actualidad 1.453 millones de euros, por los 616,5 que valían cuando se sumó a Embiid a The Process. En paralelo, sus ingresos económicos son esta campaña de 236 millones de euros, mientras que en 2015 eran de 110. Por último, restando el gasto en jugadores, que lógicamente también ha ido en aumento (de casi 53 'kilos' ha pasado a 92,5) y los distintos pasivos, el beneficio de la entidad se ha triplicado hasta alcanzar los 60 millones de euros (antes del pívot era de 21,5).

Los claros resultados de que la apuesta que en su día comenzó Sam Hinkie y Brett Brown han dado sus frutos a base de derrotas planificadas, mala suerte con las lesiones y paciencia. La franquicia a orillas del río Delaware confió en un jugador no estadounidense, con un evidente historial de lesiones y apoyado por un segunda unidad de futuro, para edificar su resurrección. Pero sobre todo, contó con el apoyo de una afición que desde el primer momento creyó a ciegas en un lema. "Confía en el Proceso", la frase más repetida en Filadelfia durante los últimos seis años, ha llevado a una franquicia histórica en decadencia a volver a luchar por reinar en el Este.

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