Cataluña

EEUU y Japón tiran del negocio exterior de la industria española

  • Las exportaciones mantienen el saldo negativo pero con una lenta recuperación
  • El sector exterior hizo un cambio estructural a raíz de la anterior crisis económica en 2008
  • La industria debe diversificar las cadenas de aprovisionamiento
Imagen de contenedores con mercancías, en el Puerto de Barcelona. LUIS MORENO
Barcelona

Las empresas industriales con proyección internacional consideran que Estados Unidos, Asia y, a medio plazo, África serán sus mercados de futuro en la etapa post-covid.

De hecho, los países donde en los últimos seis meses las exportaciones españolas han registrado un descenso menos pronunciado han sido Japón, con un 6,8%, y Estados Unidos, con un 10%. En la Unión Europea las exportaciones han caído un 14,8% acumulado en el primer semestre de este año respecto al mismo periodo de 2019.

En el caso de los Estados Unidos, que la demanda se mantenga en una cierta estabilidad corresponde a las ayudas económicas que el Gobierno ha otorgado a la población y a empresas para afrontar la crisis del coronavirus, y que han tenido un impacto positivo. No obstante, la incertidumbre sobrevuela el país por cuando se desconoce qué sucederá cuando las ayudas finalicen, por lo que la evolución de 2021 es aún una incógnita, explica Joan Tristany, director general de Amec (Asociación de las Empresas Industriales Internacionalizadas).

Como patronal de este ámbito, la asociación advierte de la dicotomía que se está generando en muchos mercados exteriores entre la percepción que puede tenerse de los efectos de la pandemia -cierre de fronteras, caída de la demanda, controles comerciales...- y la efectividad que tienen los instrumentos de reactivación y apoyo a empresas.

La industria exportadora española está bien posicionada en Europa, tiene una favorable evolución en Estados Unidos y los negocios allí están funcionando, y en China y el sudeste asiático, son un gran mercado en el que las compañías españolas tienen una presencia demasiado limitada, según Amec. El reto es crecer en estos destinos porque dan muchas oportunidades.

El primer semestre del año ha sido un período "nefasto" para el comercio exterior, corrobora Tristany, pero la tendencia en la segunda mitad del año marca una cierta recuperación. En conjunto, la caída acumulada durante el primer semestre de las exportaciones españolas ha sido del 15,8% respecto al mismo periodo del 2019.

Pero junio, marcó un punto de inflexión. A pesar de la importante caída de las exportaciones de la industria española, con caídas interanuales más reducidas, y se aprecia una leve mejora el negocio exterior con Europa y especialmente con Norteamérica -fundamentalmente Estados Unidos-. Mientras que en los últimos meses, Asia está empeorando levemente, debido a su política de autoabastecimiento con productos locales, añade.

Para el segundo semestre se espera una disminución más atenuada del derrumbe exportador, hecho que confirmaría que la recuperación del sector se dibujará en forma de 'v' de Nike, según Tristany. De ahí que, a corto plazo, el año se cerrará con las exportaciones en mínimos, y los niveles pre-covid no se esperan hasta finales de 2021 porque será esencial que se retome a nivel global la libre circulación de personas y mercancías y por la permanente incertidumbre económica que paraliza la toma de decisiones empresariales en compras de bienes de equipo, para abordar inversiones industriales.

La salida a la crisis no será ni sincronizada ni homogénea, no todos los países saldrán reforzados al mismo nivel. Y España, probablemente, será de los más afectados, porque la economía tiene gran dependencia de los sectores más perjudicados, como el turismo.

Un sector clave

Aquí, el sector exterior y especialmente el industrial, jugarán un papel fundamental para la recuperación, según Tristany. Desde Amec se reclama reiteradamente una apuesta de las administraciones por el fomento de la industria como gran creadora de valor añadido. No piden ayudas concretas porque la fórmula para fomentar el comercio exterior dependerá de aquella medidas que se tomen para la mejora de la competitividad de las empresas españolas, un reto que España ya tenía antes del covid, señala. De ahí, el interés por implementar las medidas para la recuperación en base a los criterios de la Unión Europea.

España tiene aún una gran asignatura pendiente: el cambio de modelo productivo. Tristany expone que esta reforma estructural ya tenía que abordarse en la anterior crisis económica de 2008, pero el sector exterior fue el único que lo abordó. Esta crisis lo ha evidenciado de nuevo, "tenemos una segunda oportunidad, pero si ahora no hacemos el cambio de modelo productivo, España no evolucionará", dice y advierte de que "la neutralidad después de esta crisis no existirá porque hay una transformación mundial y el país que no se sume desaparecerá".

Las importaciones, por su parte, en clara caída también, muestran el divergente desarrollo de los sectores económicos, porque segmentos de actividad vinculados a los productos de primera necesidad sí han abordado algunas inversiones y han realizado compras en el exterior de bienes de equipo.

Las economías española y catalana, como refleja el índice de solidez de la internacionalización que elabora Amec, tienen un sector exterior muy diversificado, empresarial y sectorialmente, que les proporcionan una cierta resiliencia. Son economías diversas en las que ningún sector acapara grandes porcentajes, sino que los ámbitos con más relaciones hacia el exterior copan niveles del 20%, como automoción, química, alimentación... "Ello nos favorece", según Tristany.

Diversificar el orígen

La patronal Amec entiende que, pese a los efectos de la pandemia del coronavirus, la globalización seguirá existiendo y fomentándose. El directo general, Joan Tristany, opina que se modificarán algunas reglas pero el comercio internacional se mantendrá. Los países no pueden producir de todo en gran volumen, no volverá el proteccionismo y no debe fomentarse el autoabastecimiento. Las economías que avanzarán serán las que tengan capacidad para adaptarse a nuevos contextos, con empresas y sectores preparados tecnológicamente, dice Tristany. El problema no es la lejanía del proveedor, sino tener una gran diversificación, ya que tener los suministros cerca no garantiza disponer de ellos. El debate no es la distancia sino la diversificación de las cadenas de aprovisionamiento. "Si sucede otro conflicto, de la materia que sea, necesitaremos abastecernos. El sector de la automoción hace décadas que lo visualizó y situa sus proveedores de suministros en todos los continentes", advierte Tristany.

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