Castilla y León

DO Rueda, elecciones en la encrucijada

Un viñedo recién plantado en Rueda
Valladolid

La Denominación de Origen Rueda afronta el próximo día 28 de noviembre unas elecciones decisivas. El Consejo Regulador que salga de las urnas deberá afrontar la complicada situación que ha generado la "barra libre" de nuevas plantaciones de viñedo permitida durante los últimos años para perjuicio de los viticultores.

Las organizaciones agrarias Asaja y UCCL, esta última en alianza con la Unión Regional de Cooperativas Agroalimentarias (Urcacyl), compiten por los seis vocales del estrato productor, mientras que la Asociación de Bodegueros Asber opta a los seis de los elaboradores. También hay una candidatura "independiente" vinculada a Miguel Melida, socio de García Carrión, para los agricultores.

Los elegidos en estos comicios no lo tendrán fácil. Deberán hacer frente a la gestión de una Denominación de Origen sobredimensionada que debe recuperar el equilibrio perdido entre oferta y demanda para no devaluar más su prestigio ante una competencia que viene pegando fuerte.

Lo ocurrido en Rueda no ha tenido parangón en ningunas de las Denominaciones de Origen vitivinícolas españolas y en ningún otro sitio se ha desoído más a los viticultores ante el silencio o inacción de quienes habían sido elegidos para defenderlos.

Vayamos a los datos del propio Consejo Regulador. Desde principios de 2017 hasta ahora, la superficie de viñedo de uva blanca en Rueda ha pasado de 13.072 a 20.232 hectáreas, lo que supone que en cinco años se ha disparado un 55% (7.170 hectáreas).

En términos de producción ha supuesto pasar de 82 millones de kilos de uva a los 123,8 millones amparados este año, cifras engañosas de cualquier manera porque no reflejan todo el potencial productivo de la DO, que se ha visto abocada durante las dos últimas campañas a sacar millones de kilos de uva fuera de la Comunidad. A eso hay que sumar que el pasado año se tiró mucho uva para acogerse a las ayudas por la vendimia en verde o que el Consejo suprimió en 2019 el 4% adicional que se admitía por vendimia mecánica, que pueden suponer otros cuatro o cinco millones de kilos que se quedan fuera de los registros oficiales.

Reducción de rendimientos

El crecimiento descontrolado de la producción llevó al Consejo Regulador el pasado año a solicitar a la Junta de Castilla y León la reducción de los rendimientos del viñedo por segunda vez ante la incapacidad del mercado, muy mermado por la pandemia del coronavirus, de absorber tanto vino. Era intentar parar una hemorragia con una tirita, sobre todo teniendo en cuenta que era algo que se veía venir.

No hace falta ser un experto para deducir que un crecimiento excesivo de la masa vegetal, y consecuentemente del volumen de producción de vino, empujaría los precios a la baja en poco tiempo y eso terminaría repercutiendo como siempre en el eslabón más débil, el agricultor. De hecho, ya lo advirtió un informe encargado por el Consejo Regulador en marzo de 2017 para limitar o restringir nuevas plantaciones.

En el informe, se aseguraba, a tenor de la evolución de la superficie de los años 2016, 2017 y las proyecciones de 2018, que se trataba "de un crecimiento nunca experimentado por la Denominación que, sin duda, desajustará el equilibrio entre oferta y demanda y generará tensión en la estabilidad de los precios es en todas las partes de la cadena de valor, afectando a los márgenes de todos los socios de la DO Rueda".

En el estudio se analizaba el importante crecimiento -a ritmo de dos dígitos- en la demanda de los vinos de Rueda, aunque se constaba que en 2015 ya se comenzaron a vislumbrar síntomas de agotamiento de un modelo que había disparado las ventas hasta entonces. De hecho, se reconocía que los vinos con marchamo de la DOP Rueda "han sufrido ligeras presiones a la baja durante los últimos años, que evidencian que el equilibrio necesario entre oferta y demanda se ha superado a costa de bajar precios y márgenes, con la consiguiente pérdida de imagen de calidad en los mercados".

La claridad del informe llevó al Consejo Regulador a plantear una votación entre los viticultores y las bodegas sobre la idoneidad de cerrar todas las vías para nuevas plantaciones. Era abril de 2017. El mandato de los agricultores, pese a que nunca se hicieron oficiales los resultados, fue claro a favor de una limitación que, aunque llegaba tarde, podía evitar males mayores. Sorprendentemente, el máximo órgano de la Denominación optó por la decisión contraria y descartó cualquier restricción.

Lo curioso del caso es que aquella decisión no fue votada por los miembros del Consejo Regulador. Inexplicablemente, los representantes que habían sido elegidos por los estratos de los viticultores no exigieron que se cumpliese su mandato.

Así se reparten los vocales

El sector productor elegirá 6 vocales repartidos de la siguiente forma:

Estrato 1: Dos vocales. Viticultores con una superficie inscrita de más de 28,94 hectáreas.

Estrato 2.: Un vocal. Viticultores con una superficie de entre 16,50 y 28,94 hectáreas.

Estrato 3. Un vocal: Viticultores con entre 7,50 y 16,49 hectáreas.

Estrato 4. Dos vocales: Viticultores con menos de 7,50 hectáreas.

Sector elaborador-transformador:

Estrato 5. 2 vocales. Bodegas que hayan retirado más de 4.200.000 de contraetiquetas de media entre los años 2018, 2019 y 2020.

Estrato 6. Un vocal. Bodegas que hayan retirado entre 2.400.000 y 4.200.000 contraetiquetas.

Estrato 7. Un vocal. Bodegas que hayan retirado entre 1.166.000 y 2.399.999 contraetiquetas.

Estrato 8. Un vocal: 1. Bodegas que hayan retirado entre 474.000 y 1.165.999 contraetiquetas.

Estrato 9. Un vocal. Bodegas que hayan retirado menos de 474.000 contraetiquetas.

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