Canarias

La primera quiebra del turismo de Canarias tras la I Guerra Mundial

  • El origen de las primeras inversiones comienzan en 1885 con William S. Harris
Las Palmas de Gran Canaria

En 2020 la pandemia del Covid-19 ha provocado que los inmigrantes llegados en patera hayan tenido que ser alojados en hoteles ante la imposibilidad de devolverlos a sus países de origen o permitirles circular libremente en la UE. Algo parecido ocurrió en las islas tras la I Guerra Mundial: los hoteles quebraron y encontraron en la asistencia social a desempleados la vía de su mantenimiento.

La llegada de turistas a Canarias comenzó formalmente a finales de 1887. Antes lo que había eran viajeros. Tenerife y Gran Canaria fueron los primeros escenarios de inversiones. En el caso de Gran Canaria, fue el hotel Santa Catalina (1890) -ahora en manos de Barceló- y en Tenerife se creó la primera empresa hotelera en 1887, en Puerto de la Cruz. El arranque del negocio del turismo contó con apoyo financiero desde Reino Unido. La sociedad era The Grand Canary Islands Company, con sede en Londres y un capital formado por 2.500 acciones emitidas, de las 300 se reservó a inversores canarios.

El periodista y cronista turístico canario Michel Jorge Millares señala que los efectos de la I Guerra Mundial fueron desastrosos para el establecimiento porque "sin movimiento de viajeros, las islas padecieron una grave crisis económica, traducida en profundo malestar colectivo". No quedó otro remedio que emplear el Hotel Santa Catalina para para dar de comer a multitud de obreros sin trabajo en el Puerto de la Luz, instalándose cocinas económicas".

Aquella crisis por la no presencia de turistas ingleses en Canarias provocó un cero similar al que ha existido hasta ahora en 2020. El Hotel Santa Catalina se puso en venta y el Cabildo de Gran Canaria meditó hacer en sus instalaciones un asilo infantil. "Hubo oposición, por creerse que no debía desaparecer el hotel, y se desistió. Entonces se apresuró a adquirirlo el Ayuntamiento", que sigue siendo su propietario. Detalla el profesor García Lemus que el cónsul británico en Las Palmas German Wildpret indicaba en uno de sus informes a Londres: "En Tenerife simplemente rechazan, me dice, recibir enfermos de tuberculosis en sus hoteles porque consideran la enfermedad como contagiosa". El representante diplomático del Reino Unido en Tenerife, Charles S. Dundas, escribió en 1881: "existe una repugnancia arraigada para con los enfermos de tuberculosis y no los quieren". La gente, por muy pobre que pudiera ser para alquilar unas dependencias o una casa, nunca alquilaría a un tuberculoso.

Antes del turismo moderno los viajeros flamencos, franceses, ingleses y holandeses eran habituales en alojamientos informales desde el siglo XVI

En Tenerife, al final, fue una enfermedad la que da origen al turismo porque sus empresarios observan que hay un nicho de mercado a explotar tras la crisis de las exportaciones de vino. Y que en Puerto de la Cruz se detectó el interés de turistas británicos por disponer de largas estancias para curarse. Superadas las resistencias médicas, desde el 8 de abril de 1883 comenzó la historia del turismo de Tenerife. El origen de las primeras inversiones comienzan en 1885 con William S. Harris que establece ante notario la primera empresa del sector en Canarias: Compañía de Hoteles y Sanatoriun del Valle de La Orotava, que acabó intoxicada por presiones políticas y con Harris cesado en su puesto cuando estaba en Londres buscando capital.

A juicio de Nicolás G. Lemus, doctor en Geografía e Historia por la Universidad de La Laguna y licenciado en Filosofía y Letras, "el despegue del turismo moderno en Canarias como tal, desde el punto de vista de los capitales, se dio en el segundo lustro de la década de los ochenta del siglo XIX". "La participación de compañías y empresarios extranjeros, mayoritariamente británicos, presentes de una manera abrumadora a finales del siglo del XIX en las capitales de provincias, fue decisiva", subraya Lemus "y la presencia británica es la pieza básica para entender la puesta en marcha del turismo moderno en Canarias, puesto que su existencia empresarial facilitó los recursos financieros".

Antes del turismo moderno los viajeros flamencos, franceses, ingleses y holandeses eran habituales en establecimientos alojativos informales desde el siglo XVI por la exportación del azúcar y los vinos malvasías canarios. A esa corriente se sumaron naturalistas y exploradores. "El turismo pudo haberse desarrollado mucho antes. Si no sucedió así fue por el desinterés mostrado por la élite local en su puesta en marcha", agrega Lemus.

La primera empresa hotelera de Tenerife tenía un capital muy diverso: además de capital canario representado por Esteban Salazar, Felipe Machado, Ricardo Ruiz, Andrés Carpenter, Casa Hamilton o Domingo Algular entraron los cónsules de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania, Suecia, Italia y Rusia. La idea inicial surgió de Nicolás Benítez de Lugo. A partir de ahí se comienza a arrendar suelo agrario para convertirlo en uso hotelero y de ahí surge los Orotava Grand Hotel, hotel Monopol y hotel Buenavista.

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