Canarias

San Borondón: 300 años de la burbuja económica en Canarias

  • Las autoridades canarias interpretaban que desde la perspectiva actual no es difícil encontrar razones a aquella expedición
Las Palmas de Gran Canaria

Cuando se configura una visita de vacaciones a Canarias las leyendas de las islas siempre se tienen en cuenta. Una de ellas es la de San Borondón, una isla misteriosa que muchos navegantes afirman haber visto. Algunos de ellos los tripulantes que acompañaban a Cristóbal Colón cuando iba a La Gomera antes de partir al Nuevo Mundo.

Este 2020 se cumplen 300 años del inicio de la primera travesía para ir a buscar esa isla. Desde 1719 a 1721 hubo ajetreo en Gran Canaria para controlar la misteriosa isla. El que era capitán general de Canarias, Juan de Mur y Aguerre, pidió datos a Pedro Agustín del Castillo y Ruiz de Vergara, una de las cabezas mejor amuebladas de las islas en aquella época. Los textos antiguos detallan que era una quimera, pero dejaron en la ambigüedad las conclusiones y al final se ha consolidado como una leyenda.

De hecho, el propio Pedro Agustín del Castillo detalla en su 'Descripción de las Islas de Canaria', la expedición que en 1570 organizó Melchor de Lugo junto a otros relevantes personajes de La Palma para descubrir la legendaria San Borondón. Sabía que no existía.

Los profesores Fernando Bruquetas de Castro y Luisa Toledo Bravo de Laguna explican que al margen del concepto mitológico en el fondo era una operación económica. Y es que unas islas basadas en la agricultura de subsistencia y precariedad obligaba a generar cultivos tras la quiebra de las exportaciones de vinos en La Palma y Gran Canaria. La producción de cereales no encontraba demanda exterior capaz de absorber sus excedentes a lo que hubo que añadir plagas o sequías.

El hambre provocó que Tenerife y Gran Canaria fuesen tomada por vecinos de Lanzarote y Fuerteventura. En 1720 se inició movilizaciones por el hambre. Con esos antecedentes y las dificultades para ir a América, el capitán general Juan Mur prepara aquella expedición en busca de la isla de San Borondón. No por motivos sentimentales ni mitológicos, sino como una forma de encontrar posibles, aunque descabelladas, soluciones a la crisis que afectó con tal virulencia al Archipiélago.

Las autoridades canarias interpretaban que desde la perspectiva actual no es difícil encontrar razones a aquella expedición: si la isla de San Borondón fuera descubierta allí se podía mandar gente a trabajar y generar riqueza para los isleños. Se presentó como entonces como una isla que podría ser la solución para los problemas canarios de principios de la década de 1720.

Los cartógrafos medievales ya la plasmaron como parte del archipiélago canario en sus mapas e incluso se creía que se había desprendido, en el pasado, del continente americano. El origen de esta isla imaginaria está en una expedición marítima llevada a cabo por el monje irlandés San Brandán en el año 516. Según su relato, llegó a una exuberante isla de arena negra, en la que el sol nunca se ponía y los árboles daban abundante fruta: Se pensó, durante mucho tiempo, que se trataba del paraíso.

Así, Viera y Clavijo ya apuntaba que la existencia de la isla de San Borondón es un problema, acerca del cual "tenemos tres sistemas". "El primero es el del vulgo supersticioso e ignorante, que atribuye su inaccesibilidad a una especial providencia divina o magia diabólica. El segundo es el de los que se obstinan en sostener su realidad con pruebas de hecho y buscar razones para que no se haya descubierto todavía y para que con dificultad se pueda descubrir. El tercero es el de los críticos y filósofos, que niegan absolutamente que exista tal isla fuera de nuestros ojos o de nuestra imaginación".

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