
La banca española está ajustando sus gastos, no sólo en España, para mejorar su cuenta de resultados y su rentabilidad. BBVA ha llevado a cabo en los últimos seis meses un recorte de personal en su principal filial, la mexicana Bancomer, de 1.159 trabajadores, es decir, un 3% de la plantilla de esta división.
El ajuste se ha producido antes de que BBVA se plantee el despido en España de unos 2.000 empleados, según fuentes financieras, aunque los máximos directivos del grupo hayan negado que exista un plan de reducción de fuerza laboral en nuestro país al margen del pactado el año pasado con los sindicatos en Cataluña tras la integración de Catalunya Banc, que afectará a 1.557 trabajadores a través de prejubilaciones y bajas incentivadas.
México es el gran soporte del grupo que preside Francisco González. Es la franquicia que más aporta a los resultados, un 38% del total en el primer semestre de 2016, y es la que cuenta con el mayor número de empleados, a pesar de que en España el banco cuenta con una parte importante de los servicios centrales. En concreto, tras el ajuste, Bancomer da trabajo a 37.340 personas, 4.300 más que las filiales de nuestro país.
BBVA, como el resto de entidades, están enfocando su estrategia en la contención de costes para impulsar las cuentas, como consecuencia de la presión que está provocando en los ingresos la caída de los tipos de interés al terreno negativo en Europa y el aún bajo nivel de actividad a pesar de la recuperación económica.
El objetivo es mejorar el ratio de eficiencia operativa, que en el caso de BBVA empeoró en el primer semestre con respecto al mismo periodo del ejercicio anterior. El grupo, en términos globales, a cierre de junio tenía que gastar casi 52 euros para ingresar 100 (51,8%), frente a los 49,5 euros de doce meses antes (49,5%).
Mejora de la eficiencia
La eficiencia de la filial mexicana, por contraste, mejoró en la primera mitad del año tras el ajuste de personal y se sitúa muy por debajo. En junio de 2016, Bancomer presentó una ratio de gastos sobre ingresos del 36,2%, ocho puntos básicos por debajo que a cierre del primer semestre de 2015.
Esta buena evolución se sustenta, precisamente, en los costes de la plantilla, que descendieron un 10,6% en términos interanuales, hasta 519 millones de euros.
El recorte de trabajadores en Bancomer no se ha traducido en una disminución de la red de sucursales ni de los cajeros automáticos. Todo lo contrario, el número de oficinas y de terminales para sacar efectivo de la franquicia azteca ha crecido ligeramente desde el pasado diciembre. Las prejubilaciones son la vía ordinaria de las entidades para llevar a cambio el rejuvenecimiento de la plantilla, pero en tiempos de crisis son la vía recurrente para recortar el personal. En la actualidad, además, el sector vive una profunda transformación del negocio, debido al impulso de las tecnologías.
Todas las entidades están invirtiendo grandes cantidades de dinero para ofrecer servicios de banca móvil y de Internet, lo que está acelerando el cierre de sucursales.
Tijeretazo en el sector español
Esta reconversión y la necesidad de mejorar eficiencia ha llevado a la banca española a anunciar en lo que va de año el recorte de hasta 9.000 empleos. El mayor tijeretazo se atribuye al Popular, con un potencial de salidas de entre 2.000 y 3.000, equivalente al 15-20% de la plantilla en nómina. Otros 5.000 los han pactado con sindicatos el Santander, Caixabank, Liberbank o NovoBanco y Ceiss.
Con esta vuelta de tuerca el censo de puestos extinguidos en el sector sube a 84.350 desde los 278.301 máximos existentes en 2008. Es decir, se ha eliminado casi un tercio -el 30,3%- de la fuerza laboral en una industria que era un polo de atracción de personal por sus condiciones económicas y laborales, y hoy dispone de la menor plantilla registrada desde que el Banco de España inició la serie histórica en 1981.
El proceso de concentración, precipitado por el salvamento de numerosas antiguas cajas de ahorros, coloca a la industria española entre las que mayores sacrificios ha realizado. Entre 2008 y 2015, el 45,56% de las salidas de personal y el 49,7 por ciento del cierre de oficinas acometido en la eurozona tuvo factura española. Un esfuerzo que le permite exhibir uno de los mejores ratios de eficiencia -parte de los ingresos destinados a costear la estructura-.
Los tipos a ras de suelo, que difícilmente remontarán en los próximos trimestres, y la escasa demanda de crédito solvente han volatilizado un 70% de los ingresos y las alternativas, vía comisiones, son difíciles mientras la contratación permanezca tan débil.