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Argentina no sale del laberinto: los escándalos entierran el debate económico en la campaña electoral

  • Los candidatos no entran en detalles sobre cómo solucionar los problemas
  • Milei no explica sus planes de dolarización y Bullrich no propone nada
  • Massa pasa al ataque en medio de un escándalo de un alto cargo peronista
Javier Milei y Sergio Massa se cruzan en un momento del debate. Foto: Reuters

A 20 días de unas elecciones presidenciales clave en Argentina, todos los candidatos parecen tener un diagnóstico claro de los problemas a los que se enfrenta la economía del país, pero ninguno sabe -o quiere decir- qué hace falta para salir del agujero en el que lleva años hundiéndose a una velocidad cada vez mayor. En el primer debate electoral ninguno de los tres grandes aspirantes quiso explicar qué soluciones plantean, mientras que los medios llevan días centrándose en un escándalo marbellí de un alto cargo peronista, que es probablemente lo último que necesitaba el Gobierno.

Durante el primero de los dos debates electorales entre los 'primeros espadas' (habrá otro más de 'números dos' y un posible tercer debate entre los dos finalistas si es necesaria una votación final en noviembre), todos coincidieron en la necesidad de reducir el déficit fiscal para frenar la inflación. El problema es que nadie quiso hablar del elefante en la habitación: los fuertes recortes de gasto (o las fuertes subidas de impuestos) necesarias para cuadrar los presupuestos de un país que apenas ha logrado hacerlo 10 veces en 120 años, como apuntó Javier Milei, el candidato libertario.

Milei, que aboga por dolarizar el país, se resistió a dar detalles de su plan. Y sus rivales le recordaron que abandonar la moneda propia no es tan fácil: solo un pequeño número de países del mundo han renunciado a tener un Banco Central (Milei quiere "volarlo por los aires") y necesitarían un préstamo de miles de millones de dólares antes de intentar siquiera abandonar el peso, algo muy improbable teniendo en cuenta las deudas gigantescas que Argentina ya tiene con el FMI. El libertario tampoco explicó su plan para eliminar la educación pública y reemplazar el sistema por uno de bonos para que los padres paguen el colegio privado que prefieran.

Su programa lo resumió prácticamente en una frase: "Una reforma del estado, desregular a fondo la economía, hacer privatizaciones para sacarnos las nefastas empresas del estado de encima, abrir la economía y cerrar el Banco Central". Y prometió que si le dan 15 años de Gobierno pondrá Argentina "al nivel de Italia, España y Francia"; en 20 "al de Alemania", y con 35 "al de EEUU".

Sergio Massa y Patricia Bullrich. Foto: Reuters

Sergio Massa, el actual ministro de Economía y candidato peronista, demostró que es prácticamente la única persona capaz de defender la gestión del Gobierno saliente, básicamente abrazando lo mejor -o por lo menos lo más salvable- y distanciándose de los fracasos y las polémicas que han rodeado a Alberto y Cristina Fernández. Massa, del ala conservadora del peronismo, chacó la crisis inflacionaria y la gigantesca deuda con el FMI al expresidente Mauricio Macri (que dejó acelerarse a los precios durante su mandato y firmó el préstamo original con el Fondo), aunque pidió disculpas por las terroríficas cifras actuales: "La plata no alcanza".

En su discurso se limitó a prometer un equilibrio entre una bajada de gasto y una protección de las clases más bajas. Fue, eso sí, el único que hizo algunas propuestas: crear una moneda digital, con bajadas de impuestos para las pymes que la utilicen como forma de sacar la economía sumergida a la luz; una ley de blanqueo para traer de vuelta dinero evadido al extranjero y más penas para los que violen el 'cepo cambiario' para comprar dólares sin el control del Gobierno.

En tierra de nadie se quedó Patricia Bullrich, la candidata de centro-derecha de la oposición tradicional. Su apuesta es dejar las manos libres a Carlos Melconian, expresidente del Banco Central de la República Argentina (BCRA), para aplicar un programa económico de ajuste en el que lleva trabajando "un año y medio". Pero la propia Bullrich no dio muchos más detalles sobre ese programa y, en su lugar, fue incapaz de responder preguntas directas sobre los bonos que debe pagar el Tesoro el próximo año.

Nazis y Marbella

Fuera del debate económico, la campaña se ha enredado entre escándalos de todo tipo: invocaciones al nazismo, el recuerdo de la dictadura militar de Jorge Videla y unas fotos robadas en Marbella a un alto cargo peronista. Martín Insaurralde, alcalde de un municipio bonaerense y jefe de Gabinete del gobernador peronista de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, fue pillado en el yate de la modelo Sofía Clérici en Marbella, entre copas de champán y fotos entre insinuantes y sexuales.

Insaurralde es, precisamente, una persona de confianza de la vicepresidenta, Fernández de Kirchner, y en 2013 fue rival nada menos que de Massa, dentro de la guerra interna peronista por suceder a la entonces presidenta. Massa solo tardó unas pocas horas en ejecutar políticamente al edil, desatando una crisis constitucional en la Provincia de Buenos Aires, que ahora se está planteando reformar su constitución provincial -equivalente a un Estatuto de Autonomía- para eliminar la figura del jefe de Gabinete y eliminar el Senado provincial.

Pero el peronismo no es el único metido en líos. Milei vio a su portavoz (y potencial ministro) de Educación, Martín Krause, invocar al Gobierno de Adolf Hitler para compararlo con ellos: "Imagínense si en la Gestapo hubieran sido argentinos, ¿no hubiera sido mejor? Porque en vez de matar 6 millones de judíos, hubieran sido menos. Porque hubiera habido coimas [sobornos], ineficiencias, se hubieran quedado dormidos... pero eran alemanes. Ese fue el problema que hubo", aseguró. Y si mencionar dictaduras del siglo pasado suena extraño, Milei se encontró en el debate defendiendo a Videla: dijo que lo que hubo en Argentina en la década de los 70 fue una "guerra civil", negó las cifras de 30.000 asesinados y desaparecidos que calculan los expertos -"solo hubo unos 7.000"-, y calificó las miles de ejecuciones extrajudiciales cometidas por la dictadura como "excesos de las fuerzas del orden".

En medio de este ambiente de locura se llega a los 20 días para las elecciones, en las que se elegirán la mitad de los diputados (la otra mitad se renueva dos años después de las presidenciales) y un tercio de los senadores (que tienen un mandato de 6 años y se renuevan en tercios cada dos años). Para elegir presidente hace falta que uno de los candidatos supere el 45%, o llegue al 40% y le saque 10 puntos al segundo. Las primarias (la 'primera vuelta') dejaron un triple empate técnico, y las encuestas ponen a Milei algo por delante pero dan por posible prácticamente cualquier combinación para la 'tercera vuelta' de noviembre. Son, sin duda, los comicios más abiertos e inexplicables de la historia reciente de Argentina. Y, probablemente, los más importantes en 30 años.

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