Tecnología

Los chips de TSMC, el talón de Aquiles de las Siete Magníficas expuesto a la flecha de China

  • Los gigantes tech de EEUU dependen de Taiwán para fabricar sus chips
Oblea de silicio. Bloomberg.
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Los chips son el elemento central del desarrollo tecnológico actual. Estos semiconductores se emplean en todo tipo de productos, como smartphones, coches eléctricos, drones de combate o centros de datos donde se entrena a la IA. Por ello, las firmas que operan en la cadena de suministro de chips, así como las que están especializadas en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, han adquirido una gran relevancia. Es el caso de las Siete Magníficas, el grupo de empresas formado por Alphabet, Amazon, Apple, Meta, Microsoft, Nvidia y Tesla, cuyos valores han aumentado, conjuntamente, casi un 117% en el S&P 500 desde octubre de 2022, momento en el que el índice alcanzó su nivel más bajo. Sin embargo, estas firmas tienen una gran dependencia de TSMC, por lo que si esta compañía taiwanesa experimenta algún problema, ello les afectaría gravemente.

La mayoría de los ingresos de TSMC en 2023 provinieron de operaciones realizadas en América del Norte. Concretamente, dicha región representó un 68% de los ingresos, un porcentaje superior al de China, que aglutinó el 12%. Este enorme flujo comercial norteamericano no sorprende si se tiene en cuenta que muchas de las firmas más punteras que trabajan con semiconductores son estadounidenses. En este sentido, el Banco de América indica que la dependencia de las Siete Magníficas respecto a TSMC asciende al 66%. Además, el CSIS (Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, en español) señala que el 90% de los procesadores elaborados por este grupo de empresas utilizan chips 'made in Taiwán'.

La razón es que TSMC posee la porción más grande del pastel de los chips. Su cuota en el mercado global de fabricación de semiconductores ascendió, en el tercer trimestre de 2023, al 59%, una cifra superior a la de su inmediato competidor, la surcoreana Samsung, con un 13%. Lejos quedan la también taiwanesa UMC, la estadounidense GlobalFoundries y la china SMIC, con un 6% cada una. Ello permite a Taiwán producir, a nivel global, cerca del 60% de los chips, elaborando en torno al 90% de los semiconductores más avanzados.

Pocas dudas hay del rol fundamental que TSMC desempeña no solo en la industria de los chips, sino en la economía global. Según un informe de McKinsey & Company, la industria de los chips aumentará entre un 6% y un 8% anualmente hasta 2030. Esta firma señala, asimismo, que el 70% de este incremento será impulsado por tres sectores: el automovilístico, el computacional y de almacenamiento de datos, y la industria de transmisiones inalámbricas. Tres ramas clave para importantes retos como el de la transición energética, por lo que cualquier problema que afectara a la producción taiwanesa de chips sería un desastre global.

Pero no solo desde un punto de vista económico, también financiero. Las Siete Magníficas han acaparado gran parte del buen rendimiento bursátil del último año. El índice Bloomberg Magnificent 7 Price Return se duplicó con creces en 2023, lo que contribuyó a una ganancia del 54% para el índice Nasdaq 100. Sin embargo, una versión de igual ponderación de ese índice ganó menos del 33%. Los expertos bursátiles lo llaman efecto de megacapitalización. Pocas acciones son las principales responsables del rally bursátil.

El lado oscuro de este fenómeno significa que una caída bursátil de las Siete Magníficas se amplificará para todo el mercado. "Los mercados extremadamente concentrados presentan un riesgo claro, al igual que un número muy limitado de acciones fueron responsables de la mayoría de las ganancias el año pasado, las caídas podrían arrastrar a los mercados de renta variable con ellas", comenta Khuram Chaudhry, jefe de estrategia de derivados de JP Morgan.

Son los dos golpes que puede dar China. El Gobierno de Xi Jinping no reconoce la República de China -no confundir con la República Popular de China-, nombre cuyo origen proviene del Estado que fue derrocado por la revolución de Mao Tse Tung y que consiguió sobrevivir con la huida del presidente Chiang Kai Shek a la isla de Taiwán. De hecho, este Estado solo está reconocido por doce países a nivel mundial, ya que la política de 'Una China' llevada a cabo por Pekín empuja a la mayoría de los estados a establecer relaciones diplomáticas con China y no con Taiwán. Nadie quiere enemistarse con la segunda mayor economía a nivel global.

Sin embargo, la guerra comercial entre EEUU y China ha reavivado el conflicto, ya que Taiwán no solo es fundamental a nivel económico: también ejerce un importante rol estratégico en la denominada 'primera línea de islas', formada por los principales archipiélagos que bordean territorio chino y que se extiende desde Filipinas hasta Japón. Además, algunos medios de comunicación indican que China está estudiando la invasión rusa de Ucrania para ejecutar, eventualmente, una agresión similar para anexionarse Taiwán. En este contexto, el recién nombramiento del independentista Lai Ching-te como primer ministro taiwanés parece tensar más la situación.

Además, las sanciones a China están dificultando la adquisición por parte del país asiático de semiconductores, lo cual ha reducido el volumen de chips que el gobierno de Xi Jinping importa de Taiwán. En 2023, dicho volumen disminuyó un 10,8% respecto al año anterior, un duro golpe para Pekín, especialmente en lo que respecta a los chips avanzados. Ello ha forzado a China a buscar alternativas para fabricar semiconductores de nueva generación, como el empleado en el nuevo Mate 60 Pro. Paradójicamente, este desacoplamiento de Taiwán podría animar a China a arremeter contra Taiwán, ya que Pekín no dependería tanto de Taipéi para fabricar sus propios chips. En ese caso, la industria se encontraría en un aprieto, y las Siete Magníficas estarían muy expuestas.

Por ello, la industria de chips estadounidense está tratando de impulsar la producción doméstica. Realmente es un ejercicio de rebobinado, ya que TSMC creció al albur de los contratos de externalización de fabricación de chips firmados por compañías estadounidenses a finales de los años ochenta y los noventa. En aquella época, firmas como Intel diseñaban y manufacturaban estos dispositivos. Sin embargo, ese proceso se fue haciendo más costoso, por lo que TSMC, fundada por Morris Chang en 1987, se ofreció a encargarse única y exclusivamente de la confección de chips: la empresa taiwanesa recibiría los diseños de sus clientes y los produciría. El resultado, como se puede comprobar, fue muy positivo.

Ahora, el contexto internacional parece empujar a las principales potencias a revertir las consecuencias de la globalización, intentando disminuir su dependencia económica de otros países. Con ello pretenden ganar autonomía para poder implementar sus agendas. Resta saber cuáles serán las consecuencias finales de este proceso, el cual ha dado lugar, además, a una nueva carrera nuclear.

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