Tecnología

De tocar la gloria en los noventa a morder el polvo: Intel deja pasar el tren de la IA y se la juega a una sola carta

  • Atraviesa una profunda crisis y está encarando pérdidas millonarias
  • Su estrategia va a la contra de sus competidores como Nvidia y AMD
  • Pero cuenta con la lluvia de millones por parte de la Administración Biden
Placas de Intel en servidores.

De la noche a la mañana pasaron a ser líderes controlando el mercado con puño de hierro a pedir hueco en cualquier nicho del cementerio de las tecnológicas. Kodak, Yahoo, Blackberry, Xerox o Nokia mordieron el polvo a la misma velocidad que tocaron la gloria. Los procesadores de Intel estaban en cualquier ordenador durante la década de los noventa. Era como si todos los coches de la ciudad llevaran motor de Intel. La compañía fue el cerebro de la bestia de la revolución de los ordenadores, junto a IBM, Apple o Microsoft. Pero no supo adaptarse al cambio de siglo y ha ido perdiendo uno tras uno los trenes para mantenerse a la vanguardia de la innovación.

Los grandes fracasos corporativos vienen definidos por la falta de capacidad para adaptarse a los cambios. Intel no ha sabido ver los cambios en el mercado de chips, ni aprovechar las nuevas oportunidades que han pasado por delante de la compañía. Ahora mismo está en el furgón de cola de los fabricantes de semiconductores. Intel fue uno de los colosos de Silicon Valley, ahora está por detrás de Nvidia, AMD, TSMC o Samsung, que viven días de vino y rosas, después de años aciagos.

Cuando empezó a rodar la primera década de los 2000, Intel empezó su declive. No supo adaptar el dominio que mantenía en los PC para el boom que se venía con los teléfonos móviles y videojuegos. El sector cambia a la velocidad de la luz o, por lo menos, a la misma velocidad que necesita la última tecnología para procesar datos. Ahora mismo esa tecnología es la Inteligencia Artificial (IA). Nvidia ha superado por primera vez el billón de dólares de capitalización, gracias a las expectativas que se han abierto para su negocio.

"Ha perdido el tren, lo que está afectado el rendimiento y la valoración de las acciones y el potencial de crecimiento", explica Zeno Mercer, analista de investigación de ROBO Global. La evolución en bolsa es el puro reflejo de la decepción. El mercado no deja de estar sorprendido de que Intel no haya intentado posicionarse en la última tecnología disruptiva.

"El hecho de que no hayan hecho ningún movimiento en este espacio es realmente sorprendente", comenta Adam Sarhande 50 Park Investments. "Para cuando se suban al carro, puede que sea demasiado tarde y, si no lo hacen, podrían quedarse atrás. La IA está arrasando en el mundo, con aplicaciones que no hubiéramos esperado, y esto podría afectar todas las áreas del espacio de los chips".

Pero la historia reciente de Intel no deja mucho espacio para tal sorpresa que tienen los analistas. Atrás quedaron los años dorados, donde los nombres molones de los chips (Centrino, Core 2 Duo o Pentium) eran un acontecimiento mundial para la industria de procesadores y para el resto de los mortales.

Sus grandes competidores Nvidia y AMD enfocaron su producción a los videojuegos. La primera domina el mercado de los procesadores gráficos para los ordenadores y ya han orientado su producto a la IA. AMD sigue la estela de Nvidia, pero ha abierto el frente de procesadores para el big data.

Nada de esto pasó por la cabeza de Intel. Esta semana el consejero delegado, Pat Gelsinger, ha explicado a The Wall Street Journal: "No nos metimos en ese lodazal porque las cosas nos iban muy bien". La gran estrategia de Intel pasa por convertirse en una gran fábrica de chips. De hecho, dentro de la compañía al nuevo negocio como froundry, fundición.

Parte de los problemas de Intel se encontraba en su modelo de producción. Cuando Intel era prácticamente una leyenda, contaba con una fabricación integral de los procesadores. Montaba de inicio a fin sus chips y luego los vendía. Pero las cosas han cambiado radicalmente en la industria. Ahora mismo diseñas los semiconductores y encargas a un tercero la fabricación o directamente te encargas de ensamblar los procesadores.

Intel ha apostado por convertirse en una gran fabricante a la antigua usanza de la gran industria americana. "Tuvimos algunos problemas serios en términos de liderazgo, personas, metodología y necesitábamos pasar al ataque", explica Gelsinger. El plan consiste en un plan de cientos de miles de millones de dólares en nuevas fábricas que produzca para otras empresas junto con los propios chips de Intel. Dos nuevas fábricas en Arizona se van a llevar una inversión de 20.000 millones de dólares.

Pero la implementación del mismo está teniendo retrasos y los clientes no terminan de llegar. Ha trascendido que Tesla iba a encargar a Intel la producción de los procesadores claves para la conducción autónoma, pero de momento la compañía no estaba preparada para el encargo, como lo están compañías como TSCM y Samsung. De hecho, el año pasado el fabricante de vehículos eléctricos comenzó a trabajar con AMD para el ordenador de a bordo.

Qualcomm, especializado en los procesadores de los móviles, iba a ser otro de los clientes importantes. El acuerdo tampoco fraguó. El objetivo era formalizar una alianza para desplazar a la taiwanesa TSMC como el principal fabricante de chips para móviles. Pero Qualcomm llegó a la conclusión que las foundry de Intel no contaban todavía con la suficiente capacidad técnica.

La cuenta de resultados de Intel está sufriendo la gran apuesta. En el primer trimestre del año, Intel registró las mayores pérdidas de su historia. Los números rojos alcanzaron los 2.758 millones y la compañía adelantó que el segundo trimestre no será mucho mejor. Ha recortado dividendo, no se descartan despidos y hay un plan de ajuste de 10.000 millones que podría retrasar, todavía más, el gran plan de convertir a la empresa en el segundo mayor fabricante de chips del mundo.

A favor de Gelsinger y su equipo, está el contexto político y económico. La crisis del sector y la guerra comercial con China está muy reciente para que EEUU deje a la intemperie un sector estratégico. La Administración Biden ha comprometido 53.000 millones de dólares para garantizar la independencia del país en procesadores. Intel espera desatrancar su plan y alcanzar más de 20.000 millones de facturación, gracias a sus fundiciones. Para 2030 debería pisar los talones de TSMC o estar muerta.

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