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Los 'buscas' y 'beepers' agotan sus días tras lustros en vías de extinción

El clásico busca. Imagen: Thinkstock

Muchos los dan por muertos pero todavía siguen funcionando en España. Son los mensáfonos, también conocidos como buscas, buscapersonas, localizadores o beepers, esta última palabra onomatopéyica inspirada en el sonido de su timbre avisador o ringtone. Estos dispositivos dejarán de funcionar definitivamente el próximo 18 de septiembre, según ha podido saber elEconomista.

El caso es que estos gadgets estaban condenados a su desaparición desde que se popularizaron los teléfonos móviles. Se llevaban en el cinturón, se dejaba en la mesilla de noche y permitían tener localizado a su poseedor durante las 24 horas del día, allá donde estuviera, debido a la gran penetración de su sistema de radiobúsqueda.

Médicos, responsables de seguridad, altos directivos, operarios de mantenimiento, pilotos, personal de vuelo, etc. cualquier profesional que necesitara estar disponible y localizado a todas horas iba cargado con el beeper. El dispositivo también salvó ciento de vidas al permitir contactar con los receptores de órganos de donantes. En su época, el artilugio se consideraba poco menos que una esclavitud, ya que menoscababa la libertad personal de estar desconectado. Todo eso pasó a la historia poco después con la telefonía móvil.

Los veteranos del lugar seguramente recuerdan que la comunicación del mensáfono era unidireccional, con los inconvenientes que ello representaba, tales como que no había forma de discutir el mensaje o confirmar la recepción del mismo de forma automática. Primero sólo emitían números, a los que se les asociaban unos significados estandarizados. Después llegaron los caracteres alfanuméricos, que se dictaban a una centralita. Por lo general, el bip-bip solía estar acompañado de frases concisas, generalmente para acudir sin dilación a algún sitio ya concertado o para contactar con algún teléfono fijo.

El buscapersonas fue una invención de Multitone Electronics que vio la luz hace 56 años en el Hospital de St. Thomas de Londres. El objetivo consistía en avisar a los médicos del servicio de urgencia, para luego ampliar las funciones a otros ámbitos y profesiones.

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