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La sangre puede convertirse en una poderosa herramienta para combatir el envejecimiento según un experto

Resultado del laboratorio con tubos sanguíneos. Firma: iStock

Combatir el envejecimiento es uno de los grandes retos de la humanidad. Poder alargar nuestra vida con las mejores de condiciones es algo deseado. La ciencia trabaja para ello a través de investigaciones y también existen auténticos gurús que aseguran haber logrado una edad biológica mucho más inferior que la cronológica.

Sobre este tema, el profesor de Neurología y Ciencias Neurológicas en la Universidad de Stanford, Tony Wyss-Coray, ha comentado en un seminario que la sangre podría convertirse en una herramienta para combatir el envejecimiento.

El investigador suizo ha demostrado que el plasma de ratones jóvenes mejora la función cerebral y la memoria en otros más viejos, Y es que ha centrado su carrera en la sangre, a la que él describe como "el órgano que conecta todos los tejidos a través del sistema vascular, y tiene en principio la capacidad de recoger información molecular de cada célula".

Los ratones viejos mejoraron con la sangre de los más jóvenes

Para estudiar si los cambios que ocurren en las proteínas de la sangre a lo largo de la vida juegan un papel en el propio envejecimiento, Wyss-Coray transfundió plasma sanguíneo de ratones jóvenes a viejos y viceversa. Descubrió que el plasma joven promueve la actividad de las células madre neuronales, y una mejora de la función cerebral y de la memoria. En cambio, los ratones jóvenes con plasma de otros de mucha más edad experimentan un envejecimiento acelerado.

También se demostró a través del análisis de las proteínas en la sangre de unos 5.000 participantes, que se va envejeciendo a lo largo de toda la vida y no solo en el último tramo. Aunque hay diferencias entre órganos del cuerpo, incluso entre tejidos o zonas de un mismo órgano. Con un análisis de sangre se puede crear un atlas de envejecimiento del organismo.

Según el experto, analizando la sangre se puede investigar "la influencia en el envejecimiento o en el riesgo de enfermedad de intervenciones como la restricción calórica, y el papel de las condiciones medioambientales y hábitos de vida como el ejercicio".

De cara al futuro y su aplicación tengan impacto en la clínica, Wyss-Coray señaló que "va a haber una explosión de ensayos clínicos en los próximos años" explorando esta línea de investigación e incluyendo enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer.

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