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Pilar Martínez (unoconcinco): "Tenemos un sector envejecido y debemos fomentar otro modelo agrario"

Pilar Martínez, responsable del encuentro unoconcinco sobre alimentación sostenible.

El próximo jueves se celebra en Madrid la segunda edición de unoconcinco, el encuentro multidisciplinar enfocado en la sostenibilidad del sector alimentario español, impulsado por la Fundación Daniel y Nina Carasso. Dos años después de una primera cita celebrada en un momento en el que el país salía de la pandemia, la coordinadora de proyectos de Alimentación Sostenible de la fundación y responsable del encuentro, Pilar Martínez, analiza los retos actuales del sector.

¿Qué conclusiones sacasteis en la primera edición del evento?

La primera edición llegó en una situación bastante particular, con mayor sensibilidad y receptividad, en la que todo el mundo hizo una mirada hacia adentro. Nunca nos había pasado eso de ir a un supermercado y no encontrar alimentos. Nos llevó a replantear el modelo de sistema alimentario y productivo. Fue un momento de mucha receptividad para posicionar la alimentación sostenible y en el que muchos se animaron a emprender en este sentido. Ahora vemos un contexto completamente diferente con protestas de agricultores, guerras comerciales, cambio climático, etc.

¿Qué objetivo os marcáis en esta edición?

Los retos siguen siendo los mismos. Tenemos un sector agrario envejecido, una necesidad imperiosa de contribuir y fomentar otros modelos, otras prácticas, porque el cambio climático está ahí. Nuestro objetivo no cambia. Queremos mostrar que hay otras formas, rentables, sostenibles y que funcionan, que es necesario apoyar. Observamos lo que está pasando en materias como el relevo generacional, la conexión urbano-rural, el problema grave de despoblamiento en España, el papel del sector agrario como dinamizador, articulador o revitalizador del mundo rural; el equilibrio de cadenas y su remuneración justa... Es un espacio en el que queremos que todo el mundo pueda aportar su visión.

¿Es la Administración el principal escollo para conseguirlo?

Hay trabajo que hacer en todos los sectores de la cadena alimentaria. Está claro que al final las palancas clave para cualquier cambio son las políticas públicas y ahí debemos seguir trabajando. Desde Europa nos están llegando políticas, las estamos transponiendo y hay un largo camino que recorrer. La alimentación no es solo producción, también es salud o consumo, es algo que tiene que ver con todos los ministerios. Ahí está el reto, cómo hacer que las políticas también sean más intersectoriales, porque no dependen de un solo departamento y hay que llegar a nivel de consejería o incluso de ayuntamiento, porque hay políticas alimentarias que se definen a nivel municipal.

¿Dónde quedan consumidores y empresarios?

Aunque siempre se habla del consumidor, porque sus decisiones tienen implicaciones, no todo puede recaer en ellos, independientemente de que también intentamos sensibilizarles. A veces no somos conscientes al elegir qué impacto tiene la decisión. Y la tiene, por cómo se produce ese alimento, qué tipo de distribución o de transformación estamos promoviendo. Por último, el sector empresarial es clave en la cadena alimentaria. Cada vez hay más conciencia sobre la necesidad de fomentar la sostenibilidad. Una de nuestras estrategias es fomentar la idea de que podemos producir, generar alimentos desde la rentabilidad y, además, lograr un impacto positivo.

¿El sistema actual de consumo globalizado es sostenible?

Cuando hablamos de sistemas alimentarios, hablamos de localización. España es un país que a nivel de sistema alimentario y productivo goza de una gran variedad de productos y sistemas. Es incoherente tener aquí unos tomates y que llegan otros desde la otra punta del mundo. Muy sostenible no es. Tenemos que pararnos a pensar en cómo podemos ser más coherentes y fomentar otros modelos.

¿Está el público dispuesto realmente a cambiar su modelo de consumo?

El cambio está en la educación. Ir hacia adelante siempre está bien, pero dar marcha atrás, eso cuesta. Nos hemos acostumbrado a ir al supermercado y tener tomates en enero, cuando es una fruta de verano. Hay que cambiar la idea de lo que consideramos bienestar o saludable. Es un cambio a largo plazo. Hemos pasado de una dieta mediterránea, diversa y casera, a una comida mucho más procesada, pero nos damos cuenta que cuando hablamos de salud conseguimos conectar con las personas porque la alimentación es un determinante de tu salud. Buscamos promover sistemas con ejemplos que demuestran que otro tipo de modelos son posibles. Trabajamos con comedores escolares muy ligados a la producción local, donde se promueve la compra de alimento fresco de cercanía, con chefs con capacidad de crear menús diversos, ricos y sanos, con capacidad de cambiar poco a poco las costumbres de los chavales.

¿Cómo financian sus proyectos?

Aunque hemos empezado a hacer inversión de impacto, nuestras principales líneas de acción se siguen desarrollando a través de donaciones. Trabajamos a muy diferentes niveles, desde la investigación al cambio en políticas públicas o proyectos a lo largo de toda la cadena y que afectan al sistema productivo, a la transformación de los alimentos, a los formatos de distribución, pasando por el consumo.

El alto grado de inmediatez logrado gracias al desarrollo tecnológico, ¿es enemigo de la sostenibilidad?

El desarrollo tecnológico no es enemigo, pero hay que saber utilizarlo y no confiarlo todo a esa carta. De hecho, nosotros apoyamos proyectos con alto componente tecnológico; es parte del progreso. Por ejemplo, uno de ellos se centra en centrales de distribución, pequeños productores que se asocian para concentrar su oferta y poder llegar a una mayor demanda gracias a una transición digital. Cuentan con el software Plant on Demand que les permite vender a través de internet, tanto de forma individual como colectiva, como si fueran un food hub. Esto les ayuda a afrontar el reto logístico y organizativo y, además, es parte de una profesionalización y que tiene un efecto positivo en su rentabilidad e impacto ambiental. Las tecnologías ayudan en muchos casos, pero también nos enfocamos en innovación social. Es importante conservar o recuperar muchas cosas que han estado funcionando bien y que ahora se nos han olvidado.

¿Llegará algún momento en el que el consumidor final sea capaz de pagar el sobrecoste de la sostenibilidad?

El precio es muchas veces la principal limitación para acceder a cierto tipo de productos. Tampoco podemos sobrecargar al consumidor porque estaríamos limitando el acceso a estos productos sostenibles. Debemos ver en qué punto podemos actuar, qué modelos podemos promocionar para que el cambio sea viable. Se habla mucho de lo tecnológico y lo económico, pero si hay algo que mueve el mundo es el impacto social. Por eso, el tipo de proyectos que solemos financiar está muy basado en poner en valor quién hace qué, de dónde viene esto, cómo se ha producido, por honestidad, por trazabilidad, pero también por poner en valor el trabajo que hace cada persona y la realidad de la cadena. Con esa globalización hemos perdido un poco el control sobre el origen de las cosas.

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