Retail - Consumo

La crisis energética y su impacto sobre la distribución alimentaria

Las causas que han provocado la crisis de inflación que hemos vivido durante todo el año 2022 siguen proyectándose sobre estos primeros meses de 2023. Recordemos los elementos que han situado a Europa en una de las mayores espirales inflacionistas de las últimas décadas: el incremento del precio de la energía, de los carburantes y el encarecimiento de las materias primas importadas. Todo ello se ha producido en el contexto de la salida de una crisis sanitaria mundial que había creado importantes cuellos de botella en las cadenas de suministro y con el acelerador de una guerra en la frontera Este de la Unión Europea, que ha puesto en jaque la disponibilidad de grasas y cereales -tanto para consumo humano como animal- y de otras materias primas alimentarias, además de insumos necesarios para la producción de frutas y hortalizas como los fertilizantes y pesticidas.

Desgraciadamente, y a pesar de los esfuerzos de los países europeos con la toma de medidas como el tope al precio del gas y ayudas a la compra de carburantes en sectores críticos, no podemos decir que estos problemas, que escapan del control de las empresas, estén superados. En España, la esperada medida de la rebaja temporal del IVA en alimentación ha sido una muy buena noticia para los productores, para la distribución y para los consumidores; si bien es verdad que se echan en falta algunas categorías.

Se trata de un balón de oxígeno muy esperado, pero que no debería desviar la atención sobre el grave problema de costes que sigue pesando sobre las empresas de la distribución alimentaria. El principal es, sin duda, el energético. Algunas compañías han multiplicado sus costes de energía por cuatro, algunas más por tres... y esta circunstancia va a condicionar las cuentas de resultados que presenten sobre este ejercicio. Los márgenes empresariales en el sector de la distribución alimentaria se ajustaron muchísimo en la primera fase de esta crisis, durante los últimos meses de 2021 y primeros de 2022, como muestra que el IPC de alimentación tardó mucho más en subir que el general. Cuando ambas curvas se cruzaron, en el mes de mayo, fue porque los márgenes no daban más de sí y se estaba poniendo en serio riesgo la sostenibilidad del sector.

La rebaja temporal del IVA en alimentación ha sido una muy buena noticia, pero no debería desviar la atención sobre el grave problema de costes

Aun así, la gran competitividad que presenta el sector en España -con una densidad comercial de un establecimiento de distribución de gran consumo por cada 1.887 habitantes, el consumidor tiene muy cerca de sus casas varias opciones donde hacer sus compras de alimentación- actúa como una palanca clave de contención de precios. A pesar de ello, es imposible responder a la pregunta de cómo van a evolucionar los precios en los próximos meses.

No es posible responder a dicha preocupación, que todos compartimos, porque las causas objetivas del encarecimiento de los costes soportados por las empresas durante el año 2022 siguen presentes. Por lo tanto, una vez más, cabe repetir que actuar sobre los costes es fundamental. Permitir a las empresas de alimentación un acceso a la energía y a los carburantes a precios competitivos, un acceso fácil y seguro a las materias primas y aplicar medidas de contención fiscal son necesidades que identificamos hace meses y que siguen siendo validas. La medida de la rebaja del IVA ha sido bienvenida y esperamos que sea eficaz. Pero preocupa su coincidencia en el tiempo con un nuevo impuesto a los envases de plástico de un solo uso, que va a afectar a la totalidad de la cadena de agroalimentaria y, de hecho, a muchos de esos mismos productos en los que se ha modificado el tipo del IVA.

A pesar de estas circunstancias complejas, las empresas de la distribución alimentaria -las mismas que respondieron con eficiencia y responsabilidad a los retos de la pandemia Covid- seguirán aplicando estos mismos criterios para que los consumidores perciban estos efectos negativos lo menos posible. En estos momentos, es importante evitar cualquier falta de confianza por parte del consumidor que frene el consumo de alimentación, un sector fundamental para la economía española.

Lo cierto es que hoy no estamos viviendo una crisis de consumo. Éste se mantiene estable y los parámetros de crecimiento de la demanda –productos saludables, productos adaptados a grupos específicos de consumidores, productos listos para cocinar y consumir…- siguen estando presentes en la cesta de la compra de los ciudadanos. En paralelo, observamos algunos signos preocupantes que recuerdan la crisis económica de 2008 y, en este sentido, la oferta se sigue ajustando constantemente y con flexibilidad a las necesidades de los consumidores.

Permitir a las empresas de alimentación un acceso a la energía y a los carburantes a precios competitivos, un acceso fácil y seguro a las materias primas y aplicar medidas de contención fiscal son necesidades que identificamos hace meses y que siguen siendo validas

Como muestra de la eficiencia que ha demostrado la distribución alimentaria en España, a pesar de las circunstancias, el sector ha mantenido su dinamismo económico en indicadores tan importantes para su sostenibilidad como la inversión y el empleo, con cifras de apertura (825 establecimientos) y reformas de tiendas (casi 1.300) parecidas a los ejercicios prepandemia. La cifra referente a las renovaciones es importante por las implicaciones medioambientales que tiene, ya que reformas de este tipo implican la adaptación a los más modernos sistemas de eficiencia y ahorro energético.

Esta posibilidad de seguir invirtiendo será la clave en el futuro de la capacidad del sector de competir, de ser rentable y de seguir creando empleo. Y, en las circunstancias adversas que estamos viviendo, las empresas de la distribución alimentaria están haciendo lo posible para intentar reducir todo tipo de costes y adaptarse a las nuevas circunstancias del mercado. Por ello, a pesar de la preocupación por los costes y por los precios, las perspectivas de crecimiento deben ser sólidas en términos de creación de empleo y riqueza en nuestro sector. Confiamos en que sea así a lo largo de 2023.

comentariosicon-menu0WhatsAppWhatsAppFacebookFacebookTwitterTwitterLinkedinlinkedin
arrow-comments
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.