Política

El ocaso de los posibilistas: los pactos políticos se complican cuando más se necesitan

José Manuel García-Margallo, Íñigo Errejón y Marta Pascal. Fotos: EFE / Fernando Villar

En cuatro años la política nacional ha cambiado de forma radical, y no sólo porque ahora haya más partidos fuertes. Desde aquellas elecciones europeas de 2014 también la cultura interna de las formaciones políticas es diferente. Para empezar, ya nada puede hacerse en solitario. Y paradójicamente, las formaciones han empezado a perseguir a aquellos que intentan tender puentes con otros partidos.

El último caso ha sido el de Marta Pascal, la joven senadora de 35 años que contribuyó de forma activa al éxito de la moción de censura presentada por Pedro Sánchez y que a la postre acabó tumbando a Mariano Rajoy. Este fin de semana daba un paso atrás en las filas del PDeCAT -la antigua Convergència- porque afirmaba no contar con la confianza de Carles Puigdemont. El motivo: el expresident de la Generalitat no veía con buenos ojos la forma en que Pascal había maniobrado, ya que a fin de cuentas habían acabado entregando el Gobierno a un partido que apoyó la aplicación del artículo 155.

En realidad los motivos son menos prosaicos. Aunque es verdad que Puigdemont estaba más o menos al corriente de todo -gracias en este caso a que Pablo Iglesias le llamó para que permitiera la negociación de su grupo-, no fue él quien capitalizó la jugada. Eso y que siempre es más fácil apelar a la épica del exilio y la persecución del Estado si enfrente hay un presidente conservador.

Pascal, a fin de cuentas, hizo lo que políticamente más le convenía a su formación: Esquerra había dejado claro que apoyaría la moción y eso dejaría a los convergentes a los pies de los caballos en Cataluña por dejar a Rajoy, su enemigo natural, en la Moncloa. También es verdad que fue el PDeCAT el que inclinó la balanza para que el PNV, su formación 'hermana', decantara la votación. El resultado, sin embargo, es el mismo: Pascal ha sido sustituida por un ortodoxo que no moverá un dedo sin que lo indique Puigdemont.

Los otros precedentes: Errejón, Lozano, Margallo... o Sánchez

Lo sucedido con Pascal no es algo extraordinario. En realidad, los líderes de los partidos desconfían de líderes emergentes que cuestionan la ortodoxia. Al fin y al cabo, ellos son los depositarios del rumbo de los partidos, y estos son a su vez organismos por lo general cerrados y verticales.

Podría decirse, de hecho, que hay ejemplos en casi todos los partidos. El 'posibilista' por excelencia dentro de la nueva política ha sido Íñigo Errejón, de Podemos, que maniobró para que su formación facilitara la investidura de Sánchez tras las elecciones

de 2015 a través de un pacto. De hecho, gracias a sus gestiones se consumaron alianzas tan beneficiosas como la de Compromís. Sin embargo, y tras varias intrigas palaciegas, Iglesias acabó apartándole del 'núcleo irradiador' del partido.

En UPyD también vivieron situaciones así. El eurodiputado Francisco Sosa Wagner fue el primero en atreverse a abrir la lata y abogar por un acercamiento al entonces emergente Ciudadanos. Le sometieron a escarnio público en una reunión de la dirección y acabó abandonando la formación. Algo similar sucedió con Irene Lozano, que encabezó una candidatura alternativa a la oficialista para dirigir el partido partiendo de una premisa similar. Acabó siendo derrotada -por poco- y acercándose al PSOE, mientras su antiguo partido se diluía con una avalancha de fugas hacia la formación de Albert Rivera.

En el PP son menos comunes situaciones así, porque suelen actuar de forma más monolítica que otras formaciones. Sin embargo, sonado fue el caso del exministro de Exteriores José Manuel García Margallo, que abogó por el diálogo como forma de resolver el conflicto de Cataluña. Llegó de hecho a debatir con Oriol Junqueras en televisión como gesto político. Salió tarifando, fundamentalmente por el enfrentamiento que mantuvo con la vicepresidenta Sáenz de Santamaría.

Sin embargo no siempre pierden los posibilistas. De hecho, el propio Pedro Sánchez o Alberto Garzón son ejemplos vivos (políticamente) de ello. El primero logró doblegar al aparato socialista, que le impedía pactar con Podemos o los nacionalistas para alcanzar la Moncloa -seguramente pensando en que Susana Díaz pudiera acabar sustituyéndole-. Por su parte Garzón pudo firmar una alianza con Podemos a pesar de la resistencia numantina de sus mayores, como Cayo Lara o Gaspar Llamazares.

A día de hoy uno es presidente del Gobierno y el otro conserva un escaño en el Congreso. Pactar sirve para algo, a fin de cuentas.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Google+Google plus
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum1
Publicidad
Otras noticias
Contenido patrocinado

Sosomupse Akatok
A Favor
En Contra

Bofloncious strapontin, amguiu bismurchinson.

The Economist PePerin, flypyryndrym, floporondrom.

Puntuación 0
#1