Opinión

¿Y si todo es mentira?

Los "Pioneros de la transportación cuántica" ganaron el Nobel de Física en 2022 y entre ellos estaba John Francis Clauser, quien ya había sido galardonado con el Wolf Prize en 2010. Pues bien, la semana pasada Clauser ha vuelto a cuestionar la narrativa predominante sobre la crisis climática, llevando la contraria a científicos e instituciones como la ONU -que lleva años haciendo llamamientos urgentes al respecto-: "¡Buenas noticias! No hay crisis climática... Por mucho que pueda molestar a mucha gente, mi mensaje es que el planeta no está en peligro" ha sido el mensaje de Clauser

Las voces ecologistas europeas no han tardado en atacar a este científico y no es la primera vez que le persiguen. En 2022 ya consiguieron impedir que pronunciara una charla. El director de la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo Monetario Internacional, Pablo Moreno, había leído el folleto de la charla de John por Zoom y canceló de inmediato la charla, que técnicamente fue "pospuesta".

No voy a entrar en esta discusión, pues carezco de los conocimientos científicos para ello, pero sí daré mi opinión sobre la deriva política que los creyentes en el cambio climático, es decir, "los forofos del ecologismo" están provocando en las políticas verdes en Europa y pondré mi atención en los automóviles y en la apuesta europea (que espero que cambie) a favor de los coches eléctricos. Unos datos:

A finales de 2023, de un parque de 26.020.504 turismos, solo el 1,3%, eran eléctricos. A lo largo de 2023 se matricularon 949.359 turismos, de los sólo un 12% eran eléctricos.

¿Por qué este rechazo, que comparto? En primer lugar, por la falta de puntos de carga. A finales de abril teníamos funcionando en España 32.422 puntos de carga. Para llegar a la proporción de Portugal deberíamos tener casi 85.000. Pero, además, hay construidos otros 8.600 puntos de recarga sin suministro eléctrico. Se necesitaría multiplicar por veinte las inversiones en puntos de carga. Por otro lado, los eléctricos son un 50% más caros que los coches de combustión interna pero los impuestos son ¡cómo no! mayores para los coches de combustión.

Y si yo quiero ir desde Madrid (donde vivo) a Santander (donde nací) tendré que recargar por el camino. ¿Y cuánto tiempo tendré que parar para recargar? Probablemente horas. Y como me agrada ir a Santander a ver a mi familia y a mis amigos, prefiero ir en mi viejo coche, que está bien cuidado (y no uso en Madrid) y que usaré mientras me dejen.

Y ahora viene lo mejor. Resulta que China ya está produciendo coches eléctricos mucho más baratos y la UE ya ha pasado a la acción: Desde el viernes pasado los vehículos eléctricos fabricados en China pagan hasta un 47,6% de aranceles al llegar a los puertos europeos.

O sea, que la UE, tan liberal ella, está dispuesta a poner impuestos a los automóviles chinos simplemente porque son más baratos. Ya puestos, ¿por qué no se da marcha atrás y nos dejamos de eléctricos y seguimos como estábamos? ¿Por qué no nos saltamos ya las ideas verdes?

Además, bien pudiera ser que John Clauser tenga razón y los verdes europeos sean unos ideólogos sin ningún futuro.

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