Opinión

En la inteligencia artificial no es oro todo lo que reluce, ¿o sí?

Apple presentó esta semana sus novedades sobre IA. Reuters/Carlos Barria
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Sin temor a equivocarse demasiado, podemos afirmar que la pregunta del titular ocupa un puesto central en el debate sobre el presente y el futuro de la IA. Un debate centrado en las cada vez mayores prestaciones ofrecidas por las distintas herramientas de las grandes tecnológicas del sector y si éstas son buenas, malas, o mejor dicho si son la salvación para la humanidad o nos llevan a la extinción irreversible.

En todo este vasto universo de la IA también ocurre que el propio concepto ha ganado transversalidad y genera cada vez más dudas, sobre todo para los que no pueden procesar su evolución meteórica. Es decir, para el 95% de los seres humanos.

¿Todo es IA? Pues no, no todo. Pero para centrar el debate y poner los pies en el suelo conviene focalizar la atención en la llamada Inteligencia Artificial Generativa y la lucha fratricida que parece existir entre Google, OpenAI, Microsoft, Amazon y todos los restantes integrantes de esta tribu de gigantes digitales.

La inteligencia artificial generativa avanza rápidamente y los últimos movimientos y novedades presentadas por estas empresas nos auguran transformaciones de nuestra sociedad de maneras inimaginables hace apenas unos años.

Pero también esconden algunos riesgos aparte de los ya conocidos relacionados con predicciones de la ciencia ficción en formato película o libro.

¿Riesgos? ¿Qué riesgos?

Por un lado, la competencia está provocando muchas y sorprendentes novedades que se presentan día sí, día también. A ver quién da más. Y algunos se preguntan si no se está pisando demasiado el acelerador con tal de superar a la competencia.

Pisar el acelerador significa ganar velocidad, pero existe el riesgo de perder el control. Seguro que alguna empresa piensa que es mejor lanzar un producto al mercado antes de estar seguro al 100% de su seguridad y buen funcionamiento.

Es cierto que las propias empresas son las primeras interesadas en que su IA no aniquile a la humanidad, pero no estaría de más recordar que es muy difícil poner barreras en un entorno digital. Desde la Deep web a la filtración de documentos sensibles, pasando por los distintos tipos de trampas y engaños que sufrimos casi cada día por correo electrónico, SMS o Whatsapp.

Por otro lado, y continuando con el símil de las barreras, la creación de entornos digitales cerrados en las empresas, donde tengan su propia IA creada con esmero y pulcritud y alimentada con los datos corporativos, no es ninguna garantía que algún delincuente con sudadera con capucha pueda colarse y hacer de las suyas.

¿Hay solución? Puede que sí

La solución pasaría, probablemente, por las manos de las instituciones, empezando por el nivel más alto que debería legislar de forma ágil y contundente y definir unas reglas del juego para un partido que ha empezado hace rato y ya están repartiendo leña.

Vaya, que hay casi las mismas posibilidades de frenar el cambio climático a tiempo. Se frenará, sí, pero cuando posiblemente la Tierra haya sufrido daños.

Sucede que en el caso de la IA los daños aún no están calculados. O si lo están, no quieren que los conozcamos.

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