Opinión

El regreso de los yihadistas del Dáesh

  • La llamada del EI a crear un Califato atrajo a yihadistas globales, familias, mujeres e hijos
Detención de una mujer en Melilla vinculada al yihadismo. Reuters
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El Dáesh o Estado Islámico (EI) fue derrotado en Siria y en Irak a finales de marzo de 2019, cuando perdió Al-Baghouz, último bastión sirio de este grupo terrorista yihadista, lo que puso fin a la fantasía de terror que se inició con la proclamación de su llamado Califato en junio de 2014.

Más de 40.000 terroristas extranjeros o yihadistas globales viajaron a esos territorios del Oriente Próximo durante aquel lustro, desde 80 países distintos, para incorporarse a sus filas.

Esta cifra fue más del doble del número de árabes musulmanes que viajaron a Afganistán para unirse a Al-Qaeda en su lucha contra el Ejército de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) a lo largo de los años 80 del siglo pasado.

La llamada del EI a crear un Califato atrajo no sólo a decenas de miles de esos yihadistas globales, sino que arrastró, también, a sus familias, mujeres e hijos, y a muchas otras jóvenes que buscaban unirse a aquellos que las habían seducido para ese proyecto vital de yihadismo familiar a través de las redes sociales.

Asimismo, centenares de miles de iraquíes y de sirios tuvieron que desplazarse desde sus hogares, una vez que el EI comenzó a extenderse en la región -ocupó un tercio del territorio de Irak, a comienzos de 2014-, a otras áreas de sus países respectivos y otros tantos quedaron en zonas bajo el control del EI, bien porque lo apoyaban o bien porque no tenían a dónde ir.

Aquel empeño demencial sigue reverberando en las sociedades que lo sufrieron o que fueron fuente de combatientes para el EI, ya que ni unas, ni otras saben qué hacer con los supervivientes de esta organización.

Al ser derrotado el EI, los habitantes originarios de las comarcas ocupadas por el EI regresaron a casa, mientras que los que le apoyaron fueron traslados a campamentos de detención.

En la actualidad, esos terroristas yihadistas, sus mujeres y miles de menores de 17 años, muchos huérfanos, bien de padre, bien de madre o bien de ambos, están recluidos en los campamentos de Siria y de Irak creados a tal efecto.

Al-Hol y Roj son los principales asentamientos de este tipo en el noreste de Siria.

Al-Hol es el más grande y alberga a 50.000 individuos -de los cuales 20.000 son iraquíes y 6.500 son yihadistas globales de terceros países-, con 7.555 familias identificadas, y a 10.000 prisioneros, que se encuentran a escasos 30 kilómetros de la frontera de Irak.

1.925 de estas familias han sido repatriadas y transferidas hasta un campamento de rehabilitación para terroristas en Mosul, Irak.

El campamento de Roj es más pequeño que el de al-Hol, ya que acoge solamente a 2.700 individuos, aunque la mayoría de ellos son terroristas yihadistas provenientes de terceros países.

El 90% de los ocupantes de al-Hol y de Roj son mujeres y niños -la mayoría de éstos, entre 5 y 17 años- y dentro de aquellos acantonamientos nacen 70 nuevos bebes al día.

Estos asentamientos están incubando la generación de la venganza, que se está convirtiendo en una bomba de relojería para el Oriente Próximo y para todos los países desde los que salieron sus progenitores para unirse al yihadismo global.

Muchos occidentales, beneficiarios directos de las aportaciones internacionales que se hacen a la labor realizada en esos campamentos, defienden que la rehabilitación de los yihadistas globales es posible.

No obstante, la violencia en el norte de Siria está creciendo desde el final de 2023 y estos miles de yihadistas globales, iraquíes, sirios o de países terceros, se están convirtiendo en un problema creciente de seguridad para Siria y para Irak.

El gobierno de Irak está presionando para que estos terroristas importados sean devueltos a sus países de origen en Occidente, bien para ser juzgados en sus Estados o bien porque quiere quitárselos de encima al repatriarlos, es decir, para sacarse de encima este problema presente y los que se puedan generar en el futuro.

Las políticas adoptadas por las naciones involucradas en este problema han variado.

La Unión Europea intentó crear un tribunal internacional que procesara a sus yihadistas globales una vez que fueran retornados y fracasó en el intento.

Otros países han privado de sus nacionalidades a estos terroristas y algunos sistemas judiciales de otras naciones han dictado sentencias contra estos yihadistas sin reincorporarlos, es decir, in absentia, con lo que, para ellos, el problema está resuelto.

36 países han aceptado readmitir mujeres y niños de sus nacionalidades respectivas.

Alemania, por ejemplo, está utilizando, caso a caso, las justicias nacional e internacional para juzgar a estos individuos de nacionalidad alemana por delitos que van desde los crímenes contra la humanidad hasta el genocidio, pasando por la privación de libertad.

Francia ha retornado a todas las mujeres francesas, 60, junto a sus hijos, y las ha arrestado, juzgado, sentenciado y enviado a prisión, alejadas de sus hijos.

Algunos países de Asia Central están haciendo regresar a mujeres y a sus hijos juntos, 700, por ahora, y ha condenado a 7 hombres y a 13 mujeres de entre sus nacionales yihadistas globales.

La ilusión de la reintegración normal en la sociedad de todos estos terroristas internacionales, sus mujeres y sus hijos es el fruto combinado de la indulgencia, del sentimiento de superioridad y del racismo tan extendidos en el mundo de hoy en día.

Entre tanto, Estados Unidos (EE. UU.) está entrenando intensamente a yihadistas terroristas del EI dentro de las zonas de Siria que todavía controla para ser utilizados en sus guerras híbridas o a través de apoderados en Oriente Próximo o en Europa.

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